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No queremos hijos felices
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No queremos hijos felices
Queremos que se enfrenten solos a la vida
29 Oct | 2019
Por: L’amargeitor
No queremos hijos felices
Queremos que se enfrenten solos a la vida
L’amargeitor por: L’amargeitor
Oct 29, 2019
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Ser mamá -o papá- siempre ha incluido la capacidad de desarrollar una serie de habilidades simultáneas y multifacéticas como ser enfermera, doctor, entrenador, acompañante, árbitro, chófer, psicólogo, cocinero, esclavo, administrador, coach de vida, la bruja del cuento y un sin fin más de roles y actividades.

Hoy, además de todo, las mamás tenemos que estar siempre al último grito de la moda, sin perder nunca el estilo y ¡obvio! nuestros hijos igual: per-fec-tos, porque de ninguna manera podemos permitir que alguien por ahí diga que nuestras hijas no traen el moño reglamentario de 4 metros y el pelo relamido -pobres niñas, siempre me dan ganas de despeinarlas un poco y preguntarles si no les duele horrendo la cabeza-. O que nuestro hijo está siempre chamagoso de tanto jugar fut porque qué oso -y entonces, nos gastamos un paquete de toallitas para limpiarle la cara sin preguntarle su opinión, o pensar dos segundos en el impacto ambiental, en lugar de pedirle que se lave la cara o que nos valga madres el color que trae y nos fijemos, más bien, en lo feliz que estuvo-.

Al mismo tiempo, debemos estar esculturales, buenísimas, súper fit, con la piel perfecta, sin una sola arruga -no vaya a ser que se nos note la expresión de nada- para lo cual nos sometemos a cualquier cantidad de tratamientos tormentosos, carísimos, estrafalarios y andamos arriesgando el pulmón –o las rodillas- a costa de seguirle el paso a instructores de 24 años en clases exhaustivas de cualquier cosa y comiendo pasto licuado -en lugar de, sí, echarle ganitas, pero con un poquito de sentido común-.

Además, hay que seguir creciendo profesionalmente, lo cual claro que no está mal y a veces no es opcional. Lo que no está bien es que no estamos sabiendo dividir la parte del trabajo, con la parte de ser mamá, o papá, y entonces estamos siempre con el teléfono en una mano, el hijo en la otra y la nariz metida en la pantalla sin estar realmente en ningún lado.

Luego, como la salud mental es indispensable, nos procuramos momentos con las amigas para olvidarnos un rato del mundo, lo cual me parece fantástico y necesario, peeeero, por lo que se ve en instagram, andan de un plan a otro permanentemente y, entonces, me surgen preguntas varias:

  1. ¿Cómo le hacen, oigan? Yo salgo un día y me tardo siete en reponerme. 
  2. Órale pues con el presupuesto invertido en tanta salidera, y,
  3. ¿Qué onda con los hijos? Porque salir un rato de vez en cuando para desconectarte es in-dis-pen-sa-ble, pero pasarte la vida afuera me hace preguntarme con quién se quedan todos esos hijos y haciendo qué

Y, obvio porque #familyfirst y #familytime, nos aventamos unas vacaciones increíbles -que qué delicia- pero que no se qué tanto disfruten y estén realmente presentes porque el tiempo que invierten en la subidera de fotos en tiempo real me hace cuestionármelo.

Todo eso, paralelo a la energía que dedicamos directamente a los hijos: “empoderándolos” -o mejor dicho: inflándoles el ego-. Organizando eventos espectaculares para cada momento de la vida -¿qué pasó con las celebraciones caseras oigan? ¡Ahora todo tiene que ser un show!-. Preocupadísimas porque nunca se queden fuera de nada y permitiéndoles entonces jugar, o estar, en lugares y juegos inapropiados para su edad.

Muy al pendiente de su bienestar y siempre listas para cortarle el cuello a cualquier persona que pretenda ponerle un límite a nuestros cachorros -no vaya a ser que los hijos pudieran aprender a jugar en equipo, respetar la autoridad y seguir las reglas, o a esforzarse tantito más, o asumir que no pasaron por haber estado echando la hueva-.

Súper enfocadas también, en su salud y por eso decimos que sí al pinche vape porque “¿sabes queeee? Todos tienen y, la verdaaad, de que sean sus babas a las de alguien más, pues la verdad mejor las suyas….y, aparteee, es vaporcito, huele deli y sabe súper rico y, ósea, qué exagerados, no pasa nada y mejor que se lo compre yo, a arriesgarnos a que sean los chafas esos con los que sí se podrían enfermar ¡Ah! y de pasadaaaa le compré varios para que los pueda vender y aprenda que trabajar, cuesta trabajo, y sepa valorar” -¿qué les digo? no hace falta leer mucho para conocer los riesgos del cigarro electrónico en adolescentes y todas las puertas que abre a otras cosas, o enterarse  que en México, técnicamente es i-le-gal comprar o vender cigarros electrónicos …la pendejez, definitivamente, es infinita- .

Y, para acabar con el tema de las cosas importantísimas que hacemos las mamás cool de hoy ¿qué tal el famosísimo “eurotrip”? Me-mue-raaaa. Terminan prepa -que en muchos casos terminaron porque sus mamás hicieron todo, y repito: toooodo, para que así fuera- y entonces, hay que premiarlos con este viaje en donde no hay un solo objetivo cultural y solo se trata de socializar, tomarse fotos y pasarse un mes aho-ga-dos en hoteles de cinco estrellas -gastándose el presupuesto que una familia de clase media baja gastaría en un año de escolarización para sus hijos-.

#TodoMal

¡Claro que estamos agotadas mamás!

La energía que le estamos metiendo a pretender que la vida sea siempre lo más cool, lo más perfecta, divertida y espectacular es, sin duda, extenuante y, además, les tengo una pésima noticia: no sirve para nada.

Porque nada de esas cosas le da a nuestros hijos las herramientas que van a necesitar para moverse en el mundo por ellos mismos y “ser felices”.

El mundo afuera es un mierdero, lleno de violencia, de intolerancia, de racismo, de pobreza, de radicalismos y, nuestros hijos se estarán dando un madrazo descomunal cuando les toque afrontarla solos.

No tienen herramientas para resolver.

No saben qué es la resiliencia, la tolerancia, la frustración, lo de lograr algo por ellos mismos. No pueden resolver un problema sin hablarle a sus papás inmediatamente. No saben cómo.

Y entonces, al sentirse completamente rebasados, inútiles y perdidos, se deprimen y, muchos, se suicidan o, se enganchan con las drogas.

El índice de suicidios entre la población de 10 a 24 años en el mundo subió 56% el último año ¡10 años! ¡D-I-E-Z! ¡HAY NIÑOS DE 10 AÑOS PENSANDO EN SUICIDARSE, CARAJO!…. si eso no es motivo para hacer las cosas distintas, entonces, no tenemos remedio como humanidad.

Y déjenme darles dos datos más -y prepárense para el microinfarto- todo apunta a concluir que las dos principales causas, o detonadores, o catalizadores de depresión en niños y adolescentes son:

1.La exposición desmedida a las pantallas -y, por desmedido, se refieren a más de dos horas diarias, no crean que a 10-.

2.Los hijos de papás y mamás que hacen TO-DO por ellos.

En la obsesión por tener hijos felices, estamos haciendo totalmente lo contrario.

La depresión, se está convirtiendo en una epidemia mundial y para el año 2020 será la primera causa de discapacidad en México.  

 ¡Eso-es-el-año-que-entra!

¡MIER-DA!

No hemos entendido que el objetivo no es hacerlos felices perpetuamente, ni que les arreglemos la vida todos los días. El objetivo es que ellos puedan enfrentarse solos a las cosas.

¿Cómo se hace eso?

En primer lugar, sacando la nariz de la pinche pantalla ¡todos!

Somos la primera generación de papás educando hijos en la era digital, somos un experimento y nos estamos yendo como gorda en tobogán y claramente no-está-saliendo-bien. ¡Tenemos que parar, regular y tomarnos mucho más en serio el impacto que tiene aislarse y perderse en las pantallas! Tenemos que empezar por nosotros y pelear todas las batallas necesarias con ellos: limitar los tiempos, supervisar los contenidos ¡sacarlas de los cuartos! 

Asegurarnos que duerman, que se conecten en persona, que estén al aire libre, hagan ejercicio, jueguen con los vecinos -¡con una pelota, no Fortnite!- que sepan estar aburridos y puedan entonces inventar cosas. Y sí, sí dejarlos usar la pantalla porque no podemos tampoco dejar de asumir la nueva realidad, pero con muchísima más conciencia y responsabilidad.

También tenemos que olvidándonos de tanta pendejada y superficialidad y enfocándonos en las cosas que realmente importan y sí les van a servir para algo:

Estableciendo vínculos con ellos y enseñándoles a establecerlos con otras personas. Permitiéndoles hacer las cosas por ellos mismos. Diciendo no tantito más seguido. Asignándoles tareas en la casa, esas, las que nos da hueva hacer a todos. Dejándolos perder. Pasando tiempo en familia ¡los tiempos en familia no deben de ser opcionales! es indispensable sentirse arraigados -pertenecer a una tribu es una de las grandes vacunas contra la depresión-.

Amándolos, respetándolos, valorándolos y aceptándolos exa-c-ta-men-te como son.

Lo que queremos son hijos que sepan encontrar su propia voz. Que la aprendan a usar y a escuchar otras voces. Queremos hijos que entiendan que no se trata de tener, se trata de ser. Que sepan servir. Sí, tener un oficio, servir para algo, saber hacer cosas en la vida que nos sea anunciar pendejadas en internet y ser “influencers”. Servir de algo a alguien más, dar, aportar. Hijos independientes y responsables de sus actos, que puedan resolver, decidir y encontrar caminos. Que sepan que estar incómodos por épocas es parte de la vida; que hay subidas y bajadas.

Tenemos que dejar de hacerles, de resolverles, de darles todas las respuestas y de querer que sean solamente felices. Tenemos que dejar de sobreprotegerlos. Queremos que la felicidad en su vida sea el resultado de una vida productiva, de tener un propósito y relaciones afectivas profundas y respetuosas, de sentirse cómodos en su piel y saber estar bien, incluso, cuando la vida se ponga mal.

Lo que queremos, lo que realmente queremos, papá y mamá, son hijos, que sepan vivir sin nosotros.

Porque entonces, habremos hecho un buen trabajo.

PD Si quieren leer más del tema les dejo este artículo y el mejor libro de parenting que he leído en mucho tiempo.

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