¿Dónde está Pamela? Hace tres años y nueve meses desapareció en la CDMX; su familia exige justicia

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El sábado 4 de noviembre del 2017 fue la última vez que María del Carmen Volante vio a su hija Pamela antes de que desapareciera en la colonia Lindavista de la Ciudad de México. 

La joven, de entonces 23 años, le dijo a su mamá que iría al Festival Soul Tech, un evento de música electrónica cerca del Ajusco, acompañada de su novio Jesús Zamora. Pamela le dijo “no te preocupes”. Iba a regresar ese domingo por la tarde. Han pasado tres años y nueve meses sin que María del Carmen, sus dos hijos y su esposo, volvieran a ver a Pamela.

Desde entonces, María asegura haberse convertido en “una mamá incómoda” para las autoridades de la Ciudad de México y para Jesús Zamora, su yerno y la última persona que vio a su hija Pamela con vida

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Pamela desapareció en noviembre de 2017 después de asistir con su novio a un festival de música electrónica. Foto: Cortesía

Domingo eterno

A las siete de la mañana del domingo 5 de noviembre y después de la primera noche sin ver a su hija, María del Carmen se fue a la iglesia donde trabajaba como cocinera. Era el año 2017. Sirvió desayunos a los sacerdotes “todavía tranquila”, recuerda, porque Pamela le había dicho que regresaría hasta la tarde y apenas amanecía. 

A las cuatro de la tarde, cuando terminó su jornada laboral, revisó el celular y no había noticias de Pamela. Entonces le envió un mensaje de texto que decía: “Hola hija, no te has comunicado conmigo”. La madre vio dos palomitas azules que le notificaron que su mensaje “había sido visto” pero siempre tendrá la duda si lo vio Pamela o alguien más.  

Para las seis de la tarde, María del Carmen lloraba de angustia. Llegaron sus hijos de estudiar, su esposo de trabajar y todos se hicieron la misma pregunta ¿dónde está Pamela? ¿Dónde está Pamela?… hasta hoy no hay respuesta.

Para las siete de la noche, el número de Pamela seguía encendido y entraron en promedio nueve llamadas o más de sus seres queridos: su papá, su mamá, sus hermanos, una sobrina, una tía, una pareja de amigos que fueron con ellos a la misma fiesta electrónica y estaban preocupados por su ausencia.

“Contéstame, hija”, le volvió a escribir María del Carmen y de nuevo lo mismo. Dos palomitas azules de recibido y visto. 

Parientes de Pamela no han dejado de buscarla desde 2017. Foto: Cortesía

A las ocho de la noche parecía que todo se había solucionado. María del Carmen recibió un mensaje en su celular del número de Pamela. “Ya vamos para allá, no te preocupes, estoy bien”. Pero no fue así. 

Para las diez de la noche, Pamela ya tenía un tercer mensaje de su mamá. ¿Por qué no has llegado? El celular de Pamela la mandó al buzón de voz. 

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 “Y a partir de ahí comenzó nuestro calvario”, recuerda María del Carmen mientras se rasca la oreja y acompaña el café de la mañana con un cigarrillo y platica con Cuestione.

El kilómetro 13.5 del Ajusco

De las 1,733 personas desaparecidas en la Ciudad de México entre 2006 y julio de 2021, 667 son mujeres como Pamela. De ellas 232 son niñas y adolescentes que no volvieron a casa. Así lo documenta hoy la Comisión de Búsqueda de Personas de la Ciudad de México, una institución que no existía cuando Pamela desapareció. 

Fue hasta el lunes 6 de noviembre de 2017 a las diez de la mañana cuando Jesús Zamora llegó a casa de los papás de Pamela pero sin ella, explica María del Carmen. El muchacho les dijo a los papás “que a las cinco de la mañana del domingo había discutido con Pamela y ella se había ido hacia la estación de autobuses y no la había vuelto a ver”.

“Deja de llorar y vamos a buscarla, mamá”, le dijo su hijo mayor a María del Carmen para que reaccionara. La madre comenzó a publicar la foto de Pamela en redes sociales y su hijo se fue hasta el kilómetro 11 del Ajusco, a dos kilómetros del lugar donde se vio por última vez a su hermana menor.

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El hermano de Pamela se desvió del kilómetro 13.5 “porque al pegar el letrero para buscar a su hermana en un puesto de quesadillas, un muchacho le dijo que acababan de encontrar una chica muerta y quemada”, cuenta María del Carmen.

Madre e hijo corren al Servicio Médico Forense de la alcaldía de Tlalpan para cotejar la versión de los pobladores del Ajusco. Sí había una mujer asesinada y quemada, pero no era Pamela.

Desde que María del Carmen y sus hijos buscan a Pamela han encontrado huesos de otras personas en fosas clandestinas en las inmediaciones del kilómetro 13 del Ajusco, al sur de la Ciudad de México. Madres y padres de familia como ella han hecho de la búsqueda de sus familiares su razón de vivir.   

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Desde su teléfono celular, María del Carmen nos comparte dos fotografías. En la primera imagen hay seis huesos con restos de tierra y pasto. En la segunda hay un cráneo en una zona boscosa. 

“Son búsquedas que se han hecho en el Ajusco y se ha encontrado esto. Restos positivos que ya tienen las autoridades sin identificar”, explica.

Un cráneo hallado en una fosa clandestina en el kilómetro 13 de la carretera al Ajusco. Foto: Cortesía
Huesos encontrados en el Ajusco, zona donde varias personas buscan a sus familiares desaparecidos. Foto: Cortesía

¡Hasta encontrarla!

En noviembre de 2017 Claudia Sheinbaum todavía no era la jefa de Gobierno de la Ciudad de México. La funcionaria capitalina había pedido licencia como jefa delegacional de Tlalpan, lugar donde quedó radicado el expediente de desaparición de Pamela en el extinto Centro de Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA).

Entonces María del Carmen se convirtió “como ese cuchillo que está muele y muele a las autoridades”, cuenta. A todos los eventos de campaña de Sheinbaum, María del Carmen llegaba con una pancarta de su hija desaparecida. Cuando logró mirar a los ojos a la que sería la nueva jefa de Gobierno de la ciudad, la madre le pidió resolver el caso de su hija sin que hasta el momento haya respuestas.  

En este peregrinar, las autoridades capitalinas han pasado el expediente de Pamela de una instancia a otra. De CAPEA a la unidad de antisecuestro y de ahí al área de desaparecidos.

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María del Carmen fue amenazada en el Metrobús de la ciudad. Una mujer se sentó a su lado y le dijo al oído: “bájale de huevos” en el área exclusiva para mujeres del transporte público. Después la mujer se metió al fondo del vehículo donde dos hombres amedrentaron a María del Carmen describiendo en voz alta la vestimenta que llevaba. 

La amenaza no la detuvo. María del Carmen parece haber hecho todo lo humanamente posible por resolver el caso de su hija. Dio aviso a las empresas telefónicas para rastrear la última ubicación de Pamela. Peregrinó en varios ministerios públicos, comparó las declaraciones del novio de Pamela y ella misma subrayó sus inconsistencias. Buscó apoyo de organizaciones civiles y medios de comunicación. 

La hipótesis de María del Carmen es que Pamela pudo haber sido víctima de trata de personas y su novio está involucrado. Y es que el delito de trata no es nuevo en la Ciudad de México. Por el contrario, aumentó en un 73% en el 2020 junto con los feminicidios que crecieron en un 74%. 

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Si a la trata de personas se le suma el número de mujeres víctimas de homicidios y lesiones dolosas, la capital del país registra más de 1,200 casos tan solo en los primeros 10 meses del 2020. 

A tres años y medio de distancia, María del Carmen supo que Jesús Zamora fue detenido y liberado poco después por las autoridades de la Ciudad de México. Lo detuvieron por narcomenudeo y por portar un arma, pero no por la desaparición de su hija. Se enteró también por una fuente -que prefiere no revelar- que el muchacho forma parte de la delincuencia organizada en el barrio de Tepito

¿Y dónde está Jesús Zamora hoy?, le pregunta Cuestione a María del Carmen.

“Pregúntale a las autoridades”, responde la madre. Hasta el 2017, Pamela dormía con su mamá en la misma cama. En esa recámara, María del Carmen ha soñado con su hija varias veces y en todas la visualiza “triste, muy triste” porque no puede contarle a su mamá lo que le pasó.

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Parada en la recámara de Pamela que también es la suya, María del Carmen muestra la fotografía de su hija y un peluche que le pertenecía. Cuando se le pregunta hasta a dónde va a llegar, la madre no repara en contestar: “hasta encontrarla porque no me han robado un carro sino parte de mi vida”.

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