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De militarización y masacres: ¿más de lo mismo?
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De militarización y masacres: ¿más de lo mismo?
Se necesita un plan de mediano y largo plazo
07 Oct | 2019
Por: Daniel Vázquez
De militarización y masacres: ¿más de lo mismo?
Se necesita un plan de mediano y largo plazo
Daniel Vázquez por: Daniel Vázquez
Oct 07, 2019
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Hace unos días, en un debate sobre la Guardia Nacional, me tocó darme un agarrón con un par de representantes de la 4T. Para todos era claro que la pregunta no es si la Guardia Nacional debiera existir. La pregunta es: ¿cómo vamos a construir paz en México? En cambio, el principal desacuerdo giró en torno a las líneas de continuidad y ruptura en el proceso de militarización que México ha sufrido desde el 2007 hasta ahora. Donde yo veo continuidad en la política de militarización del país y fortalecimiento del Ejército y la Marina, los representantes de la 4T hablan de cambio, de transformación, de ruptura.

Para mi está claro, desde el Plan Nacional de Seguridad emitido en octubre del 2018, la Guardia Nacional se proyectaba como un órgano abiertamente militar. Pese a la negociación en el Congreso, y los cambios del planteamiento original, la Guardia Nacional se integró con militares y marinos; los procesos de reclutamiento los realizan desde la Secretaría de la Defensa Nacional; la doctrina es militar; el armamento es militar; el entrenamiento es militar. Afirmar que un órgano de este tipo es civil porque el presidente es civil es como afirmar que en la Segunda Guerra Mundial no intervinieron militares, porque los presidentes eran civiles. Vaya, discutirlo es una pérdida de tiempo. En todo caso, lo interesante es preguntarnos si hoy, en México, la política de seguridad puede ser distinta; y qué tendríamos que hacer para que así sea.

Hay un punto en donde sí parece haber diferencia: hoy, la orden ya no es abatir, como se ordenó a los militares que masacraron a 22 personas en Tlatlaya el 30 de junio de 2014; la orden ya no es “mátenlos como perros” como se le ordenó a la policía federal en la masacre de Apatzingan cometida el 6 de enero de 2015, ambas masacres realizadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Esta misma idea la recuperó el presidente al cerrar su primer informe de gobierno: “El Estado ha dejado de ser el principal violador de los derechos humanos”; “Ni el Ejército ni la Marina se han utilizado ni utilizarán para reprimir al pueblo”.

¿Será? El principal problema es que no tenemos datos (¡ni estos ni otros!). Actualmente en México no es posible tener una cifra oficial de civiles muertos a manos del Estado, porque la información sobre el número de personas heridas y asesinadas en los enfrentamientos entre los policías, militares, marinos y la delincuencia se mantiene en la opacidad.

No siempre fue así. En el 2011, Catalina Pérez Correa, Carlos Silva y Rodrigo Gutiérrez construyeron un índice de letalidad a partir del número de enfrentamientos, de personas detenidas y de personas asesinadas[1] entre el 2008 y el 2010. Gracias a esa investigación sabemos que mientras la Marina mataba a 17 personas por cada herido, el Ejército mataba a 9 y la policía federal a 2. Sin embargo, cuando estos mismos autores quisieron replicar el ejercicio cuatro años después, se encontraron con que la información de personas heridas o asesinadas o ya se no produce, de acuerdo con la Sedena; o la que se produce está llena de lagunas o es defectuosa, como sucede con la Marina. En cualquier caso, lo que no tenemos son datos para construir el índice de letalidad de los cuerpos armados en México[2]. No es casualidad que este segundo estudio se haya subtitulado: menos enfrentamientos, más opacidad.

¿Cómo vamos a construir paz? La paz no se construye con militares en las calles. Lo cierto es que difícilmente se podrían regresar los militares a sus cuarteles de un día para otro debido al nivel de captura del poder político, los policías, y las fiscalías locales y federales e incluso de algunos regimientos militares. Se requiere un plan de mediano y largo plazo, de hecho, la reforma constitucional que creó a la Guardia Nacional establece un término de cinco años para regresar a los militares a sus cuarteles. ¿Qué necesita hacer el gobierno para que esto suceda? Al menos:

1) La creación de fiscalías (federal y locales) autónomas, descapturadas y que sirvan.

2) El desmantelamiento de las redes de macrocriminalidad integradas por políticos, empresarios y criminales; que capturan gobiernos, tienen una demanda explícita de impunidad y mantienen el control sobre los policías y las fiscalías en amplias regiones del país.

3) La descaptura y profesionalización de las policías locales. De hecho, en la reforma constitucional que creó a la Guardia Nacional se estableció un término de 180 días para que los gobiernos locales entregaran un diagnóstico de las policías locales y un programa de fortalecimiento. El plazo se cumplió el 26 de septiembre. Hasta ahora, el Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad Pública no nos ha dicho quiénes entregaron, quiénes no, ni han hecho pública la información.

4) Un plan de retiro progresivo de los militares entre el 2020 y el 2024.

¿La 4T de verdad quiere ser diferente? ¿Quiere significar una ruptura en la política de seguridad, de militarización, y de muerte de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto? Bien, ahí está la ruta.

Cualquier otra cosa es más de lo mismo…

@LDVazquezV

[1] El informe fue publicado en Nexos: https://www.nexos.com.mx/?p=14555

[2] La segunda parte de la investigación también se publicó en Nexos. Ahí se especifica la opacidad: https://www.nexos.com.mx/?p=25468

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