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La contrarreforma educativa
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La contrarreforma educativa
Una regresión a las viejas formas
26 Sep | 2019
Por: Jose Antonio Crespo
La contrarreforma educativa
Una regresión a las viejas formas
Jose Antonio Crespo por: Jose Antonio Crespo
Sep 26, 2019
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El presidente López Obrador ha ofrecido una educación del nivel de Noruega, pero ahora más bien estamos experimentando una regresión a las viejas formas de la educación corporativa, politizada y de baja calidad. 

La reforma educativa de 2013 en realidad lo era laboral, como mucho se dijo. Lo que buscaba era recuperar el control de las plazas magisteriales por parte del Estado, pues había sido cedida al magisterio. 

Ese era un viejo arreglo con el régimen del PRI según el cual el Sindicato de maestros disponía como propiedad privada de las plazas y los ascensos a cambio de un respaldo político y electoral. 

Era parte del viejo pacto corporativo típico de la hegemonía priísta. La reforma de 2013 buscó modificar ese arreglo para dar mayor calidad y profesionalización a la educación, e imprimir en el ingreso y ascenso magisterial un elemento de meritocracia, como ocurre en todas las profesiones. 

Evidentemente el Magisterio protestó, pues vio mermados sus tradicionales privilegios. López Obrador respaldó a los maestros, con vistas a contar con su apoyo político y electoral. 

Acusó a dicha reforma de buscar la privatización de la educación, cuando en realidad lo que buscaba era mejorar la calidad de la educación pública, siempre en desventaja respecto de la privada. Había también un nuevo sistema de evaluación de los profesores para estimular su actualización y mejoramiento. 

Desde luego, la reforma era insuficiente, pero al menos recobraba el control de las plazas por parte del Estado, un paso no menor para mejorar el sistema en su conjunto. López Obrador le ofreció al Magisterio que de llegar al poder en 2018 echaría abajo dicha reforma, devolviéndoles parte de sus privilegios, asumiendo que constituyen sus legítimos derechos. 

Ahora lo está cumpliendo, a partir de una contrarreforma electoral respaldada por la mayoría que tiene Morena y sus partidos satélites. 

Ese paso devolverá buena parte de los privilegios del Magisterio, en detrimento de la preparación y profesionalización que debieran tener los maestros, además de devolver el uso político del ingreso y ascenso magisterial, como en los viejos tiempos. 

A cambio de lo cual, el Sindicato seguramente ofrecerá respaldo político y electoral al gobierno de López Obrador. Un retorno al viejo corporativismo sindical. Mientras tanto se deja de lado el verdadero problema de la educación pública; la falta de recursos para varios pendientes, como contar con instalaciones adecuadas, electricidad, acceso al internet y salarios justos a los mentores además de una capacitación adecuada. 

Se requeriría también equipar a los alumnos con aditamentos electrónicos para que pudieran acceder a ese conocimiento y lenguaje que hoy por hoy constituye el equivalente a la alfabetización de antaño. Sin tales conocimientos, los alumnos quedarán fuera de la preparación que se requiere actualmente. 

Hay un enorme déficit en todo ello, por lo que en realidad la reforma educativa tendría que contar con muchos más recursos, para dar el impulso fundamental a la calidad de los maestros y el aprendizaje adecuado a los alumnos. 

Paradójicamente, además de devolver los antiguos privilegios al magisterio, se reduce en 40% el presupuesto para las escuelas normales, con lo cual la calidad de la preparación irá a la baja, en lugar de mejorar. 

Un gobierno progresista y comprometido con la educación como palanca de desarrollo y justicia social debiera incluso sacrificar algunas obras que están de sobra y que exigen grandes recursos, para destinar esos fondos a la educación. 

Al no ser así, se seguirá abriendo la brecha entre educación privada y educación pública, que a quienes más afecta es justo a los segmentos sociales a los que más se pretende proteger y promover. Todo ello por devolver a la educación la politización que en 2013 se había intentado superar.  

En lugar de educación estilo noruego, volveremos en buena parte a la del antiguo régimen priísta. 

@JACrespo1

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