Día Naranja llegó con aumento de víctimas de feminicidios y trata de personas en CDMX

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Han pasado 21 años desde que la ONU decretó el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y, desde entonces, las agresiones contra nosotras se siguen incrementando.

El pasado 25 de noviembre de 2020, más de 600 mujeres marcharon del Monumento a la Revolución a la Plaza de la Constitución por una causa en común: la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Las manifestantes marcharon al ritmo de sus consignas: “¡Adelante, adelante, que la lucha es constante!”, “¡Ahora, ahora, se hace indispensable, presentación con vida y castigo a los culpables!”, gritaban en coro.

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A la marcha se unieron mujeres de todas las edades, incluyendo niñas, quienes repetían lo que las dirigentes de su contingente les decían: “¡Las mujeres, luchando y al mundo transformando. Las mujeres, luchando y al mundo transformando!”.

La mayoría de las mujeres pertenecía a algún contingente feminista como Rosas Rojas, Las Constituyentes de la CDMX, Colectivo Feminista de Asamblea de Barrios, mujeres integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas o pertenecientes al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), entre otros.

Uno de los motivos para salir a las calles en el Día Naranja, impreso en una gran lona color violeta, fue: 

“En repudio a la represión del gobierno. Contra la precarización y la violencia laboral que sufren las mujeres. Por la autonomía y la libertad de nuestro cuerpos y nuestra vida”. 

Durante el trayecto de la manifestación hubo algunas mujeres que realizaron pintas en pisos y paredes con leyendas como “Te buscamos Pamela” o “ACAB” (All cops are bastards, es decir todos los policías son bastardos).

En ocasiones, se escuchaba fuerte cuando algunas jóvenes golpeaban las barreras de metal que protegían ciertos negocios. Pero, muchas veces más, resonaba “¡ni una más, ni una más, ni una asesinada más!”.

A pesar de que se esperaba presencia policial durante el trayecto del contingente, no fue sino hasta la plancha del Zócalo donde hubo enfrentamientos entre algunas manifestantes y mujeres policías, quienes momentáneamente encapsularon a algunas de las primeras.

¿En qué contexto llegó el 25N a la CDMX?

Entre enero y octubre de 2020, en la capital, crecieron tanto la tasa de mujeres víctimas de trata de personas (73%) como la tasa de feminicidios (74%), esto comparado con el mismo periodo de 2018; es decir, un año antes de que empezara y durante el segundo año de gobierno de Claudia Sheinbaum.

Si a este tipo de delitos le sumamos las mujeres víctimas de homicidios dolosos y lesiones dolosas, estamos hablando de más de 1,200 mujeres que sufrieron algún tipo de agresión letal o que fueron explotadas en los primeros 10 meses de 2020.

Y se tiene que entender que, más que cifras, son personas, mujeres que han sido violentadas y muchas, de manera atroz. Una violencia que se ha incrementado y ha acabado con la paciencia de quienes la sufren y de quienes luchan contra de ella.

Suma de causas personales

Elizabeth América Flores Álvarez privada de la libertad injustamente, que se esclarezcan los hechos”, era uno de los cientos de mensajes que se leían entre las manifestantes.

Raquel marchó por todas las mujeres, sí, pero también alzó la voz por su sobrina Elizabeth y por su hermana, Estela, quienes “fueron denunciadas injustamente por trata de personas con mendicidad forzada (pedir limosna). Una de ellas está en prisión”, declaró Raquel a Cuestione.

Elizabeth América Flores Álvarez, sobrina de Raquel, fue privada de la libertad desde el 10 de septiembre de este año. El niño de 12 años que denunció a Elizabeth, por supuestamente forzarlo a pedir limosna, es su medio hermano.

“El niño estuvo desaparecido tres días, hasta que se supone que familiares de José Luis, padre del niño, lo encontraron y lo presentaron a las autoridades”, nos dijo Raquel, quien señaló que en realidad “el papá del niño es quien lo aconsejó para que denunciara a su (media) hermana (Elizabeth) y a su madre (Estela)”.

Raquel dijo que el niño “no mencionó nada de eso en su declaración (que no acusó a su madre y hermana de trata) y que sólo dijo a las autoridades, quiénes se lo querían llevar, que es gente organizada que se dedica a la venta de droga en Azcapotzalco”.

Entre otras irregularidades que señaló Raquel sobre el caso de Elizabeth está la “falta de estudios psicológicos para integrarlos en el protocolo (de investigación) para ver si realmente el niño sufrió ser víctima (de trata); pero en la agencia ministerial no están realizando los estudios, argumentando que derivado de la pandemia no hay quien le dé atención al menor”.

El reclamo de Raquel es tan solo uno entre tantos que realizaron las capitalinas, y por los que cientos de mujeres y colectivos feministas salieron a las calles de la CDMX a exigir algún tipo de justicia a las autoridades gubernamentales. Algunas, con nuevos reclamos, como Raquel; otras con exigencias de años.

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Las historias se acumulan

“Hace 31 años te arrancaron de nuestras vidas. Sigue sin haber justicia. Hoy te reivindico. Hoy marchamos juntas. Alma Rocío Díaz Rodríguez, vives en esta lucha”, se leía en una de las pancartas que portaba otra de las manifestantes.

Las voces exigentes que se escucharon en el mitin del Zócalo capitalino fueron muy diversas: justicia por sus familiares víctimas de feminicidio, la búsqueda de sus desaparecidas, el cese a la violencia contra ellas, el alto al machismo o el seguimiento de denuncias por violencia familiar.

Como Karla, quien ha estado presente en las últimas manifestaciones feministas y, esta vez no fue la excepción. Mientras ella tomó el micrófono para seguir pidiendo medidas cautelares a las autoridades capitalinas, de fondo se escuchaban cohetones y algunas disputas entre algunas de las que protestaban y las mujeres policías.

Karla ha seguido manifestándose para intentar asegurarse que el papá de su hijo, quien la intentó estrangular y atropellar, no les haga daño y puedan vivir en paz. Sin embargo, sigue sin tener una respuesta permanente de las autoridades. 

Y es que el caso de Karla es uno de los que suman en el crecimiento de la tasa de denuncias por violencia familiar por cada 100 mil mujeres que ocurrió en los primeros 10 meses de 2020, respecto al mismo periodo de 2018. Lo mismo que la tasa de denuncias por delitos sexuales, a pesar de los obstáculos que han tenido las mujeres para denunciar durante la pandemia por COVID-19.

En el estrado también se recordó la historia de Kenia Hernández, quien se ha dedicado a la liberación de presos políticos. Ella fue encarcelada el 25 de octubre de 2020 a pesar de que se le acusa de un delito que no amerita prisión preventiva: ataque a las vías generales de comunicación.
¿No son maneras? Morir por Feminicidio tampoco” y “¿Cuántas veces tendremos que marchar para ser respetadas?”, son otros ejemplos de las decenas de frases que portaron las jóvenes, en mantas, en una entidad en la que se registraron más 33 mil llamadas de emergencia por algún incidente por violencia contra mujeres entre enero y octubre de 2020.

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