Columnas
Lo que tenemos es hueva
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Lo que tenemos es hueva
Esto no es un virus contagioso en el aire
16 Ene | 2020
Por: L’amargeitor
Lo que tenemos es hueva
Esto no es un virus contagioso en el aire
L’amargeitor por: L’amargeitor
Ene 16, 2020
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Hace unos días fuimos a casa de unos amigos a pasar el fin de semana. Éramos varios, todos con hijos y el plan era alberca, tenis, fut y demases actividades. Convivencia familiar en su más puro estilo.

Solo había una niña de la edad de la mía con la que siempre se ha llevado súper y a quien siempre le da gusto ver. Al despertar el sábado por la mañana y preguntar qué tal habían pasado la noche y cuánto habían comadreando, la respuesta fue: “de flojera mamá, sutanita no me dirigió la palabra porque se pasó la noche viendo su teléfono…” 

Acto seguido sugerí a mis amigos que optáramos por anunciar que durante el día se guardarían las pantallas para que se dedicaran a “usar” las instalaciones y convivir… un amigo, recientemente divorciado me dijo:

 “¿Te digo una cosa? Yo solo veo a mis hijos cada 15 días y la verdad no me voy a estar peleando con ellos por esto, o por nada más, si se quieren pegar que se peguen, pero que no tengan la imagen de que su papá les está dando lata”. 

Esta situación se repite sin cesar, y de más en más en casi todos los eventos, viajes y actividades a las que hemos asistido: los chavos succionados por las pantallas todo-el-pinche-día ¡y noche! y los papás y mamás con respuestas similares “¡ay güey ya! estoy harta de estarme peleando, neta ya, es fin de semana que haga lo que quiera”. “¿Qué te digo amiga, uno tiene que elegir sus batallas?”. “Hija, neta, reláaajate todos los chavos están en esas y ahora así es la onda”. “Me caga la pantalla pero ni modo que se la quite, tengo que respetar su espacio”…

No pin-ches-ma-men

#TodoMal

Que cada quién es libre de hacer su regalada gana con su manera de crecer hijos, sí, cien por ciento. Que hay que elegir las batallas, ¡absolutamente! Y que separarse y re-aprender a ser papá o mamá soltero está cañón y debe de ser enormemente doloroso y complicado, no me queda la menor duda.

Pero…

La cosa es que, para variar, no estamos pensando en las consecuencias de las decisiones cotidianas que va a tener la opción, aparentemente más fácil, en el futuro de nuestros hijos.

Porque les tengo dos noticias:

La primera, es que los hijos, necesitan permanentemente caso, amor, límites y contención de SUS DOS PAPÁS sin importar si viven juntos, separados, o separados pero juntos. Sus problemas de pareja y su situación civil es COMPLETAMENTE independiente a la relación y compromiso con cada uno de sus hijos y su ubicación física geográfica no puede ser, de ninguna manera, una excusa para hacerse pendejos.

La segunda, que al elegir dejar que se abandonen a la pantalla estamos haciéndoles un daño irreversible para el resto de sus vidas.

Abandonarse a la pantalla se traduce en dejar de convivir, de moverse, de imaginar, de hablar, de socializar, de reír y saberse relacionar o reflexionar. Estar como zombie frente a un jueguito o escroleando en Instagram hace que uno se aletargue, se ponga violento o se compare con vidas y circunstancias llenas de filtros que nos hacen sentir insatisfechos con nuestra propia vida y es uno de los orígenes de la depresión. Además, demasiadas horas pegados hace que después no sepamos qué hacer sin una pantalla y no sepamos esperar, observar ¡jugar! o simplemente no hacer nada y solo pensar y hacer un poco de introspección. 

Me parece gravísimo que la batalla que estamos eligiendo no pelear sea esa y gravísimo también que no entendamos que la descripción del puesto incluye hacer t-o-d-o lo que se tenga que hacer por la salud mental, física y emocional de estas personitas to-dos-los-días mientras seamos el adulto responsable a cargo.

¡Explíquenme, por favor, en qué parte nuestros hijos van a estar mejor si los dejamos hacer su chingada gana y lo único que nos importa es que nos vean como sus cuates! 

No se confundan, uno puede tener una EXTRAORDINARIA y muy cercana relación con los hijos y, paralelamente, ser una figura de autoridad, la persona que pone las reglas, toma las decisiones, define los lineamientos de convivencia y, por supuesto, del ejemplo.

Lo que tenemos es hueva.

Porque sí, pelear contra la pantalla es una guerra permanente, agotadora y por decir lo menos, desesperante. Y sí. Es un millón de veces más fácil hacerse güey y no tenernos que ocupar de nuestros hijos por horas, o que hagan lo que les dé la gana y no tengamos que tener diálogos, ni negociar nada.

Pero… ¿eso es lo que queremos?

¿No conocer a nuestros hijos? ¿Permitirles que se aíslen? ¿Qué no sepan conversar? ¿Hacer amigos, adaptarse, estar? ¿Defender sus opiniones? ¿Respetar la autoridad? ¿Qué dejen de aprender a ser tolerantes, resilientes empáticos, creativos?

¡Claro que no!... pero qué hueva… que lo haga su mamá que al fin con ella viven, o nadie y que vivamos “felices” y cada quién se apendeje en su teléfono.

Y así nos vamos buscando excusas, postergando límites, dejando que el monstruo se haga cada vez más grande, permitiendo que nuestros chavos se vuelvan unos pelados, que ignoren absolutamente a cualquier ser humano que no esté dentro de su maquinita, no contesten, no interactúen, no se interesen por nada ni nadie ni les importe conectar con nada que no tenga wifi.

Esto, como les digo, nos ha pasado últimamente, y prácticamente en todos los planes familiares a donde hemos ido. ¡En algunos casos es tan grave que son mis hijos los que mientan madres y ya se quieren ir! Claro que ellos llevan también su pantalla y claro que entiendo que no podemos ir contra la tecnología y que esta es una manera para ellos de socializar y de conectar, ¡claro! Pero tiene que estar regulada. Tiene que tener tiempos -¡que no son las 12 del día en una casa espectacular en Cuernavaca!-. Tienen que saber que la pantalla es una actividad más, no el centro de la vida y que estar presentes es la prioridad. Que cuando alguien te habla, te quitas los audífonos, bajas tu pantalla y miras a la otra persona. Que el teléfono ¡se apaga! en las noches y no se queda dentro de los cuartos. Que no se va en el coche con la nariz metida permanentemente. Que hay que ver por la ventana, platicar con el de junto y observar el mundo. Que a veces, uno se aburre y se sobrevive. Que la pantalla se guarda y no se trae pegada en la mano permanentemente. Que en la mesa jamás se usa y que no invitas amigos para jugar en las pantallas, sino para jugar con ellos.

¿Se imaginan hacer una cena en su casa y que, al llegar los invitados, ustedes se la pasaran en Instagram y no cruzaran palabra con sus visitas? ¿Lo harían? ¡Obvio noooo! ¿Entonces? ¿Por qué está ok que sus hijos sí lo hagan?

Es.Exactamente.Lo.Mismo y es una majadería…

Pero sobretodo es una tragedia.

¿Cuándo van a aprender estos chavos a convivir si no lo estamos fomentando? 

¿A relacionarse? ¿A salirse de su zona de confort? ¿A probar cosas distintas? ¿A estar incómodos y conocer gente nueva? ¿A profundizar sus relaciones? ¿A abrir sus círculos? ¿Cuándo van a jugar estos niños con otros niños en el jardín? ¿A hacer galletas o hacerse peinados? Ya olvídense del resorte y las matatenas, que nosotras a los 14 seguíamos jugando… lo de verse a los ojos… ¿cuándo?

Permitir que estén cocidos a la pantalla es malo para su salud mental y pésimo para sus habilidades de sociabilización.

Pueden buscar todas las excusas que quieran y hacerse todo lo mensos que les guste, pero lavarse las manos ante este tema es simplemente irresponsable y el costo va a ser alto: ¿ya escucharon a su alrededor cuántos chavos están con temas severos, medicados y completamente deprimidos? ¿Ya vieron los índices de suicidio en jóvenes? ¿Ya saben que la Organización Mundial de la Salud pronosticó que la depresión será la primera causa de discapacidad a partir de este año?

Esto no es un virus contagioso en el aire.

Es una decisión que hemos tomado como padres de familia de “dejar de pelear batallas y ser muy alivianados”. 

Es un error. 

Y de todas las batallas que representa tener hijos, esta, es una que yo no estoy dispuesta a dejar de pelear, incluso si incluye incomodar a mis amigos.

¿Qué vas a hacer tú?

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