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Los pluris
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Los pluris
El problema de la representatividad
13 Dic | 2019
Por: Rodrigo Salazar Elena
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El problema de la representatividad
Rodrigo Salazar Elena por: Rodrigo Salazar Elena
Dic 13, 2019
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En 1997, Ernesto Zedillo se convirtió en el primer presidente priista que no contaba con una mayoría absoluta de copartidarios en la Cámara de Diputados. Aunque faltaban tres años para ver al primer candidato presidencial priista en conocer el amargo sabor de la derrota electora, se puede decir que a partir de ese momento la política mexicana tenía una dinámica propiamente democrática. Para aprobar legislación ordinaria, el presidente ahora requería de negociar con la oposición. Ni modo.

En esa ocasión, el PRI consiguió 239 diputados o el 47.8% de los 500 que componen la cámara baja. Dado que este partido obtuvo 40% de los votos, parece razonable que no cuente con los legisladores suficientes para legislar por sí mismo. Pero, si tomamos en cuenta una únicamente a los distritos en los que se elige a los representantes por el principio de mayoría, resulta que el PRI se llevó el triunfo en 165 de ellos: el 55% de los 300

Sólo por el hecho de contar con 200 diputados por el principio de representación proporcional es que se logró una mayor cercanía entre las preferencias de los votantes y la distribución de las diputaciones.

La sobrerepresentación inducida por los distritos de mayoría es contrarrestada por los diputados electos por representación proporcional; los “pluris”, pa’ los cuates… si los tuvieran, pues en general son muy impopulares. Desde Fox a la fecha, el partido que ocupa la presidencia promueve la idea de suprimir plurinominales, como hace hoy Morena. Son caros, se dice, y nadie votó por ellos.

Hubo una época en que este no fue un problema. Hasta principios de los 60, todos los diputados eran electos por mayoría simple. También eran todos priistas. La proporcionalidad se estrenó en las elecciones de 1964 con apenas un puñado de curules. A partir de las elecciones de 1979, se estableció que fuesen 100 diputaciones, que desde las elecciones de 1988 aumentaron a las 200 actuales. 

Su objetivo fue siempre limitar la capacidad del partido gobernante para comportarse como si fuese la única fuerza de un país plural. De hecho, el incremento del componente proporcional es tanto síntoma de la democratización del país como condición de los avances posteriores.

Por lo dicho antes, es claro que el partido en el gobierno busca que el principio mayoritario haga su “magia” y le produzca más del 50% de las diputaciones sin el fastidio de conseguir más del 50% de los votos. En 2018, Morena y sus aliados obtuvieron el 43.6% de los votos. Pero 2021 la presidencia ya no está de por medio y los electores notarán que, sin López Obrador, Morena es básicamente el PRD, y cabe esperar una menor votación. 

Eso no necesariamente quiere decir que los argumentos para suprimir pluris sean malos. Veamos el primero. Son caros. Esto era algo que ya se argumentaba cuando Felipe Calderón hizo su propia luchita en contra de la representación proporcional, pero es una razón más apremiante bajo la lógica cuentachiles del gobierno actual. 

Ignoro cuánto cuesta un diputado. Lo que no creo es que sea más caro el pluri que el de mayoría. Si se desea ahorrarse el costo de 100 diputados, no hay razón por la que todos deba ser pluris. Si se eliminan 60 de mayoría y 40 por representación proporcional, los 160 pluris restantes serían el 40% de la Cámara, igual que hoy. 

Cuando se dice que “nadie votó” por los pluris, en cambio, se alude a un problema real de representatividad. Las listas de candidaturas son “cerradas”. Si un partido recibe el 10% de los votos, le corresponden aproximadamente 20 pluris de la lista de 200 candidatos del partido. Estos serán los que ocupen los 20 primeros lugares de la lista. Si Luisito Rey estaba en el lugar 7 de la lista y Luis Miguel (de niño) en el 23, el primero va a entrar y el segundo no, sin que usted pueda hacer nada para evitarlo.

Una vez más, eso se puede resolver sin necesidad de elevar el componente proporcional. En las listas abiertas, usted deposita su voto por su candidato preferido dentro de la lista. El partido recibe una cantidad de escaños proporcional a los votos recibidos por su lista, pero el orden en que se asignan los escaños se corresponde con los votos individuales de cada candidato: ninguna diputación para Luisito Rey (o personajes casi tan siniestros como Romero Deschamps, Elba Esther o el Niño Verde). 

Se puede tener un cuerpo legislativo más reducido y vinculado a los votantes sin renunciar al freno a las mayorías artificiales que da la proporcionalidad. Lo único que falta es una fuerza política interesada en promover reformas más allá del beneficio inmediato.

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