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Desarrollo sin crecimiento
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Desarrollo sin crecimiento
Ir más allá de lo material
04 Sep | 2019
Por: Rodrigo Salazar Elena
Desarrollo sin crecimiento
Ir más allá de lo material
Rodrigo Salazar Elena por: Rodrigo Salazar Elena
Sep 04, 2019
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En su más reciente informe de gobierno, el presidente López Obrador celebró que, si bien la economía ha crecido poco, bajo su mandato “hay más desarrollo, hay más bienestar”. Poco antes, había criticado “a los tecnócratas, a los neoliberales” por su obsesión con “el dato de crecimiento económico y a mí no me dice mucho eso”.

Esta actitud tan zen del presidente frente al casi nulo crecimiento de la economía mexicana es una novedad, desarrollada precisamente desde que inició su gobierno. No sólo está el célebre tuit de 2014, en el que equiparó el crecimiento de 0.8% con “nada”. En la Plataforma Electoral y Programa de Gobierno de Morena, se afirmó que el crecimiento de 2.6 por ciento anual promedio de la economía mexicana entre 1993 y 2016 es “a todas luces insuficiente dado el crecimiento demográfico y habida cuenta de la capacidad nacional”. 

El 9 de julio de 2018, López Obrador dijo proyectar “que ya no tengamos solo 2% de crecimiento anual, como ha venido pasando en los últimos 30 años, sino que la economía pueda crecer al doble, cuando menos al 4% anual”. La proyección de un crecimiento promedio de 4% anual es parte del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024.

El último sexenio en el que se registró un crecimiento medio de 4% fue el de Salinas. Ciertamente, desde entonces la economía mexicana ha crecido, en promedio, a un 2.4% anual, así que el objetivo parece, en abstracto, al mismo tiempo deseable y realizable.

Pero no por lo pronto. Según el Banco de México, el crecimiento en 2019 será de entre 0.2 y 0.7 por ciento, y en 2020 de entre 1.5 y 2.5 por ciento. Tomando el extremo más optimista de estas proyecciones, para alcanzar el objetivo del PND la economía mexicana tendrá que crecer a un promedio de 5.2% anual entre 2021 y 2024. No se puede descartar, pero parece algo más difícil.

Lo bueno es que en realidad lo importante no es el crecimiento, sino el desarrollo. Y es muy bueno, porque en México no hay mucho del primero, pero montones del segundo. Es posible que López Obrador se inspire, o considere que se inspira, en el concepto de desarrollo asociado con la obra de Amartya Sen. 

Para el Nobel de Economía, el desarrollo es un concepto más amplio que la riqueza material, centrada en la libertad sustantiva de las personas. Se tiene más desarrollo en la medida en que los individuos tiene la posibilidad de escoger y, así, una vida valiosa. 

Esta capacidad de escoger es promovida en la medida en que en una sociedad las personas disponen de bienes como oportunidades sociales (educación, salud), participación en las decisiones colectivas, una red de protección social y, quién lo diría, recursos económicos para el consumo, la producción o el intercambio.

AMLO parece interpretar el concepto de desarrollo como algo que se puede tener en lugar de crecimiento. Esto no tiene sentido: la riqueza material es parte de la idea de desarrollo. Decir que no se tiene crecimiento pero sí desarrollo, es como si usted me dijera que no tengo un techo, pero tengo un hogar.

La noción de desarrollo fue concebida para someter a los Estados a un parámetro más riguroso, a fin de promover otros valores además del (no en vez de) bienestar material. López Obrador usa un concepto noble para sustraerse de los efectos negativos de sus decisiones sobre una dimensión relevante de la capacidad de las personas para darle valor a sus vidas.

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