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La muerte y la furia
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La muerte y la furia
Es un grito persistente y agobiante
05 Nov | 2019
Por: Andrés Pascoe Rippey
La muerte y la furia
Es un grito persistente y agobiante
Andrés Pascoe Rippey por: Andrés Pascoe Rippey
Nov 05, 2019
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Se cumplieron 105 años del natalicio de Dylan Thomas, el transgresor poeta irlandés que redefinió los límites de la poesía. Thomas no es necesariamente el “mejor” poeta –el más perfecto es, claramente, Walt Whitman– pero es sin duda mi favorito.

Muy en la lógica limítrofe de Nicanor Parra, quien también acaba de cumplir 100 años pero sigue vivo, Dylan tomó la experiencia humana para hacer una poesía al mismo tiempo accesible pero filosóficamente profunda.

En estos días aciagos que vive nuestra patria –desde lejos la atmósfera de México se siente aún más opresora y oscura que estando allá– no puedo dejar de pensar en Dylan Thomas y el poder de sus palabras.

Resuenan en mi cabeza frases y líneas que me trozan y me tocan, sobre todo cuando leo indignado lo que pasa en México. Vuelvo una y otra vez al A Refusal to Mourn the Death, by Fire, of a Child in London. No tendré la osadía de traducir poéticamente a Thomas, pero les puedo contar esto: el poema debe ser leído de golpe, sin tomar aire hasta llegar al primer punto. Es un grito persistente y agobiante de rabia por la muerte cruel e injusta de una niña en un incendio, pero puede aplicarse a cualquier muerte horrible, evitable, como las que empezamos a ver cada día.

Pero sobre todo, es una declaración indignada: no haré luto. El luto, lo sabemos, es sano para curar heridas. Sin embargo, hay lutos que no deben hacerse. No habrá luto para esta muerte, dice Thomas, ni lo habrá para los desaparecidos o los asesinados. No habrá luto porque no deberían estar perdidos, porque no hay perdón posible para estos crímenes. Por sus padres, madres, por sus hermanos, hermanas, debemos negarnos al luto. Thomas se niega a “blasfemar” la memoria de la niña con “graves verdades”, sólo nos dice que tras la primera muerte, no hay otra.

Y vuelvo también a quizá su más famoso poema, Do Not Go Gentle Into That Good NightEl poema, escrito para su padre agonizante, es una súplica a la furia de la vida: Rage, rage against the dying of the light, suplica el poeta, exigiendo que tenga el valor, el coraje, la sabiduría de pelear por vivir. Los hombres sabios saben que la oscuridad es correcta al final, y sin embargo, Dylan suplica do not go gentle. No te vayas sin pelear. Los hombres buenos, los últimos que quedan, saben que es poco lo que han logrado, pero luchan y luchan contra la oscuridad.

Es un poema conmovedor y profundo, que me hace pensar en que nuestra nación demanda de nosotros. Mucho valor, mucha indignación, pero también la sabiduría de luchar contra la oscuridad y no hacia ella. Porque nuestra primera acción contra la corrupción, contra la maldad, contra los horrores de aquellos que dañan, debe ser convertirnos en mejores personas. La generosidad es, lo he dicho antes, el mayor acto de rebeldía en este mundo actual.

Al final vuelvo a Dylan Thomas y me resuena un poema en particular, no el más conocido pero, para mí, uno de los más profundos: Being but Men. Sólo somos hombres, y por tanto, caminamos entre los árboles, rompiendo y chocando, destruyendo, perdidos; si fuésemos como niños, si tan solo fuéramos como niños, podríamos subir los árboles sin dañar sus ramas y mirar con asombro las estrellas y de nuestro caos podría salir alegría.

Pero sólo somos hombres.

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