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El dilema migratorio
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El dilema migratorio
Detenerlos o abrirle las puertas
30 Ene | 2020
Por: Jose Antonio Crespo
El dilema migratorio
Detenerlos o abrirle las puertas
Jose Antonio Crespo por: Jose Antonio Crespo
Ene 30, 2020
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Para todos los gobiernos de México, la migración que viene del sur ha representado un problema nada sencillo. Implica un dilema a partir del cual todas las opciones representan pagar un elevado costo. Si se usa la fuerza para detener a los migrantes se incurre en violaciones a derechos humanos, dando la imagen de un gobierno insensible, cerrado y represor. 

Si, en cambio, se abre los abrazos a los migrantes en disposición humanitaria, gran parte de la opinión nacional se mostrará en contra de eso, por brindar a extranjeros lo que los mexicanos no tienen de manera suficiente; empleo, educación, salud, etcétera. Pero además, dicha política genera fuertes tensiones con Estados Unidos, que desde luego exige que se detengan las olas migratorias desde Centroamérica.

En el caso de López Obrador, el costo de cualquiera de estas dos opciones básicas es aún mayor, pues lo obliga a contradecir varios de los principios que defendía con vehemencia desde la oposición. De optar por la apertura humanitaria, como lo hizo al principio de su gobierno (y que era parte central de su discurso), ello le genera una fuerte confrontación con Estados Unidos, que provocó su enérgica reacción y fuertes amenazas. 

Y eso, al final orilla a nuestro gobierno a mostrarse sumiso y entreguista a las demandas norteamericanas, justo lo que condenaba en los gobiernos del PRI y del PAN. Con mayor razón dado que AMLO sufre de agorafobia, es decir, miedo al mundo más allá de México, y en particular ante un personaje como Donald Trump. 

De ahí que haya dado plena libertad a Marcelo Ebrard para hacerse cargo de ese frente, a diferencia de lo que ocurre con el resto del gabinete, que en su mayoría fungen como floreros de adorno. Habiendo aceptado cerrar la frontera por imposición de Washington, el gobierno incurre también en mucho de lo que le criticó a otros gobiernos, cayendo en flagrante contradicción con sus principios originales.

AMLO fue advertido por expertos que eso ocurriría cuando, al inicio de este gobierno, optó por la política humanitaria de puertas abiertas. Y justo eso ocurrió con grave daño a la imagen del presidente, al grado en que en esa región se ve al gobierno mexicano como proyanqui, como un fuerte aliado de Trump, contrariamente a lo que esperaban de un gobierno presuntamente de izquierda. 

La contradicción resalta al revisar los escritos, mensajes, tuits y videos de López Obrador -y varios de sus ahora voceros o del padre Solalinde-, condenando duramente a Enrique Peña por dejarse intimidar por Trump y poner un freno represor en la frontera sur. Representan también un giro radical en el discurso; lo que antes se condenaba duramente, ahora se justifica mediante extraordinarias maromas.

Cuando este gobierno inauguró su política de apertura humanista, exaltándola con bombo y platillo, sus feligreses condenaban a los mexicanos que se oponían a ella, equiparándolos con los trumpistas, nazis y sumpremacistas norteamericanos.

Hoy, esos mismos devotos salen en defensa de la actual política de cerrazón, presentándola como razonable, sensata y desde luego, apegada a derecho (Porfirio Muñoz Ledo tiene otros datos, y de ahí que sus correligionarios hayan decidido mejor silenciarlo en el Congreso). Lo que en Peña era entreguismo, ahora es sensatez y realismo. Pero ocurre que cuando se aplica a los propios una vara diferente que a los adversarios, se hace inconscientemente. 

No se ve la contradicción inherente en la que se cae. Y es que en el discurso maniqueo del obradorismo a los buenos se les justifica que hagan lo mismo que los malos, pues eso adquiere un sentido distinto, justo porque son buenos (lógica circular). 

Lo único que en realidad queda claro que desde la oposición las cosas son muy distintas que desde el poder, y una vez ahí, se incurre en mucho de lo que se condenaba. Pero no se reconoce, sino que se inventan mil pretextos para no aceptar la contradicción (o hipocresía, en su caso). Como sea, este dilema migratorio, es para el gobierno de López Obrador uno de perder-perder.

@JACrespo1

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