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Haití: Un presidente sin gobierno ni parlamento
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Haití: Un presidente sin gobierno ni parlamento
Una crisis de la que nadie habla
23 Ene | 2020
Por: Rodrigo Salazar Elena
Haití: Un presidente sin gobierno ni parlamento
Una crisis de la que nadie habla
Rodrigo Salazar Elena por: Rodrigo Salazar Elena
Ene 23, 2020
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Uno de los recursos usados por el gobierno de Nicolás Maduro en su transformación a una dictadura fue el persistente ataque al Congreso desde que la oposición ganara la mayoría de las diputaciones en la elección de 2015. 

Esto lo ha hecho combinando la persecución de sus integrantes (30 diputados se encuentran escondidos o exiliados), con la erosión del poder de la Asamblea Nacional mediante la elección de una Asamblea Constituyente en 2017 (que ha hecho muchas cosas, pero no una constitución).

Resulta que, al lado de la situación actual de Haití, en Venezuela las instituciones de la división de poderes son vigorosas y Maduro es un sutil y sofisticado estratega. El 13 de enero pasado, el presidente Jovenel Moïse anunció que había expirado el mandato de todos los miembros de la cámara baja y de dos tercios de los miembros del Senado.

Así que Haití no tiene poder legislativo y el presidente (como ve él mismo las cosas) está autorizado para gobernar por decreto.

En sentido estricto, Moïse tiene razón. El parlamento haitiano, con alrededor de 20 partidos representados en la cámara baja y unos 15 en el Senado, se ha mostrado más que propenso al estancamiento.

Por ejemplo, el parlamento no aprobó el presupuesto para los años 2019 y 2020. Asimismo, tras uno voto de censura contra el primer ministro Jean Henry Céant en marzo del año pasado, el parlamento rechazó dos propuestas hechas por el presidente. Bajo las normas semiparlamentarias de la constitución haitiana, esto significa que Haití no tiene gobierno.

En este espíritu, el parlamento no logró los acuerdos para emitir un nuevo código electoral ni para integrar al órgano encargado de organizar elecciones. Por ello, no tuvieron lugar las elecciones para los legisladores que sustituirían a los que, efectivamente, concluyeron su mandato el 13 de enero pasado.

Pero, en política, tener razón pocas veces es relevante. Moïse no es una figura que pueda generar el apoyo suficiente para calmar los ánimos mientras se normaliza la situación. Mas bien, parece que es difícil dar en Haití con una persona que no lo encuentre detestable. Las elecciones presidenciales de 2015 se tuvieron que repetir porque, para muchos, las ganó con fraude. En el segundo intento, tuvo un triunfo al parecer fue legítimo, pero con una participación del 21%.

A mediados de 2018, siguiendo una recomendación del FMI, eliminó el subsidio a la gasolina, provocando protestas tan intensas que de inmediato revirtió la decisión. Sin embargo, reportes de corrupción entre altos funcionarios, Moïse incluido, produjeron una renovación de las protestas que, hasta la fecha, han continuado. La respuesta de la policía ha sido más brutal incluso que en Nicaragua, y al momento se estima en 200 el número de muertos.

Moïse afirma que buscará un acuerdo con la oposición para formar un gobierno de unidad nacional que, junto con una asamblea constituyente, produzca este mismo año una constitución que sustituya a la actual, aprobada en 1987.

Puestos a imaginar, siempre existe la posibilidad de que se logre un acuerdo y los políticos produzcan una constitución con menos incentivos para la parálisis y el obstruccionismo. Dice Moïse que mientras tanto aprovechará poner fin a la depredación de los recursos del Estado (los manifestantes consideran que una condición para eso es la renuncia de Moïse, pero él, como quien oye llover).

Tal vez las cosas salgan como declara el presidente, y la situación actual sea vista en el futuro como una medida indeseable, pero necesaria que un visionario tuvo el valor de tomar. Pero en el presente tenemos un presidente altamente impopular, que enfrenta una crisis económica y social intensa, y que durante su mandato no ha sido capaz de producir acuerdos mínimos para la operación del gobierno. Los gobernantes en situaciones como esa típicamente se van a la mala o se quedan a la peor.

En mi trabajo he conocido a muchos jóvenes estudiantes haitianos. Suelen tener un gran talento y un alto compromiso con su país. Ojalá que Haití tenga un día políticos con al menos uno de esos atributos.

 

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