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Mitos y realidades del Insabi
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Mitos y realidades del Insabi
Adiós Seguro Popular
14 Ene | 2020
Por: Luis Enrique Pereda Trejo
Mitos y realidades del Insabi
Adiós Seguro Popular
Luis Enrique Pereda Trejo por: Luis Enrique Pereda Trejo
Ene 14, 2020
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Los grandes éxitos de cualquier gobierno se explican por una mezcla de innovación e ingenio, sobre una base de esfuerzos anteriores, ajustes pertinentes y concatenación de experiencias. Nada de esto se encuentra en el nacimiento del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), por el contrario, casi es posible oler el aroma de la pólvora con la que se dinamitó cualquier vestigio de su antecedente más inmediato: el Seguro Popular. 

Desde 2003 y hasta el año pasado, las personas que no contaban con seguridad social (es decir, que no eran derechohabientes del IMSS o del ISSSTE o de algún otro servicio de salud pública), pero que sí eran afiliados al Seguro Popular, podían cruzar los grandes abismos que enfermedades catastróficas, como el cáncer, representan para las finanzas de cualquier familia en cualquier país del mundo.

¿Este era un puente para todos? No, solo para las personas afiliadas, que por cierto llegaron a ser más de 50 millones. ¿Las personas afiliadas tenían que pagar cuotas? Sí, eran cuotas que se determinaban a partir de un estudio socioeconómico y existían varios supuestos en los que no era necesario pagar nada. La existencia de dichas cuotas servía para garantizar la disponibilidad de recursos. 

Ahora, con la promesa de que el Insabi permitirá que todas las personas sin seguridad social, que se encuentren en el país (lo cual incluye migrantes), recibirán de forma gratuita la prestación de servicios públicos de salud, medicamentos y demás insumos asociados, se presentan grandes cuestionamientos respecto a la viabilidad financiera del esquema de universalidad introducido en la Ley General de Salud, así como de la decisión de acabar con el Seguro Popular, sin tener listo su sustituto, lo que ha generado incertidumbre entre los servidores públicos encargados de darle vida al nuevo instituto y la población sin seguridad social que necesita atención médica. 

Aquí algunos mitos y realidades del Insabi: 

En el apartado de política social del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, publicado en julio del año pasado, se contemplaba la existencia del Instituto Nacional (sic) de Salud para el Bienestar, el cual tiene como objetivo garantizar que, hacia 2024, todas y todos los habitantes de México puedan recibir atención médica y hospitalaria gratuita, incluidos el suministro de medicamentos, materiales de curación y los exámenes clínicos.

La pregunta pertinente es: ¿si la meta debe de ser cumplida hasta el 2024, por qué eliminar al Seguro Popular en 2019? Jinetear el dinero del Seguro Popular para fines electorales seguro no es una buena respuesta. 

El titular del Insabi es nombrado directamente por el Presidente de la República y no requiere tener experiencia alguna en el sector salud, lo cual, por cierto, es el caso del tabasqueño Juan Antonio Ferrer Aguilar. 

En julio de 2019, en un evento en Nayarit, el Presidente mencionó la estructura orgánica del Insabi: “El Instituto contará con un equipo pequeño, pero eficaz de servidores públicos” y afirmó que “todo el personal del Instituto de Salud para el Bienestar consistirá en 10 servidores públicos, –10 nada más– un director general, un director de abasto de medicinas, materiales de curación y equipos médicos, un director de personal médico y de trabajadores de la salud en general, cuya función principal será supervisar y resolver ausencias del personal médico en centros de salud, unidades médicas y hospitales, un director para la construcción y mantenimiento de la infraestructura de salud y un director administrativo para la regularización laboral de los trabajadores del sector salud”.

Sin embargo, el tercer artículo transitorio de la reciente reforma a la Ley General de Salud convierte en mito tal afirmación. La ley obliga a que todas las personas trabajadoras del Seguro Popular deberán de pasar al Insabi. 

Contrario a lo que establece nuestra Constitución, otra vez en legislación secundaria se avanza hacia la centralización, ahora en materia de salud cancelando así la posibilidad de que las entidades federativas encuentren mejores formas de solucionar problemas comunes. Es decir: otra vez el gobierno federal les impone a los estados las reglas de financiamiento, pese a ser una obligación solidaria, y ejerce coerción sobre ellos, a través de soltar o no recursos económicos, vía acuerdos de coordinación. 

La reciente reforma a la Ley General de Salud incluye un texto que establece que la Secretaría de Salud federal y el Insabi emitirán un plan maestro nacional, al cual se sujetarán los servicios estatales de salud. ¿Por qué? ¿Los médicos y servidores públicos del sector salud competente únicamente trabajan en el gobierno federal? Este es otro ejemplo de la incorrecta e indebida centralización de las políticas en materia de salud, parece que para el mandatario la buena entidad federativa es la que le dice, “sí señor presidente, la hora que usted diga”. 

Hoy no existen disposiciones reglamentarias que establezcan los criterios necesarios para la organización, secuencia, alcances y progresividad de la prestación gratuita de los servicios de salud, medicamentos y demás insumos asociados, tal inexistencia no permite la transferencia a los estados de la República, pero las personas con padecimientos y enfermedades ya están aquí, pidiendo ser atendidas. 

Todo el dinero para la prestación gratuita de servicios de salud, medicamentos y demás insumos asociados saldrá del Presupuesto de Egresos de la Federación y de los presupuestos de egresos estatales, los cuales notoriamente son insuficientes para dotar de medicamentos, vacunas, médicos, enfermeras y camas de hospital a los derechohabientes del IMSS y del ISSSTE, organismos que reciben cuotas tanto de los trabajadores como de los patrones y del mismo gobierno.

¿La idea es que el Insabi va a poder pagar todo para todos obteniendo el dinero de la misma fuente pública que IMSS e ISSSTE, pero sin las aportaciones de los usuarios? 

Lo que se publicó en la Ley General de Salud y lo que prometió el presidente en julio de 2019 es tan diferente que cualquier persona bienintencionada diría que estafaron al Presidente y le vendieron un Seguro Popular 2.0 sin dinero, pero claro, como el Presidente siempre está enterado de todo… 

Lo más grave: ya no se garantiza la disponibilidad de recursos para tratamientos y medicinas para aquellas personas que no cuentan con seguridad social. Siempre se puede empeorar, el paso del Seguro Popular al Insabi es prueba de ello. 

En conclusión, el Insabi es una extraordinaria idea sin posibilidad de ser ejecutada y por ello llevará a la degradación de los servicios de salud para las personas sin acceso a la seguridad social. 

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