Columnas
Donald Trump y su estilo de política exterior
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Donald Trump y su estilo de política exterior
Año electoral
13 Ene | 2020
Por: Amando Basurto
Donald Trump y su estilo de política exterior
Año electoral
Amando Basurto por: Amando Basurto
Ene 13, 2020
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Bienvenidos a un año electoral más en los Estados Unidos de América en el que su política comercial, exterior y de migración se vuelven temas complejos que las campañas políticas arrastran a su interior y de manera colateral a otros gobiernos y otras poblaciones.

Las políticas de seguridad y exterior estadounidense se vuelven clave no sólo porque ponen a prueba la capacidad de maniobra y negociación de la administración Trump sino también por su relevancia tanto para su campaña de reelección presidencial como para las tonalidades que tomará la agenda bilateral para con el gobierno de México. 

Al presidente Donald Trump se le puede criticar y acusar de muchas cosas, pero ciertamente no de inconsistente en lo que respecta al tono y estilo que le ha impuesto a la política exterior estadounidense.

Con toda distancia guardada y sus asegunes, se puede argumentar que el estilo Trump es una aplicación cáustica, cruda, con cero refinamiento de aquel principio que rigiera la política exterior de Theodore Roosevelt a principios del siglo XX.

Ante la paradoja estadounidense –tras ganar su pequeña guerra contra España– entre convertirse en un imperio tradicional de corte europeo o ejercer su nuevo poderío internacional de una manera novedosa, Roosevelt ejerció una política exterior congruente con un viejo dicho que predicaba: “speak softly and carry a big stick; you will go far”; este dicho sintetizaba una práctica diplomática en la que el uso de la fuerza (especialmente el poderío naval) no era un recurso de última instancia sino una herramienta central de negociación e intimidación y, en caso necesario, ejercible sin miramientos (especialmente en América Latina y el Caribe). 

El estilo Trump de política exterior, que incluye el uso belicoso de aranceles (contra China, Francia y sus vecinos norteamericanos) la poco sutil presión sobre Volodimir Zelenski (presidente de Ucrania) para investigar judicialmente a Hunter Biden y la reciente ejecución extrajudicial de Qassem Soleimani (Mayor del ejército Iraní) en las cercanías del aeropuerto de Bagdad, puede ser ilustrado en una variante del dicho de Roosevelt: “tweet aggressively and carry one, two or three big sticks; you will make America great again”.

La aplicación burda de intimidación y presión que Trump suele ejercer en sus negociaciones corporativas ha sido trasplantada sin tapujos a su estilo y discursos presidenciales, no sólo en el caso de la política exterior sino en su relación con el Partido Republicano y en su relación con el Congreso. No es de extrañar que este mismo estilo, que le rindió dividendos en su campaña de 2016, sea el que utilice durante los siguientes 10 meses.

Debido a que el Partido Demócrata controla la Cámara de Representantes y mientras que el proceso de juicio político (impeachment) no se desahogue en el Senado, el estilo político trumpista de twitear agresivamente mientras blande varios garrotes tendrá su principal plaza en la política exterior. Por ello, tres son los temas que deben ser tratados por el gobierno mexicano como ajenos a toda dinámica de la zanahoria y el garrote.

Primero la política comercial, a la que el Presidente Trump ha decidido imponerle un matiz nacionalista y disciplinario-mercantilista con el objetivo de utilizar su gran mercado de 1.7 billones de dólares como arma política a través de la imposición indiscriminada de aranceles.

Segundo, la política de inmigración estadounidense que, con la intención de mantener y alentar ilusiones xenófobas, ha recurrido a fórmulas discriminatorias para limitar tanto el ingreso como la posible permanencia legal de personas de diferentes procedencias, creencias religiosas y distintas condiciones sociopolíticas y de seguridad.

Y tercero, existe una ventana de oportunidad o de riesgo (dependiendo de cómo proceda estratégicamente el gobierno de Andrés Manuel López Obrador) que se ha abierto con la inestabilidad política y la notoriedad de ciertos gobiernos ultraconservadores en Latinoamérica. El gobierno mexicano podría beneficiarse si decidiera erigirse en referencia de convergencia entre opuestos radicales regionales o, en su defecto, podría pagar los costos de permanecer en medio de dichos opuestos sin una agenda clara y estratégicamente sólida.

Amando Basurto: Doctor en Estudios Políticos por la New School for Social Research y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México.

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