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La 4T realmente existente
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La 4T realmente existente
Es hora de bajarle dos rayitas a la promesa
15 Ene | 2020
Por: Facundo González Bárcenas
La 4T realmente existente
Es hora de bajarle dos rayitas a la promesa
Facundo González Bárcenas por: Facundo González Bárcenas
Ene 15, 2020
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Unos años antes de que se derrumbara el Muro de Berlín y se desintegrara el bloque de los países socialistas encabezado por la Unión Soviética, se acuñó el término  socialismo real o socialismo realmente existente. 

Con este concepto se pretendía marcar el contraste entre lo que el socialismo teórica o discursivamente prometió y lo que en realidad logró. No sólo se señalaban las promesas incumplidas del socialismo sino las características francamente rechazables de un estado burocrático y autoritario alejado de la utopía diseñada por los padres fundadores de esta corriente política. Se trataba, pues, de denunciar las diferencias entre el discurso y la realidad

Con la autodenominada Cuarta Transformación (4T) se tiene un caso semejante. La 4T y su indiscutible líder, Andrés Manuel López Obrador, han hecho promesas desmesuradas con las que nos auguran un país de felicidad plena para todos los mexicanos. 

Presentan la 4T como portadora de una transformación comparable a las que llevaron a cabo procesos como la Independencia, la Reforma y la Revolución. No se trata, según ellos, de un gobierno o de un sexenio más, sino de un “cambio de régimen” (sea lo que signifique). La 4T no se anda con pequeñeces, la 4T es cosa grande.

Una de las características de la 4T son sus excesos discursivos y el ejercicio de una  retórica que cada vez divergen más de los magros resultados que hasta ahora ha obtenido, sobre todo si los contrastamos con las pomposas promesas previas. 

En materia económica tenemos un crecimiento nulo durante el primer año de gobierno; en seguridad pública, parecen irrefrenables las diversas formas de violencia y su numerosa cauda de crímenes, asesinatos y desaparecidos.

En el ámbito propiamente político, se está avanzando en el camino que lleva a la concentración del poder y el debilitamiento de los contrapesos al Poder Ejecutivo, al alimón de una nítida personalización de la figura presidencial, lo que hace recordar etapas que creíamos superadas. 

En este marco, también avanza la tendencia a conformar un nuevo sistema de partido hegemónico, lo que sería un franco y grave retroceso de la democracia mexicana.

En política social se está privilegiando la distribución de dinero en efectivo a muy amplios sectores de la población a través de programas como Construyendo el Futuro o la Pensión Universal para Adultos Mayores, entre otros, de los que aún está por verse y evaluarse el impacto real que logren en el combate a la pobreza y la desigualdad, pero que sin duda están construyendo una amplia red de apoyo electoral.

Asimismo, no obstante el castigo financiero a otros relevantes programas gubernamentales, en el Presupuesto de Egresos también resulta prioritario el financiamiento de los proyectos insignia del titular de la Presidencia, como el rescate de PEMEX y la CFE, el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, Sembrando Vida, la refinería de Dos Bocas o el Tren Transístmico

En las políticas educativas y de salud, el gobierno de AMLO ha tenido decisiones erráticas: canceló la “mal llamada” reforma educativa y la sustituyó por otra “bien llamada” reforma educativa, con grandes semejanzas entre ambas, y ha iniciado de manera improvisada y atropellada el flamante INSABI que sustituirá al Seguro Popular

Se podrían mencionar ciertos logros del gobierno de la 4T, pues los tiene en algunas áreas. Sin embargo, su grandilocuencia obliga a que el criterio para evaluarla sea del tamaño de las expectativas que generó y de las pretensiones de la transformación que la propia 4T ha anunciado. 

Así, el gobierno de la 4T no debería ser evaluado con los mismos criterios que cualquier gobierno común y ordinario que, modestamente, sólo pretenda gobernar bien durante un sexenio. 

Por lo anterior, me parece que a la 4T le conviene disminuir su incontinencia verbal y bajarle dos o tres rayitas a la desmesura utópica de su pretendida transformación. Sin duda, el discurso político incide en la realidad política y es parte de ella, pero no la sustituye. 

Frente a la dureza de la realidad, el discurso tiene límites y no es suficiente emitirlo o escucharlo todas las mañanas para que la realidad cambie, sobre todo si lo que se busca es una transformación de las dimensiones de la Independencia, la Reforma o la Revolución. Entre las excesivas promesas de la 4T y la 4T realmente existente, cada vez habrá mayor distancia.  

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