Columnas
Foto: Cuartoscuro
Gobernando entre disimulo y teatro
Columnas
Gobernando entre disimulo y teatro
La intriga detrás del sacrificio de Porfirio
04 Sep | 2019
Por: Ricardo Pascoe Pierce
Gobernando entre disimulo y teatro
La intriga detrás del sacrificio de Porfirio
Ricardo Pascoe Pierce por: Ricardo Pascoe Pierce
Sep 04, 2019
Compartir

El conflicto suscitado en torno a la definición de la ocupación de la presidencia de la Cámara de Diputados ha evidenciado diferencias entre la agenda del presidente y la de Morena. En un principio parecía que la idea prolongar la permanencia de Morena otro año en ese puesto era una estrategia del gobierno federal. Y quizá lo era.

Porfirio Muñoz Ledo estuvo cómodo con la idea de seguir ocupando ilegalmente ese lugar y así lo anunció. Sin embargo, la ley estipulaba claramente que era el turno de la segunda fuerza en la Cámara baja – el PAN- para ocupar ese espacio de dirección. La pretensión continuista era ilegal.

La experiencia nos dicta que Morena no tiene ningún prurito con violar la ley las veces que considera necesario para lograr su objetivo de ocupar todos los espacios en el Estado mexicano. Pero aquí se topó con la realidad de compromisos internacionales previamente adquiridos con socios del T-MEC.

Era una coyuntura delicada para el gobierno federal por su conflicto sobre los gasoductos con inversionistas extranjeros. Ellos ven como el gobierno federal, junto con Morena, viola la ley frecuentemente, ignorando o rompiendo acuerdos, incluso los firmados. Era obvio que tendría un impacto público negativo que el  Congreso pisoteara su propia legislación vigente. El gobierno federal decidió mostrar cierto pudor  y ordenó cambiar la estrategia en la Cámara de Diputados.

De ahí que llegó el mensaje: hay que bajar a Porfirio de la presidencia de la Cámara de Diputados. Le permitieron, incluso, inventar su “salida honrosa”. Dijo, en un tweet, que “Se puede pasar a la historia sin tener poder”. ¿Qué quiso decir? Nada en realidad, excepto una obviedad. Porque él había dicho que se quedaba, lo que era ilegal, y luego se fue porque se lo ordenaron.

Pero las consideraciones de Estado fueron mayores. En el Primer Informe de Gobierno, el gobernante mostró una conciliación pública con la clase empresarial y quiso asegurarles que iba a respetar los acuerdos asumidos. 

Nunca en un Informe presidencial se había escuchado semejante zalamería de un Presidente para con los inversionistas privados extranjeros y nacionales. Sí López Obrador ofrecía un cambio con su gobierno, este era, al parecer, el cambio a que se refería.

Para disfrazar el significado de ese acuerdo, el presidente se ocultó detrás de un rudo ataque a la oposición, declarándole su “derrota moral”.  Pero eso era teatro. Lo que no era teatro fue que reafirmó su acuerdo con los inversionistas y nunca, jamás, criticó al crimen organizado ni el narcotráfico. 

Y para mostrar que es “hombre de palabra”, obligó a Morena en la Cámara de Diputados a respetar a la oposición y, principalmente, a los ordenamientos legales vigentes.  Morena, con muy poco pudor y algo de resistencia a la imposición del gobierno federal, se deshizo de Muñoz Ledo y modificó “poquito” la ley.

Entre teatro y disimulo, careciendo de planes bien pensados, excepto el objetivo de ganar las elecciones del 2021, el gobierno y su movimiento dirigen los destinos del país, largo día tras largo día. 

@rpascoep

TE RECOMENDAMOS
Compartir: