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Amigo, date cuenta
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Hay que enfocarse en lo que sí vale la pena
28 Ene | 2020
Por: L’amargeitor
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Hay que enfocarse en lo que sí vale la pena
L’amargeitor por: L’amargeitor
Ene 28, 2020
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Oigan señores… ¿y ustedes?

Pregunto porque, últimamente, al platicar con mis mujeres salen recurrentemente frases como “mmmta… neta, no sé qué le pasa a X, está in-so-por-ta-ble, siempre está de malas, se enoja de todo, se la pasa cagoteando a los niños”; o, “prefiero que llegue tarde de la oficina y estemos todos dormidos para evitar broncas;” o, “lo único que le interesa es largarse a la bici”, “está furioso todo el tiempo y me trata pésimo”, “no me toca”, “se la pasa pegado a su cell” , “es adicto a Netflix”, “no nos pela”, “se pelea todo el tiempo con los niños”, “quiere puros planes de puberto”, “se ha vuelto un gruñón”, “está furioso porque los hijos no le hacen caso”, “lo veo súper bajoneado”; y claro… el famosísimo y patético “lo caché que anda con alguien más” (que, obvio, puede explicar varias de las anteriores).

Y es que en esto de hacernos grandes parecería que las mujeres ¡por una vez! tenemos la ventaja de, por lo menos, reconocer -a veces- que no estamos bien y buscar ayuda. La menopausia es un tema popular, gastado y, tristemente muy real, que hemos escuchado tanto que nos simplifica entender que nuestro cuerpo pasa por un proceso hormonal (sí, oooootra vez) y que eso siempre arma un desmadre anímico. Así que aprendemos a navegar por esa época truculenta haciendo lo que haya que hacer con algo de dignidad o, por lo menos, entendiendo la situación.

Los señores, en cambio, son víctimas de uno de los clichés más gastados de la historia de la humanidad: “los hombres tienen que ser fuertes”, no lloran porque “ni que fueran nenas” que disque son “más alivianados” y las cosas “se les resbalan”… y pues… amigos… ¡dense cuenta! 

Si bien es cierto que efectivamente los XY transitan por la vida un poco más ligeros y no se hacen tantas bolas, es completamente absurdo pretender que son de palo y que nada les duele, les mueve, o les cuesta muchísimo trabajo. Las emociones son inherentes a la condición humana y la historia personal, eventualmente, nos alcanza sin discriminar. 

Mi teoría es que, arañando, o ya instalados en los 50, todo eso que han acumulado y aventado abajo del tapete se vuelve demasiado y empiezan, consciente o inconscientemente, a sacar el mierdero de maneras completamente tóxicas para ustedes y para todos los involucrados.

Las heridas infantiles, las huellas de abandono, los asuntos no resueltos, las frustraciones cotidianas, la presión de la chamba, el país en el que vivimos que nos tiene tan, pero tan preocupados, la famosísima y tan real crisis de la mediana edad que pega y pega duro y si no la sabemos enfrentar se instala y, claro, la adolescencia de los hijos. Darnos cuenta de que nuestros hijos crecen y entender que están a punto de irse y hacer su vida es de-vas-ta-dor para cualquier papá o mamá el día que nos cae el veinte. Despertar con la noticia de que ya no solo han dejado de ser nuestro fan número uno sino que ahora, además, nos alucinan y les damos pena. Ouch. Es físicamente doloroso. Comprender que esto que ya nos salía tan bien y que habíamos aprendido a disfrutar (después de 5 años de no dormir) se va a terminar y que, irónicamente, la parte que comprobará que hicimos un buen trabajo y que formamos personas independientes será dejarlos encontrar sus caminos, que muy probablemente y en muchas ocasiones no sea el que nosotros queremos que tomen y, eso, aaaaah, ¡cómo arde! y finalmente, dejarlos ir y eso aaaah, ¡cómo cuesta!

Es asqueroso.

#AbrazoGrupal 

Encima de todo eso, se suman tres factorcitos determinantes: uno, la hormona, que por si no lo sabían, también enloquece un poco en los señores y los hace pasar por un proceso llamado andropausia.

Dos, las muy nombradas, poco prestigiadas y muy ignoradas enfermedades mentales que lejos de ser un cuento, son una realidad y representan un desequilibrio en la química cerebral que puede descomponernos completamente la personalidad, el humor, si no las atendemos, la vida. 

Y, por último, la vida sentimental que, en caso de seguir en pareja, ya nos traemos muy vistos y con un desgaste importante o, los que ya van en uno o varios divorcios con todas las implicaciones emocionales, económicas y destrampadas que eso implica.

El combo, como pueden ver, es tremendo.

La poca cultura que tienen los hombres, de atenderse y asomarse en las profundidades de su almita es alarmante y es, desde luego, la explicación número uno de todas las actitudes al principio mencionadas. Nadie les explicó nunca que está bien no estar bien todo el tiempo. Que se vale pedir ayuda. Que es necesario procurarse hábitos de higiene mental (ejercicio, alimentación, bajarle al chupe, dormir suficiente). Que es indispensable atenderse y medicarse si hace falta (paren con el “¡ni mueeerto me tomo un chocho!”, no mamen, hay que ser idiotas para echar toda su vida por la ventana por no tomarse un pinche chocho que los va a hacer volverse a sentir cómodos en sus zapatos y dejar de ser un dolor de muelas para su familia. No sean idiotas. Tómenselo). Que hay que ir a terapia a trabajar en uno y, paralelamente, ir a terapia con su pareja (opino que debería de ser obligatorio ir por temporadas “a limpiar los cajones” con nuestro significant other para depurar patrones tóxicos y codependientes regularmente). Y que sí, efectivamente la vida se va poniendo perra y que a veces cuesta mucho trabajo estar y, a veces, cuesta más estar para otros y que todos dependan de ti. Está cañón ser el sustento económico de tanta gente y tener que proveer para los demás. Me imagino perfectamente la presión y la angustia que eso a veces puede representar… se vale mentar madres y soltar.

Les urge, señores, aprender a soltar. A abrir. A comunicar. A sanar.

tener amigos con quien puedan hablar y profundizar realmente y no solo chupar, decir pendejadas y hablar de chichis (aunque eso también puede ser muy sanador, pero sepan que solo es un paliativo temporal). A estar contentos y donde quieren estar, con quien quieren estar; o a terminar sanamente cuando se quieren ir y no destrozar a todos los involucrados a costillas de sus pésimos manejos emocionales.

Es hora de crecer. No se esperen a que la vida les saque el aire y los ponga de rodillas para enfrentarse a ustedes, arremangarse y ponerse a trabajar. No se esperen a que la señora se harte y los mande al diablo para darse cuenta de que, en realidad, su vida era muy chingona y solo era cuestión de ponerse la pila y trabajar en algunas cosas. No se esperen.

Es cierto, no lo tienen en su ADN. Lo de ser el macho alfa lomo platinado no parece muy compatible con lo de ser vulnerable, pero desde donde yo estoy, me parece que si algo define a una persona responsable y madura es la capacidad de tomar al toro por los cuernos, enfrentar las situaciones y resolverlas de una manera inteligente, congruente y sensata en lugar de andar por ahí en la peda, viviendo vidas paralelas, evadiendo la realidad y en resumen, haciéndose pendejos quesque por la chamba, quesque por la lana, quesque porque sus viejas son un dolor de huevos… ¿Se han puesto a pensar qué aportan ustedes a la relación, además de su sueldo? ¿Son alguien con quién a ustedes les gustaría estar? ¿Pueden honestamente decir que están orgullosos de la persona que son en todos los ámbitos de su vida?, ¿que duermen tranquilos y con la conciencia limpia?, ¿que son la persona que esperan que sus hijos sean y con la que sus hijas se casen?

Les voy a decir una cosa: la vida se pasa demasiado rápido y, además, es demasiado frágil y puede terminar de manera abrupta e inesperada. Bájense plis del tren del mame de la pose y la evasión inmediatamente y dejen de responsabilizar al universo, a su vieja, ¡a quién sea! de ser tan desdichados, estar tan desequilibrados y justificar todo lo que están haciendo mal.

Háganlo por ustedes, por sentirse bien, por estar bien. Y por hacer el bien a su entorno, a sus hijos, a su ex, a su actual pareja, pero sobre todo, a ustedes mismos, porque ser un patán, ya no está de moda.

Para mí, la definición de la madurez es reconocer las cosas en las que uno se está haciendo pendejo, amarrarse los pantalones y ponerse a trabajar. Es también, una de las cosas más difíciles y a veces, dolorosas que tendremos que hacer, pero es la única manera de crecer y pasar al siguiente nivel.

Háganse ese favor, volteen a mirarse a ustedes y pónganse a hacer lo que tengan que hacer para sentirse bien en sus zapatos, contentos en su corazón y siendo personas que enriquezcan y aporten cosas valiosas a su entorno y a la vida de la gente a su alrededor. Aprendan a hablar, reflexionar, pedir ayuda, aceptarla, expresar, conectar.

Porque si todo eso no es suficiente razón, déjenme contarles un secreto: no hay n-a-d-a ¡nada! más sexy, que un hombre en control de sus emociones y como se dice en el argot femenino “con su shit together”.

No hay tiempo que perder señores, la vida los está esperando.

Enfóquense en lo que sí vale la pena y háganlo ya.

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