Respirando muertos de los crematorios de la CDMX

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Flor lleva más de 10 años vendiendo dulces y refrescos afuera de los crematorios del Panteón San Isidro. Nunca, como ahora, había sentido malestar alguno por estar cerca de la chimenea que saca humo, prácticamente durante todo el día, en estos tiempos de epidemia. 

En internet se difunden diferentes videos de chimeneas de crematorios, que en estos momentos se encuentran saturados. La Ciudad de México es la entidad con mayor número de muertes por esta enfermedad del país, con 4,254 defunciones confirmadas por COVID-19 y 4,201 más sospechosas, con corte al 11 de junio, de acuerdo con el gobierno de la CDMX

La alta demanda de cremaciones, como consecuencia de la epidemia, ha detonado un nuevo problema: el de la contaminación.

Vecinos de crematorios ubicados en las alcaldías Iztapalapa, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo, en la Ciudad de México, así como en Nezahualcóyotl, en Estado de México, también denuncian las emisiones contaminantes, de acuerdo con diferentes notas periodísticas. 

La movilidad se ha reducido en la capital del país, entre 60 y 80%, de acuerdo con los reportes de Google y, con ello, la reducción de emisiones de contaminantes a la atmósfera. Sin embargo, las emisiones de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas no han descendido en la misma proporción, según consultamos en las emisiones publicadas por la Secretaría de Medio Ambiente de CDMX (Sedema). 

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¿Qué tanto contamina un cadáver? 

La cremación de un cuerpo expulsa, en promedio, 27 kilos de dióxido de carbono a la atmósfera, esto equivale a hacer un viaje en auto de 130 kilómetros, de acuerdo con esta calculadora de de CO2. Además del dióxido y monóxido de carbono, expulsa partículas suspendidas y óxidos de nitrógeno, reconoce la Norma NADF-017- AIRE-2017 de la Sedema. 

Los hornos crematorios manejan temperaturas alrededor de los 500 grados centígrados, para reducir un cuerpo a cenizas en dos o tres horas. Durante todo ese tiempos “se están emitiendo contaminantes. Cuando se aumenta la cremación por el COVID-19, pues por supuesto que inmediatamente hay más contaminantes”, dice Saúl Hernández Islas, maestro en Ciencias en Ingeniería Ambiental y docente del Instituto Politécnico Nacional. 

La contaminación se da desde la quema del combustible que utilizan los crematorios (en la mayoría de los casos, con gas) hasta por la combustión de toda la materia orgánica de los cadáveres. 

Además de los elementos ya descritos, también se emiten furanos y dioxinas, que son los “elementos de mayor toxicidad en el planeta y altamente cancerígenos”, explica Hernández Islas.

El potencial contaminante de los crematorios

En cada mes de mayo de 2016, 2017 y 2018 fallecieron, en promedio, 6 mil personas en la Ciudad de México por causas diversas, según el INEGI (las estadísticas de 2019 aún no están disponibles). En este 2020, a ese promedio, habría que sumar las casi 3,000 muertes confirmadas de COVID-19 en la capital (sin considerar la cifra negra que no se registra, como documentó Mexicanos Unidos Contra la Impunidad y la Corrupción). Es decir, 50% más que al promedio de otros años. 

Si consideramos que alrededor del 50% de las personas fallecidas son cremadas –en mayo serían 4,500 incineraciones, por lo menos– y que cada cuerpo incinerado genera, en promedio, 27 kilogramos de dióxido de carbono, estaríamos hablando de que las cremaciones, tan solo en ese mes, emitieron casi 121.7 toneladas de dióxido de carbono a la atmósferael equivalente al consumo de 1,058 tanques de gasolina de 50 litros. 

Aunque estas 121.7 toneladas de dióxido de carbono equivalen a una mínima parte de las 1.8 millones de toneladas que se envían al ambiente en la Ciudad de México, en promedio, cada mes, quienes viven cerca de los crematorios sí están respirando mucho más contaminantes por la contingencia y podrían tener afectaciones en su salud.

Partículas, el peligro oculto de los crematorios

Distintos reportes periodísticos han dado cuenta de la saturación que viven los crematorios, en donde el tiempo de espera para incinerar un cadáver puede demorar hasta tres días. 

“El hollín que permanentemente emiten los crematorios pudiera tener un impacto negativo a la salud a nivel microregional, en la zona alrededor del crematorio y, dependiendo la meteorología (viento) puede haber un patrón de dispersión”, explica Adrián Fernández, director ejecutivo de Iniciativa Climática de México. 

La emisión de partículas requiere ser medida y controlada para asegurarse que no excedan los límites de la norma. En un estudio realizado por alumnos de la Universidad Autónoma de México (UAM) en dos crematorios distintos (con dos hornos cada uno), encontraron que uno de ellos cumplía con los límites, mientras que el otro lo excedía. 

“Necesitamos pensar qué controles de emisiones a la atmósfera necesitamos para los crematorios que nos garanticen que no estamos teniendo un brasero, casi como hornos panaderos para cremar. Si los supervisan y con qué controles”, advierte Hernández Islas. 

Si bien la cremación es la opción principal que recomiendan las autoridades sanitarias para el manejo de personas fallecidas víctimas de COVID-19, también es necesario considerar las condiciones en las que se encuentran estos hornos y la emisión de gases al medio ambiente.


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