Columnas
Foto: Cuartoscuro
Narcoviolencia; mal diagnóstico, mala estrategia
Columnas
Narcoviolencia; mal diagnóstico, mala estrategia
La dura realidad se impone
23 Oct | 2019
Por: Jose Antonio Crespo
Narcoviolencia; mal diagnóstico, mala estrategia
La dura realidad se impone
Jose Antonio Crespo por: Jose Antonio Crespo
Oct 23, 2019
Compartir

Andrés Manuel López Obrador ha manejado, desde hace doce años, una crítica a la estrategia inaugurada por Felipe Calderón y continuada en lo esencial por Peña Nieto. Muchos estuvimos de acuerdo con esa sentencia, y que se tenían que buscar otras formas para enfrentar el problema. 

De modo que se generó la idea de que, de llegar López Obrador a la presidencia, habría una estrategia totalmente distinta a la seguida hasta entonces, bajo la expectativa de que sería mucho más eficaz, como él lo prometía. 

Que la confrontación armada sin más genera violencia, parecía claro por lo experimentado en estos años, si bien tampoco es solución simplemente dejar al crimen organizado hacer y deshacer sin más. Se requería algo nuevo y eficaz. 

Las propuestas de AMLO al respecto se basan principalmente en la idea de que el crimen organizado se debe sobre todo al neoliberalismo y la problemática social asociada a él. 

Escribió en su momento: “por culpa de la actual política económica, es decir, por el abandono de las actividades productivas y del campo, la falta de empleos y la desatención a los jóvenes, se desataron la inseguridad y la violencia que han causado miles de muertes en nuestro país”. (2018, La salida. 2016). 

Pero el problema de un diagnóstico tan simple es que el remedio que aplique seguramente pecará también de simplismo; jóvenes que de acuerdo con este modelo en automático se alejarán de los cárteles del crimen, quedando éstos en total abandono por falta de mano de obra, sicarios y operadores (mismos que no se podrán hallar ya en el mercado laboral pese a los generosos ingresos ofrecidos por la redituable industria criminal). 

Así, una parte central del proyecto obradorista de seguridad es reducir la pobreza y el desempleo, fomentando especialmente el empleo y la educación entre los jóvenes (de modo que no caigan en la tentación de reclutarse como sicarios). 

Y es que “Un distintivo del periodo neoliberal o neo-porfirista ha sido, precisamente, la marginación y el ninguneo de la juventud. Por la falta de oportunidades para las nuevas generaciones se han producido frustración, odios y resentimientos que atizan la violencia que padecemos”.

Pero la narco-violencia responde a múltiples variables más allá de la pobreza o desigualdad. De hecho, numerosos delincuentes del crimen organizado provienen de sectores medios y acomodados, y varias regiones con alto crecimiento económico padecen de más violencia que otros con niveles menores de bienestar y desarrollo. Las cosas son más complejas de lo que suponía López Obrador

En todo caso, si los programas sociales algún beneficio arrojarían en este tema, sería en el mediano a largo plazo. Claro, AMLO ofreció que se lograría durante su sexenio. 

Viene enseguida la prédica moral (y cristiana) como otro componente de la nueva estrategia. Sobre lo cual el presidente dijo en un mitin en Chilpancingo: “Hay que llamar a todo el pueblo de México a que no haya enfrentamientos entre hermanos”. 

De esa visión surge todo aquello de “Abrazos, no balazos”, “Pórtense bien”, “Piensen en sus mamacitas”, etcétera, que ante los hechos más parece una burla que un razonamiento serio y lógico. Y desde luego, tal posición, lejos de inhibir el crimen puede incentivarlo aún  más, al detectar los cárteles y pandillas la reticencia del gobierno a utilizar la fuerza pública. 

Es por eso que, si bien es comprensible la decisión de soltar a Ovidio Guzmán para no generar mayores bajas de las que hubo durante el fallido operativo de Culiacán, los efectos de ello podrían ser – según varios expertos – mayor violencia, no menor, mayor debilidad del Estado, no menos, descrédito de la Fuerzas de Seguridad en lugar de inspirar más respeto. 

Es decir, el número de muertes violentas, que en este gobierno van al alza, podrían crecer en lugar de disminuir a partir de este evento, así como los actos destinados a chantajear a un gobierno que no quiere “reprimir” a nadie – es decir, usar la fuerza pública para defender la ley- para distinguirse de los gobiernos neoliberales. 

La dura realidad se impone sobre las fantasiosas premisas sobre las cuales descansan numerosos proyectos de López Obrador, incluyendo el de seguridad pública. 

@JACrespo1

TE RECOMENDAMOS
Compartir: