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 Andrés Lajous se tiene que ir
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Andrés Lajous se tiene que ir
Y medio gabinete de Sheinbaum
10 Oct | 2019
Por: Gabriel Pérez Osorio
Andrés Lajous se tiene que ir
Y medio gabinete de Sheinbaum
Gabriel Pérez Osorio por: Gabriel Pérez Osorio
Oct 10, 2019
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Eran los primeros días de noviembre de 1999. La huelga estudiantil del Consejo General de Huelga de la UNAM llevaba ya ocho meses. Para presionar a las autoridades decidieron organizar una marcha que partiría de Televisa San Ángel con rumbo a Los Pinos, por los carriles centrales del Periférico de la Ciudad de México. 

Eran tiempos en que no existía el Segundo Piso. La jefa de gobierno de la capital era Rosario Robles. Apenas llevaba un par de meses en el cargo, pues sustituyó a Cuauhtémoc Cárdenas, cuando el hijo del general Lázaro Cárdenas dejó el puesto para buscar su tercer candidatura a la presidencia. 

Rosario había nombrado a una comisión encabezada por el subsecretario de Gobierno del entonces Distrito Federal, Javier González Garza y por el delegado de Benito Juárez, Ricardo Pascoe, para que negociaran con los estudiantes una ruta alternativa a su marcha. Fueron días de intentos infructuosos por lo que los jóvenes se concentraron en el Periférico.

Bloqueados por Granaderos, a la altura del puente de Las Flores, los funcionarios negociaron con altavoces, en plena avenida con los huelguistas. Estuvieron ahí para tratar de impedir el caos y lo lograron. La marcha ocurrió, pero por los carriles laterales del Periférico. No hubo represión.

Mientras buscaba rutas alternas el lunes pasado, para tratar de llegar a mi redacción, bloqueado por los taxistas, recordaba esa escena. Y no dejaba de preguntarme: ¿Dónde están las autoridades de esta ciudad? Claramente, no fui el único que se lo preguntó.

A diferencia de muchas personas, no soy de los que considera que la solución era echarles a los inexistentes granaderos para sacarlos a palazos. Sin duda, es una opción, pero nunca debería ser la primera. Por eso recordé aquella escena de 1999, porque aunque sí que amedrentaron a los estudiantes con una legión de granaderos  y policía montada detrás de los funcionarios, eran ellos los que se encontraban cara a cara con los manifestantes.

Pero eran otros tiempos, con políticos profesionales de izquierda en el gobierno de la capital (sí, eso incluye a Rosario… era la época en que aún no perdía la razón). Nada de eso hay en este momento en el gabinete de Claudia Sheinbaum quien, dicho sea de paso, ha resultado en una terrible decepción.

La manera en que Sheinbaum y su equipo (por decirle de alguna manera) han sorteado las diferentes crisis a las que se han enfrentado, los muestra, a todas y todos, de cuerpo entero y evidencia la principal característica del gabinete de la presunta jefa de gobierno: son unos mediocres. 

Si algo ha demostrado Claudia es que es muy mala para elegir a sus equipos. Nadie, ni uno solo de sus secretarios de gabinete, ha salido a dar la cara, a acuerparla, a apoyarla. La han dejado completamente sola.

Sí, sola. Porque el único titular de dependencia que no deja de salir a medios es Andrés Lajous, el que causó todo este problema, para empezar, y que enterró su cabeza en la arena mientras la ciudad se colapsaba el lunes. Y eso no es necesariamente bueno.

Lajous formó parte de una de las columnas que dinamitó el partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina. Siendo candidato a diputado federal por un distrito de la colonia Condesa se negó a hacer campaña porque, dijo, tenía cosas más importantes que hacer (era secretario de la Juventud o algún puesto así de importante en ese partido, en 2006). 

Desde entonces, sus actividades se han desarrollado en organizaciones civiles, en medios de comunicación (como opinador) y la academia. Estudió en Princeton y el MIT. Pero su protagonismo le ha ganado más de un detractor en redes sociales y en la vida real. 

Cuando sucedió aquel episodio con el CGH, Andrés debe haber estado en la preparatoria. Su padre era, entonces, director del Pemex de Ernesto Zedillo y su madre, una destacada politóloga (lo sigue siendo). Es sobrino de Guadalupe Loaeza, la autora de “La niñas bien”. 

Es un joven impetuoso, sin duda, pero beneficiario de lo que muchos critican como privilegio, pigmentocracia y ese tipo de conceptos. ¿Eso es malo? Para nada. ¿Le sirve para lidiar con taxistas y microbuseros? En lo más mínimo. Para eso, ahora sí que le falta barrio… y mucho. Y ya quedó demostrado. 

Si Claudia Sheinbaum quiere encabezar una gestión exitosa y que no la tenga que estar rescatando el presidente cada semana, debe comenzar por sacudirse el lastre enorme que significa su gabinete. Ella no va a poder sola, como ha quedado claro. Y sus secretarios parecen buenos para nada que no sea organizarle una despedida épica a José José o meterla en problemas. Aún está a tiempo. 

Y sí: Andrés Lajous y muchas más personas en su equipo se tienen que ir.

 

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