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Mujeres y violencia
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Mujeres y violencia
La voz de ellas
23 Ago | 2019
Por: Emiliano Ruiz Parra
Mujeres y violencia
La voz de ellas
Emiliano Ruiz Parra por: Emiliano Ruiz Parra
Ago 23, 2019
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Minerva H. 

Ya no volverá a nacer el que me vuelva a golpear. A mí me celaba mucho mi esposo. Una vez me andaba matando con un arma por celos, y nomás vio visiones por celos, es que los celos te hacen ver visiones, es una enfermedad. Y me correteó con la retrocarga, estaba yo recién aliviada de uno de mis hijos. Me quedé hasta muda por un momento. Que agarro mi bebé y me echo a correr.

Martha G.

Tengo seis hijos y los otros se me murieron. Se me murieron cuatro. Uno, como me pegaba bien feo el señor, pienso que me lo lastimó adentro porque cuando nació el niño estaba bien moreteado. Murió a los ocho días. Una vez me quería matar. Venía dispuesto a acabar conmigo. Primero me iba a envenenar, luego me iba a ahorcar y como no me pudo ahorcar agarró un cuchillo que tengo ahí y me lo iba a insertar. Pero yo me defendí y agarré y me salí, me fui con una de mis comadres.

En una ocasión fui al DIF y estuve yendo, y me dijeron que él podía llegar aquí a mi casa porque era el papá de mis hijos. Eso me dijeron en el DIF, fui tres veces y hablé con una que se llama Lety y me dijeron: “es el papá de tus hijos y él tiene que llegar y tiene que vivir en donde están tus hijos”. Entonces por ese lado ya no busqué apoyo. 

Leticia S.

Para irme al mercado les decía a mis hijas: no se muevan, no hagan ruido, porque vienen, se las roban o se las violan. No se salgan porque se las jalan y no las vuelvo a ver. Decían: Ay, mamá, oímos ruidos nos metimos al ropero y no salimos. 

Imelda R. 

Me acuerdo que mi esposo me dijo: tú no vales nada, ¿quién crees que a estas alturas de tu vida se va a fijar en ti?, eres una mujer gorda, fea, no vales nada, eres basura. 

Matilde G.

Sí fui a la primaria, porque mi papá decía que para ir a cuidar niños y cocer una olla de frijoles no necesitábamos estudios. Yo me casé de 15 años. Me fue muy mal en mi matrimonio. Los últimos años sí (me golpeaba), porque me celaba. Y tomaba mucho, luego se alocaba. Pero yo no me dejaba. Era delgadito y bajito. No me costaba darle también. Sí me defendía. Las primeras veces sí me dejaba pegar porque nuestros papás de antes tenían otras ideas: ustedes tienen que hacer lo que el marido diga, si se las lleva a vivir debajo de un árbol, ahí tienen que estar. Teníamos que obedecer, no teníamos ni voz ni voto. Después ya no, porque era difícil vivir así.

Martha C. 

Iba yo sola a hacer mis ejercicios y que me sale el fulano. Lo correteé y cada que se caía, un garrotazo, y en las milpas le fui dando de garrotazos hasta sacarlo. Me encuentro a un vecino y le digo: “apóyeme, vamos a agarrar a este individuo”, “sí, ay, vecina, dicen que es el que sale de las milpas y agarra a las muchachas y las viola, qué poca manera”.

Yesenia L. 

Antes había milpas, y los tipos se aparecían desnudos, o sea en cueros… en ese aspecto usé la fuerza para que un chavo me dejara en paz. Se metió a mi casa. Mi mamá y yo estábamos solas. Este chavo entró a mi casa faltándome al respeto, no sabiendo que mi mamá estaba adentro, dijo: ¿No me invitas adentro a pasar?, Ah, sí, con gusto. Abro la puerta y le doy un patadón y salió volando. Dije: aquí no vengas a faltar al respeto. Mi mamá salió con una manguera y lo sacó a punta de manguerazos.

Son voces de mujeres de Golondrinas, un pequeño barrio de Ecatepec. Así no, dicen las buenas conciencias —como la de José Woldenberg— sobre los grafitis y los vidrios rotos en las movilizaciones de mujeres contra la violencia patriarcal. Los poderosos promueven el pacifismo porque quieren tener el monopolio de la violencia. El Ejército, la policía, los jueces, el machismo, el racismo, son sus armas cotidianas. Cuando el oprimido se quiere rebelar le responden: “pon la otra mejilla”, “respeta las leyes”, “inspírate en Cristo y Gandhi”. Pero, como dijo el Sup, ¿quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?

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