Columnas
Foto: Cuartoscuro
 La muy cara democracia mexicana
Columnas
La muy cara democracia mexicana
¿Qué opciones tenemos?
30 Dic | 2019
Por: Gabriel Pérez Osorio
La muy cara democracia mexicana
¿Qué opciones tenemos?
Gabriel Pérez Osorio por: Gabriel Pérez Osorio
Dic 30, 2019
Compartir

Hace unas semanas, Pablo Hiriart, el director general de información política y social del diario El Financiero (y reportero fundador de La Jornada, director de El Nacional y Notimex en tiempos de Carlos Salinas, director fundador de La Crónica de Hoy -donde fue mi jefe- y La Razón) escribía que Morena había recibido una fuerte derrota en el Congreso, cuando no pudieron juntar la mayoría necesaria para reducir el presupuesto a los partidos políticos.

Pablo, un reportero experimentado, extraordinario cronista y de olfato periodístico bien afinado, recordaba en su columna que, cuando Andrés Manuel López Obrador era el líder opositor desde el partido Morena, logró evitar, mediante una controversia ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que el congreso de Yucatán recortara a la mitad el presupuesto público a los partidos políticos. 

Ya como presidente, dice Pablo, AMLO tiene acceso a miles de millones de pesos de recursos públicos para repartir de manera directa entre la población. Ya no necesita el presupuesto de Morena para conseguir sus fines -reflexiona el periodista- así que ahora busca lo que en su momento él mismo logró evitar: un recorte del 50% del presupuesto público de los partidos políticos. 

Sospechoso y conveniente, piensa Hiriart. Con cierta razón.

Pero tenemos que preguntarnos: ¿es mala idea bajar el presupuesto a los partidos? ¿Alguna vez, cuando fueron gobierno y mayoría lo intentaron o impulsaron el PAN o el PRI? Las respuestas son múltiples en el primer caso y una sola en el segundo: no.

Cuando el PRI fue gobierno y partido de Estado, nunca jamás se le ocurrió solicitar que se le disminuyera el presupuesto a los partidos. ¿Acaso los presidentes priistas -de Lázaro Cárdenas a Enrique Peña Nieto- no tuvieron acceso al uso de recursos públicos (a veces de manera legalmente cuestionable) para promoverse a sí mismos, a sus gobiernos y sus acciones; para comprar votos y voluntades; para callar medios? Claro que sí. Igualito que AMLO. 

¿Y por eso decidieron renunciar a las prerrogativas que le daban al PRI? Claro que no. Al contrario: todos los presidentes priistas sin excepción, usaron la estructura de ese partido para mantener un férreo control social. Para eso necesitaban dinero… montones de dinero.

Cuando Vicente Fox llegó al poder, en el año 2000, de la mano del Partido Acción Nacional, ni él ni los líderes del partido (uno de ellos Felipe Calderón, quien después sería también presidente) a nadie se le ocurrió bajarle el presupuesto a los partidos. Ni en la época de Fox ni en la del propio Calderón.

Si acaso, lo más que hizo (y mal) el propio Calderón, fue impulsar una reforma electoral que impidió a los partidos políticos contratar directamente espacios de publicidad en televisión y radio y obligó a que se hiciera a través del entonces Instituto Federal Electoral. El resultado fue completamente estéril: el gasto en publicidad se mantuvo, pero la Ley afectó de manera importante la operación tanto de las compañías de medios como de los partidos.

La democracia en México es cara y se nos vendió la idea de que esto era necesario para impedir el financiamiento ilegal o sucio a los partidos políticos y a las campañas. Sin embargo, la realidad es que se le dan miles de millones de pesos a las instituciones democráticas como el Instituto Nacional Electoral o el Tribunal Electoral y eso no ha impedido que lleguen recursos de extraña procedencia a los partidos ni que se acaben las prácticas antidemocráticas que tanto caracterizan a nuestros procesos electorales.

En el mundo, el financiamiento de los partidos políticos es diverso. En Europa, países como Alemania, España, Italia, Francia, Suecia o Austria se permite un modelo mixto en el que las agrupaciones políticas pueden recibir donaciones privadas, además de los recursos que les otorga el Estado, pero en todos los casos hay candados. Por ejemplo, en Alemania, el financiamiento público será igual al privado: si un partido recibe 10 euros por donaciones privadas, sólo podrá recibir 10 euros de dinero público.

En Inglaterra (así como en Canadá y Estados Unidos) los partidos tienen estructuras muy pequeñas y viven, sobre todo, de donaciones privadas. 

Por extraño que parezca, en México es más cara la democracia que en Estados Unidos. El costo por voto en nuestro país es de 25 dólares, mientras que en EU ese costo es de 11.67 dólares, en Francia de 1.88 dólares y en Rusia de 0.25 dólares. 

Ante eso, es aplaudible que el partido en el poder haya renunciado al 75% de sus prerrogativas, más allá de si lo hace, convenientemente, cuando ya tienen acceso a los miles de millones de pesos del presupuesto gubernamental.

Y lamentable que la chiquillada de oposición (PRI, PAN, PRD, PT, Verde, PES) se aferren a seguir malgastando los recursos públicos en autos, servicios de seguridad y demás bienes que en nada contribuyen a la democracia (como documentó Cuestione en esta nota). 

Si bien en América Latina sólo dos países no financian a los partidos políticos (Bolivia y Venezuela quitaron el financiamiento público luego de la llegada de Hugo Chávez y Evo Morales al poder, respectivamente), la realidad es que México es el país donde más cuesta la democracia. 

Es un exceso que autoridades del INE, del Tribunal y de los partidos no estén dispuestos a disminuir sus privilegios, tomando en cuenta el desencanto de la ciudadanía en la democracia y los resultados entregados por la clase política hasta el día de hoy.

Ha llegado el tiempo de discutirlo… a pesar de ellos.

TE RECOMENDAMOS
Compartir: