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¿Despertar democrático o más de lo mismo?
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¿Despertar democrático o más de lo mismo?
No hay democratización sino simulación
28 Ago | 2019
Por: Jose Antonio Crespo
¿Despertar democrático o más de lo mismo?
No hay democratización sino simulación
Jose Antonio Crespo por: Jose Antonio Crespo
Ago 28, 2019
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En el discurso obradorista, los cambios políticos registrados entre 1989 y 2018 no representaron una democratización, sino una simulación. Que haya habido alternancia en el año 2000 no significó nada, pues se dio a favor del PAN, que es el PRI pero disfrazado.

Mientras el cambio no se diera hacia la izquierda, no habría democratización. Y finalmente lo hubo en 2018, pero no como resultado de la democratización previa, que era fingida, sino por una rebelión cívica que arrasó con los dispositivos para operar un nuevo fraude, no sólo por parte del PRI (que en realidad sí aplicó, pero contra el PAN), sino también por el INE.

Que la elección de 1988 no sea comparable con la de 2018, no les significa nada a los obradoristas. En su óptica, apenas ahora inicia el verdadero despertar democrático bajo la guía de Morena y su líder nato. 

En realidad, sí hubo una democratización electoral razonable que inició en 1989 y avanzó gradualmente, reconociendo triunfos opositores en diversos estados - incluyendo la capital - y que culminó primeramente en 2000 y después en 2018. 

Hubo tropiezos, altibajos y dudas, como en 2006 y en varias elecciones estatales, pero eso también es típico de las transiciones democráticas. En cambio, muchos críticos temen que en lugar de nuevos avances democráticos, lo que tengamos ahora sea “más de lo mismo”. 

Lo primero podría detectarse a partir de, por ejemplo, algunos despidos de comunicadores críticos de sus espacios, tal y como ocurría con el PRI. La versión oficial en tales casos suele ser que los despidos responden más a problemas económicos o de rating, lo cual no puede descartarse como eventualidad. Pero también podría tratarse de autocensura – promovida por presión o sugerencia indirecta del gobierno.

El caso de Carlos Loret de Mola ha generado esa sospecha, pues su postura hacia el obradorismo ha sido hiper-crítica. Primero fue removido de Radio Centro, que claramente se ha alineado con el obradorismo. Y ahora deja su espacio natural desde hace años; Televisa. También en los casos de Carmen Aristegui y Leonardo Curzio, durante el sexenio de Peña Nieto, la versión oficial fue que había problemas de rating o conflictos estrictamente internos, sin intervención alguna del gobierno. Prácticamente nadie lo creyó. Lo de Loret pareciera “más de lo mismo”.

Vienen por otro lado los conflictos dentro de Morena, con acusaciones de antidemocracia. Mientras Martí Batres acusa a Ricardo Monreal de manejo fraudulento de la elección para la presidencia del Senado, Alejandro Rojas Díaz Durán – alfil de Monreal – denuncia irregularidades en el proceso para elegir presidente del partido. 

Todo ello como parte de tapadismo hacia el 2024 entre los principales aspirantes visibles. Sí, como antes. Morena no resultó ser un partido excepcional, cuyas plumas no se manchan, sino uno muy parecido a los demás. Del PRIANRD proviene la mayoría de sus cuadros y dirigentes. No tendría por qué  ser radicalmente distinto.

Pero hay incluso temor de que vivamos cierta regresión política: aplanadoras legislativas, clientelismo electoral a través de los programas sociales, manejo partidista del padrón social, super-delegados con gran poder que hacen proselitismo partidista y hasta personal, debilitamiento o control de las instituciones autónomas, y actos anticonstitucionales como la prolongación de mandato del gobernador en Baja California.

Esa entidad, que fue símbolo de democratización en 1989, hoy surge como emblema de regresión. ¿Hay pues un despertar democrático, tenemos más de lo mismo, o vivimos una regresión política? Una combinación, probablemente. 

@JACrespo1

 

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