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Los escándalos que nos nublan la visión
11 Dic | 2018
Por: Magda Coss
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Los escándalos que nos nublan la visión
Magda Coss por: Magda Coss
Dic 11, 2018
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Hace algunas semanas, Ada Hegerberg, jugadora noruega de fútbol, se hizo merecedora del Balón de Oro, lo que la reconoce como la mejor jugadora del año. Después de 63 ediciones de este premio otorgado por la Revista France Football, esta fue la primera vez que se entregó el galardón a una mujer.  

La jugadora de 23 años del Olympique de Lyon agradeció en su discurso a sus compañeras de equipo, a su club y al presidente por todo lo que hace por el futbol femenino, además agradeció que se hubiera creado una categoría femenil del Balón de Oro, pero principalmente dirigió su mensaje a todas las niñas del mundo a quienes pidió que siguieran creyendo en sí mismas y que nunca dejaran de hacerlo.

No obstante, el logro de Hegerberg fue opacado en las narraciones de los medios de comunicación porque el Martin Solveig, DJ y productor, le preguntó a Hegerberg si sabía hacer twerking. Aunque muchas personas – hombres y mujeres – criticaron lo inapropiado y machista de dicho comentario y el DJ tuvo que pedir disculpas, en la gran mayoría de los medios era más fácil encontrar el video de la pregunta machista que el de las palabras de la jugadora noruega.

Aunque las intenciones fueran recriminar la falta de respeto y el trato desigual que recibió Hegerberg frente a, por ejemplo, Luka Modric, también galardonado, fueron los medios quienes permitieron que le robaran el momento a la primera mujer que recibió el Ballon D'Or y que sus palabras y su logro quedaran empañados y perdidos en la vorágine de las redes sociales.

Casi lo mismo sucedió con otro comentario desafortunado: Paco Ignacio Taibo II, escritor propuesto para dirigir el Fondo de Cultura Económica, aseguró que “Se las metimos doblada, camarada”, al referirse al "edicto" de Andrés Manuel López Obrador con el que asumiría el cargo el 3 de diciembre en caso de que no pasara la “ley Taibo II”, una iniciativa de las comisiones de Igualdad de Género y Estudios Legislativos del Senado de la República para reformar el Articulo 21 de la Ley Federal de Entidades Paraestatales que rige al FCE, con el fin de que no sea necesario "ser mexicano por nacimiento" para dirigir el organismo.

Las redes sociales se dividieron entre los que lo consideraron machista y vulgar, y quienes defendían “su derecho a llamar las cosas por su nombre”; la mayoría de los medios se quedaron en esta misma dicotomía: no tenía importancia porque, decían unos, el escritor rehusa las formalidades, y habla coloquialmente, o porque, argumentan otros, es incorrecto que un futuro funcionario se exprese de esa manera.

Taibo II reconoció haberse equivocado y pidió disculpas, se pospuso la discusión de la reforma legal, pero igual asumió el cargo de gerente Editorial. Mostró prudencia y el Senado reactivó la reforma.

La verdadera discusión está en el fondo y no la forma. La forma recibe las mismas disculpas por parte de Taibo II, del DJ Solveig e incluso de Trump por la grabación en la que hablaba de tocar mujeres sin su consentimiento.

Sin embargo, este es el fondo: entre los chistes y las obscenidades, los medios pierden de forma sistemática el mensaje y se enredan en la frivolidad. ¿Cuántos discutieron si la expresión de Taibo II aludía al esgrima, en lugar de concentrarnos en una ley que es claramente anticuada? Taibo II sin duda está calificado, pero tiene que ser el primero en darse cuenta que las palabras – como escritor que es – importan. Hará bien la próxima admnistración en evitar esas tentaciones prepotentes y francamente autoritarias.

En el caso de Hegerberg, lo que vimos es lo mismo: al final, todos los medios terminan hablando del hombre – así sea críticamente – y se olvidaron de la mujer premiada. Y ese es el problema: nos enamoramos del morbo, de la “controversia”, y dejamos de discutir y reconocer lo que realmente es importante.

Son tiempos de líderes teatrales y de discursos altisonantes; desde Jair Bolsonaro en Brasil hasta Donald Trump, tenemos frases y dramas para rato. Pero como medios – y como sociedad – es imperativo que podamos distinguir lo dramático de lo trascendental; lo llamativo de lo importante. Nuestro criterio será nuestra protección. No nos dejemos distraer.

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