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Legitimidad vs democracia
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Legitimidad vs democracia
Resta fuerza y autonomía de instituciones
20 Nov | 2019
Por: Jose Antonio Crespo
Legitimidad vs democracia
Resta fuerza y autonomía de instituciones
Jose Antonio Crespo por: Jose Antonio Crespo
Nov 20, 2019
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El régimen priísta gozó en sus inicios de una legitimidad de origen revolucionario - que no es democrática, pero muy eficaz - por varios años. Conforme pasa el tiempo, esa legitimidad se desgasta y debe ser sustituida por otra. 

Los gobiernos del PRI, a partir de los cuarenta, lograron legitimarse por desempeño, tanto con un crecimiento económico sostenido como por algunos avances sociales (si bien limitados). 

Cuando esa tendencia también perdió fuerza, el régimen se quedó con muy poca legitimidad. Esa debilidad lo obligó a ir abriendo gradualmente el sistema para recuperar algo de legitimidad política

Vino la reforma política de 1979 que abrió el espectro, pero sin poner en riesgo la hegemonía priísta. Más adelante, tras la insurrección de 1988, hubo de hacer nuevas reformas electorales que otorgaban mayor competencia, equidad, transparencia (aunque no fuera al 100%). 

Fue el caso de las reformas de 1990, 1993, 1994 y finalmente la de 1997 que cruzó el umbral de la competitividad electoral. Al mismo tiempo, el monopolio priísta de los gobiernos se fue rompiendo al reconocer triunfos en los estados, a partir de 1989 y en 1997 en la capital. Y finalmente, en el año 2000 no pudo ya impedirse la alternancia presidencial. De haberlo intentado se hubiera producido una catástrofe política y económica, mayor que la de 1988.

En otras palabras, a menor legitimidad política de esos gobiernos, hubo mayor apertura democrática. Igualmente, la enorme corrupción obligaba a los gobiernos entrantes a llamar a cuentas a peces gordos, cada vez más pesados; Jorge Díaz Serrano, Arturo Durazo, La Quina, Raúl Salinas (de la familia presidencial) son ejemplos de ello. 

Eso no terminó con la corrupción, pero al menos dejaba algunos precedentes contra ella. Pero por esa misma lógica, un gobierno que llegó con la mayor legitimidad democrática hizo muy poco por continuar el avance democrático; se trata de Vicente Fox, quien había prometido combatir seriamente la corrupción, terminar con la impunidad y llamar a cuentas a los peces gordos de la corrupción, además de dar fin al corporativismo sindical. 

Nada de eso hizo; extendió carta de impunidad a los peces gordos del priísmo, y no hizo gran cosa por combatir la corrupción (en la que incluso incurrieron cercanos a él), además de aliarse con el mayor símbolo del corporativismo; Elba Esther Gordillo.

¿Cómo es que un gobierno con origen democrático y con gran legitimidad hizo tan poco por profundizar la democracia? Por gozar de gran legitimidad. 

Fox, a diferencia de los gobiernos priístas previos, no sintió la presión de seguir abriendo el sistema para legitimarse; ya tenía legitimidad obtenida en las urnas. Cierto es que la fue perdiendo por un pobre desempeño, pero él apostó a dicha legitimidad para dar incluso pasos en sentido contrario, como fue el caso del desafuero contra López Obrador, un claro uso político de la justicia. 

Ahora con López Obrador está ocurriendo algo parecido. Llegó al poder por vía democrática tras un enorme desgaste y desprestigio de los partidos tradicionales, y con el respaldo de 53 % del electorado, el mayor y menos controvertible en décadas. 

Y justo por gozar de tanta legitimidad democrática y el respaldo – en buena parte incondicional - de millones de ciudadanos, no siente la motivación para continuar y profundizar con la democratización recorrida entre 1988 y 2000. 

Está utilizando dicho respaldo para lo contrario; restar fuerza y autonomía a instituciones que constitucionalmente deben tenerla; limitar la influencia de la oposición, restringir a los gobernadores de oposición, usar los programas sociales con fines electorales (como lo hacía el PRI), rehacer en su favor el corporativismo sindical, cambiar la ley a modo saltando los procesos constitucionales (la Ley Bonilla). 

Puede usar la ley de manera selectiva, para llamar a cuentas a antiguos enemigos pero ser generoso con sus aliados. De nuevo, como ocurrió con Fox, la enorme legitimidad política de AMLO está jugando contra la democracia.  

@JACrespo1

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