Columnas
La LOAPF y los 4 hombres del Presidente
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La LOAPF y los 4 hombres del Presidente
¿Quiénes controlan la Administración Pública?
10 Dic | 2018
Por: Gaznápiro Franco
La LOAPF y los 4 hombres del Presidente
¿Quiénes controlan la Administración Pública?
Gaznápiro Franco por: Gaznápiro Franco
Dic 10, 2018
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Un innegable aliento centralista tiene la reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (LOAPF), recientemente aprobada por el Congreso, la cual crea el andamiaje institucional por donde transitará la llamada Cuarta Transformación.

Desde la perspectiva administrativa, esa reforma mutila por un lado, pero instituye por otro, líneas jerárquicas y de control del Presidente de la República hacia sus subalternos, y establece nuevos niveles de proximidad de, al menos, cuatro funcionarios, quienes serán, para ese fin, los verdaderos hombres del presidente.

Si bien se ha visto, de alguna manera, quiénes gravitan en ese primer entorno de influencia, la nueva LOAPF ya lo esclarece de manera determinante. Serán los operadores constantes, cotidianos, del día a día.

 

El hombre clave

En principio, la reforma empodera a un secretario: Carlos Urzúa, futuro titular de Hacienda, quien asume poderes, antes conferidos al resto de los titulares de las dependencias.

Ese poder no es otra cosa que la facultad de designar en cada una de las secretarías de Estado, a quien encabezará la nueva figura de la administración pública, que sustituye a las Oficialías Mayores (salvo en Defensa, Marina y la propia Hacienda): las unidades de Administración y Finanzas.

Ello se traduce en la concentración total en sus manos prácticamente el ejercicio de la totalidad del gasto: adquisiciones, pagos, contrataciones. Si así lo quisiera, desde la compra de un lápiz hasta un lote millonario de medicinas; desde la contratación de un archivista hasta un experto en compras de gobierno.

Esto es relevante porque implica cercenar un brazo operativo de los secretarios de Estado: una buena parte de la maniobrabilidad política está intrínsecamente vinculada al control del dinero.

Quienes tienen conocimiento práctico sobre la operación cotidiana de las secretarías anticipan que habrá grandes retos para que la nueva estructura funcione.

Para empezar la dualidad que se establece respecto al organigrama, pues los nuevos titulares de las unidades de administración y finanzas le tendrán lealtad absoluta a un secretario, al que los nombra, pero deberán reportar y atender las necesidades operativas de otro.

Se va a requerir mucho talento y oficio para evitar confrontaciones en el tema de las erogaciones. Hay quien considera que ese ajuste es un mensaje a los secretarios para que no osen “manosear” el presupuesto. Sin embargo, los titulares de las unidades pueden eventualmente convertirse en un obstáculo para el más acertado y conveniente ejercicio del presupuesto, si no conocen las muy particulares necesidades de las secretarías a la cual queden adscritos.

¿Avisora esta nueva estructura rispidez entre un secretario y su administrador? ¿Puede haber hasta confrontación entre ellos al interior de las dependencias que eventualmente entorpezca el logro de resultados? Eso es lo que hay que ver.

 

Superconsejero jurídico

Una segunda vertiente de cambios en la LOAPF es la que confiere al Consejero Jurídico de la Presidencia de la República, Julio Scherer Ibarra, la capacidad de nombrar y en su caso remover a los titulares de las “unidades encargadas del apoyo jurídico de las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal”.

Aquí ocurre, como en el caso anterior, que el jurídico atenderá los asuntos de las secretarías, pero su nombramiento se lo deberá en todo momento al Consejero Jurídico. Esto le resta poder a los secretarios sobre las áreas contenciosas y, en su caso, en las que inciden en los procesos legislativos, también fundamentales en la articulación del ejercicio administrativo y político. (Aquí se podrían mencionar las reformas educativa y para la creación de la Guardia Nacional).

Está más que claro que la construcción legal de la Cuarta Transformación, que implica, según hemos visto, un ambicioso proceso de reformas constitucionales y de leyes secundarias, habrá de generarse o transitar forzosamente por el escritorio de este funcionario. Cada una de las reformas requerirán de su visto bueno.

 

¿Quién será el jefe de los superdelegados?

En tercer hombre que adquiere un gran poder es Gabriel García Hernández, exsecretario de Morena, quien se convertirá en Coordinador General de Programas para el Desarrollo —con adscripción, para formalismos legales, a la nueva Secretaría del Bienestar—, y será el jefe de directo de los llamados “superdelegados”.

Esa nueva figura, en realidad llamada “Delegaciones de Programas para el Desarrollo”, es la que ya generó los primeros rifirrafes entre los gobernadores y el gobierno federal, al considerar los primeros que esa especie de “virreyes” socavan su poder político.

Particularmente ofendió a los gobernadores que se les pusieran desde el centro, también para controlar las estrategias de seguridad.

Sobre a quién rendirá cuentas el jefe de los superdelegados, la ley subraya que “el Ejecutivo Federal contará con la coordinación General de Programas para el Desarrollo bajo el mando directo del Presidente de la República”. Así que, está más que claro a quién rendirá cuentas el jefe de los superdelegados y éstos mismos, quienes, se ha visto, son figuras prominentes en la política local de los estados a los que estarán asignados.

 

La cuarta pieza

El cuarto hombre fundamental en la operación del Presidente es el vocero, Jesús Ramírez, que tendrá bajo su mando a las áreas de comunicación social. No se trata en los hechos de una figura nueva. En las pasadas administraciones esta centralización se materializó en varios funcionarios, quienes tenían como tarea incidir en el proceso de articulación de la opinión pública.

Su poder, en gran medida, radica en la forma en que se asigna el presupuesto oficial para comunicación social --aunque éste vaya a sufrir una merma-- y en la capacidad de gestión de la agenda mediática gubernamental teniendo a ese presupuesto como base. Un poder político de gran dimensión.  

Así que la nueva LOAPF arroja muchas pistas sobre quiénes, en la Cuarta Transformación, con poder real, serán los verdaderos hombres del presidente. Lo veremos.

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