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Foto: Margarito Pérez Retana/Cuartoscuro
Cuestione | La corrupción es una inversión
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La corrupción es una inversión
Políticos anteponen sus intereses personales
22 Ene | 2019
Por: Rodrigo Salazar Elena
La corrupción es una inversión
Políticos anteponen sus intereses personales
Cuestione | Rodrigo Salazar Elena por: Rodrigo Salazar Elena
Ene 22, 2019
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La corrupción es evidencia clara de que los políticos anteponen sus intereses personales sobre el interés público, abusando de su acceso privilegiado tanto al erario como a los centros de la toma de decisiones. La democracia proporciona un incentivo muy particular para la corrupción. Ganar elecciones es muy caro. Incluso cuando, como en México, los partidos reciben financiamiento público, cuando la competencia electoral es muy cerrada el acceso a recursos adicionales puede hacer la diferencia.

La corrupción es por su naturaleza una actividad que no se observa a menos que se ponga mucha atención. Lo crucial, entonces, es dónde concentrar nuestra atención. ¿Por qué un agente económico accedería a darle carretadas de dinero a alguno de los competidores? Esto debe verse como una inversión de la que se espera obtener un rendimiento futuro. Esto quiere decir que sería raro ver que los hechos de corrupción involucran a partidos marginales permanentemente excluidos del poder, a no ser que sea ofreciendo su mediación con organizaciones realmente poderosas.

Los agentes económicos pueden entregar los recursos a cambio de una promesa que se cumplirá si el candidato triunfa. Esta es una inversión arriesgada, pues el candidato beneficiario podría perder. Existen dos formas, al menos, de proteger la inversión frente a la incertidumbre inherente a las elecciones competitivas. La primera consiste en diversificar el portafolios: en vez de financiar la campaña de uno de los contendientes fuertes, financiaré la campaña de los dos contendientes con mejores perspectivas. Así, aunque uno de ellos sin duda perderá, yo ganaré en todos los escenarios.

El grado en que estos intercambios pueden ser considerados como corrupción en realidad depende de las leyes sobre financiamiento de campaña y donaciones. Por otro lado, aún si de esta forma se garantiza que el ganador le “debe” el triunfo al inversionista, nada protege a este último contra la posibilidad de que tal ganador decida no cumplir de sus promesas.

El otro mecanismo para proteger la inversión contra la incertidumbre electoral es más eficaz, porque no depende de promesas y tiene una relación más clara con la corrupción. Se trata de arreglos alrededor de la obra pública.

Un proveedor puede enviar sus carretadas de dinero una vez que se ha hecho del contrato. Existen otros mecanismos más sutiles, como estimar un presupuesto inflado. El agente económico entrega al político la diferencia entre el valor presupuestado y el valor real de la obra. Así, nunca se desprende de un peso suyo, no lo vaya a extrañar, y los costos son en realidad absorbidos por la ciudadanía que recibe un servicio de calidad inferior al precio pagado.

En síntesis, la corrupción puede ser intrínseca a las elecciones competitivas. Si se la quiere atacar, lo mejor es buscarla entre los actores políticos con una verdadera capacidad de decisión, especialmente los partidos en el poder ejecutivo.

Aunque sin duda algo hay de eso, el nivel de gasto de los políticos no es el mejor indicador de corrupción. Tampoco parece el mejor camino buscar en el financiamiento de campaña. Es más probable que se dé en los contratos de obra pública, especialmente en las grandes inversiones de infraestructura, cuyas magnitudes permiten ocultar los sobreprecios y que ofrecen a los contratistas una inversión sin riesgos. En la siguiente entrega revisaremos algunas experiencias en el combate a este mal.

 

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