Columnas
Foto: Especial
El bozal y el garrote
Columnas
El bozal y el garrote
Periodistas han sido acusados y agredidos
01 Nov | 2019
Por: Emiliano Ruiz Parra
El bozal y el garrote
Periodistas han sido acusados y agredidos
Emiliano Ruiz Parra por: Emiliano Ruiz Parra
Nov 01, 2019
Compartir

Cansado de las preguntas de los reporteros sobre la liberación de Ovidio Guzmán, Andrés Manuel López Obrador citó una frase de Gustavo Madero: “le muerden la mano a quien les quitó el bozal”. Esta cita se suma a otras que ha dicho en las conferencias mañaneras: “el hampa del periodismo”, “prensa fifí”, a “los que callaron como momias”. 

A los periodistas los ha acusado de “reaccionarios”, “hipócritas” y “conservadores”. A la revista Proceso la acusó de “no portarse bien” por no tomar partido por su gobierno. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos dice que las expresiones del presidente pueden ser vistas como “permiso para agredir a la prensa”. 

Este 2019, podría convertirse en el peor año en asesinato de periodistas en México. Han matado a 11 periodistas; en 2017 se había alcanzado el punto más alto con 12 comunicadores asesinados. Desde el 2000 han caído 130 periodistas, según la organización Artículo 19. Según la CNDH suman 152. Este año, el Mecanismo de Protección a defensores de derechos humanos y periodistas sufrió un recorte de 70 millones de pesos. 

En el ideal democrático la prensa no apoya gobiernos, los vigila. No respalda transformaciones, las critica. En ese mismo ideal liberal y capitalista, la prensa es independiente, vive de sus lectores y de la venta de publicidad. 

En la realidad, en México pocos medios en pocos momentos de la historia lograron esa hazaña. Durante décadas el régimen del PRI controló a la prensa a través del garrote, el chayote y hasta del monopolio del papel. 

Había tres instituciones intocables: el presidente, el Ejército y la Virgen de Guadalupe. Sólo un puñado de medios de alcance nacional y otra decena más de medios locales lograron ser independientes en sus finanzas y en sus líneas editoriales. 

El año 2000 logramos la caída del PRI. Desde entonces México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Ahora, distingamos: los muertos son casi siempre periodistas pobres. Nadie ha matado a una estrella de televisión. Y salvo Javier Valdez, Miroslava Breach y algún otro, son casi siempre periodistas locales, poco conocidos fuera de su ciudad o su región. 

Hay una élite de periodistas que, en efecto, jugaron el papel de voceros oficiosos, de Jacobo Zabludovsky a Joaquín López Dóriga, sólo por mencionar a los más famosos. Pero los muertos son otros: los de a pie. Sus asesinos son casi siempre mafias locales protegidas por autoridades. Saben que actuarán con impunidad. Contamos algunos de estos casos en el libro Romper el silencio.

El periodismo es una industria quebrada. El internet lo llevó a la bancarrota y replanteó por completo la idea de comunicación que existió durante dos siglos. Hace unas semanas nos enteramos del colapso de otro medio de comunicación, el cierre de mexico.com, portal que dejó de pagarle a sus empleados. Este desfonde ha llevado al periodismo a depender de un puñado de fuentes de financiamiento. Enumero algunas: 

  1. Los magnates (como The Washington Post, adquirido por Jeff Bezos, el dueño de Amazon y hombre más rico del mundo).
  2. Los gobiernos (en la era de Enrique Peña Nieto se gastó 60 mil millones en medios de comunicación, y esa cifra sólo refleja lo que se pagó legalmente a las empresas de comunicación, no sabemos cuánto más fue por debajo del agua).
  3. Las ONG, en especial las internacionales, que financian investigaciones con agendas muy específicas, como la corrupción.
  4. Los propios colaboradores (algunos medios te dicen: “no te pago pero te hago famoso”).
  5. El dinero oscuro (de donde venga).
  6. Los lectores (algunos medios han logrado obtener ingresos sustanciales de sus suscriptores, como The New York Times y The Guardian; de los seis anteriores, éste es el único modelo no parasitario).

En la mayoría de los casos —salvo el star system— elegir el periodismo significa elegir una profesión precaria y riesgosa. Con las expresiones de López Obrador, también una profesión estigmatizada. Estamos ante un nuevo escenario: un presidente —y en eso se parece, por ejemplo, a Trump— que pretende comunicarse directamente con su audiencia (a través de las mañaneras y las benditas redes sociales); que aspira a controlar la agenda; que descalifica la información que no concuerde con su relato; que no distingue matices: por ejemplo como cuando insultó a los científicos, a quienes calificó de burócratas, como si fuera lo mismo un físico que un antropólogo. 

López Obrador narra un mundo de buenos y malos, de leales y adversarios. El mafioso de ayer es el aliado de hoy. El luchador social con el que se solidarizó ayer es hoy un conservador por oponerse a los megaproyectos. 

Sin prensa tendremos eso: un mundo en blanco y negro. ¿Necesitamos a la prensa? ¿A cuál? ¿Qué condiciones necesita para desarrollarse?

TE RECOMENDAMOS
Compartir: