Columnas
Foto: Artemio Guerra Baz/Cuartoscuro
Colores peligrosos
Columnas
Colores peligrosos
Rosa y azul, reforzando los estereotipos
07 Ene | 2019
Por: Magda Coss
Colores peligrosos
Rosa y azul, reforzando los estereotipos
Magda Coss por: Magda Coss
Ene 07, 2019
Compartir

En los más de 10 años que he sido mamá, ya perdí la cuenta de las muchas veces que he tenido que decirle a alguien que no existen “colores de niños” y “colores de niñas”. Extrañamente nunca se lo he tenido que explicar a alguien menor de cinco años y sí reafirmar con insistencia a otros adultos.

Mi primera cruzada fue una prohibición total sobre las chambritas de colores rosas o azules, lo cual era un gran desafío cuando te han anunciado que esperas un niño y una niña. Al final fueron dos niños y el triunfo de los colores neutros. Un poco más tarde, en la guardería, había que llevar dos bacinicas por cada infante. La lógica dice que en un cuarto con 15 bebés aprendiendo a dejar el pañal, la bacinica que se usa es la que esté limpia, pero aún así había papás que se quejaban de que su niño había usado una bacinica color rosa. En ese mismo tenor, estaban los que protestaban porque tanto a niños como niñas se les pidió llevar un muñeco al que tenían que aprender a cuidar, lo que no les parecía suficientemente masculino para sus retoños de tres años. Encontrar cocinas que no sean rosas y moradas o trenes eléctricos y coches a control remoto que lo sean, es una tarea titánica para los Reyes y Reinas Magas del mundo.

Si bien el rosa y el azul son solo colores, el problema es todo lo que viene asociado a ellos. Cocinas, princesas y muñecas rosas, coches, guerreros y pistolas azules. Para la edad de dos años, los bebés comienzan a jugar simbólicamente, es decir, que empiezan a imitar los roles de adultos que los rodean. Para los cuatro años, aunque aún no son totalmente conscientes de su propio género, ya es posible que empiecen a intuir que hay juegos en los que no pueden participar porque han aprendido que les corresponde el rosa o el azul. Es posible que no se sientan capaces de realizar otras actividades para las que la mercadotecnia de juguetes no les considera competentes. Así, se reproducen estereotipos que dictan que las tareas de cuidado son para las niñas que pueden jugar a ser mamás o maestras o princesas, y que sólo puedes tener miles profesiones mientras te veas increíble como una Barbie.

Las asociaciones de colores apropiados, para un género u otro, permite que se refuercen las convenciones sociales, actitudes y comportamientos que imponen expectativas sociales sobre niños y niñas, además de que se mantenga la brecha de género y la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Hace un par de días, en Brasil, la nueva ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, que forma parte del gobierno de Jair Bolsonaro, declaró al asumir su cargo: “Atención, atención. Comienza una nueva era. Los niños visten de azul, las niñas de rosa”. Pero esto no es sólo sobre el rosa y el azul. La ministra se refería –tal cual lo dijo poco después– a designar cuál es el papel de hombres y mujeres para combatir lo que ella denomina “ideología de género”, lo cual incluye algunos de los más básicos derechos de las personas, como la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Gobiernos así significan un gran retroceso para el mundo.

Lo cierto es que, en la última década, el progreso para reducir la brecha de género se volvió más lento, y que con las condiciones actuales tomará 217 años para alcanzar la igualdad de acuerdo a las mediciones del Foro Económico Mundial.

Que los gobiernos y las instituciones asuman una posición que no favorece la equidad es grave, no sólo por la cantidad de hombres y mujeres que no son representados por estas posiciones de ultraderecha, sino porque se pierden oportunidades para alcanzar nuevas posibilidades y niveles de desarrollo, a través de la acción en las instituciones; por ejemplo, mediante el rol que las escuelas pueden tener para ayudar a replantear las nociones de masculinidad que limitan a los niños.

Fortalecer las diferencias entre hombres y mujeres, y el papel que se supone que le toca a cada cual tradicionalmente, como lo hace la ministra de Brasil, resulta peligroso, no sólo para ese país, sino para América Latina, la región donde la vida de las mujeres vale poco. Y aunque ella asegura que “no será derramada sangre inocente”, habría que recordarle que en nuestra región el machismo mata y las cruces que recuerdan a las miles de mujeres desaparecidas y asesinadas también son de color rosa.

TE RECOMENDAMOS
Compartir: