Columnas
Foto: Reuters
Perú y la oposición a la venezolana
Columnas
Perú y la oposición a la venezolana
02 Oct | 2019
Por: Rodrigo Salazar Elena
Perú y la oposición a la venezolana
Rodrigo Salazar Elena por: Rodrigo Salazar Elena
Oct 02, 2019
Compartir

Los recientes acontecimientos en Perú, vistos superficialmente, parecen una réplica del proceso por el cual Nicolás Maduro se convirtió abiertamente en dictador de Venezuela. Si se cree la versión presentada por las cuentas de redes sociales del Congreso, el presidente Vizcarra ha disuelto al órgano legislativo por la negativa de éste a aprobar sus propuestas. Así hizo Maduro o, en su momento, Alberto Fujimori, dictador peruano hoy preso por violaciones a los derechos humanos durante su gobierno. 

Siendo así, la posterior destitución que la legislatura hizo de Vizcarra, por su “incapacidad moral”, se entiende como un acto de resistencia legítimo frente a un dictador en ciernes, y el posterior nombramiento de Mercedes Aráoz como “presidenta en funciones” como una forma apropiada de poner fin a las ambiciones de aquel.

Esta no sería una forma apropiada de interpretar la situación. La Constitución peruana, aunque a grandes rasgos sigue el molde de los sistemas presidenciales, contiene elementos de carácter parlamentario. Uno de ellos es la llamada cuestión de confianza. El presidente, a través del consejo de ministros, puede pedir el respaldo del Congreso para una medida o iniciativa haciéndola cuestión de confianza. El Congreso puede negarse. Sin embargo, si lo hace en dos ocasiones durante el mismo gobierno, el presidente puede disolverlo y convocar a elecciones en un plazo de cuatro meses. 

En 2017, el Congreso peruano negó su voto a una cuestión de confianza. Las bancadas de los partidos Fuerza Popular (que aglutina a los grupos ligados a Fujimori) y Aprista Peruano han obstaculizado de manera consistente los esfuerzos de Vizcarra por combatir la corrupción

En esta línea, se disponía a usar su mayoría para reemplazar a seis magistrados del Tribunal Constitucional con personajes afines, añadiendo obstáculos a las reformas de Vizcarra. El presidente introdujo como cuestión de confianza un cambio al procedimiento para el nombramiento de los magistrados.

Las bancadas opositoras, enfrentadas a proceder en sus empeños a costa de perder sus escaños, decidieron recurrir a una marrullería: en vez de manifestarse sobre el asunto, procedieron a nombrar al primero de los magistrados. Dicha maniobra deja sin efectos el objeto de la cuestión de confianza, pues no tiene sentido apoyar los cambios al procedimiento después de realizada la sustitución de magistradas. Vizcarra interpretó este acto como equivalente a una segunda negativa del legislativo a otorgar su confianza.

Es por esta interpretación que Vizcarra emitió el decreto de disolución del Congreso, medida que la oposición denuncia como dictatorial. Ignoro si Vizcarra estaría cómodo siendo un dictador al estilo Maduro. Supongo que en cada ser humano hay una parte que no es sobrina del tío Ben y le encanta la idea de un gran poder sin ninguna responsabilidad. 

No hay señales, sin embargo, de intentos por ampliar sus facultades o por extender su mandato; por el contrario, antes había propuesto al Congreso adelantar las elecciones tanto legislativas como presidenciales.

La oposición peruana se opuso a esta iniciativa porque sabe que, a diferencia de la venezolana, los resultados electorales la reducirían al nivel que corresponde a su enorme descrédito. El resultado de la farsa protagonizada por el Congreso y Aráoz es prefigurado por el respaldo a Vizcarra por la Policía y las Fuerzas Armadas, así como por las manifestaciones populares. 

Posiblemente atendiendo a estas señales, Aráoz terminó por darse cuenta de que no es ningún Guaidó y en menos de un día renunció tanto al cargo de presidenta en funciones como al de vicepresidenta. Sólo este último era un puesto real, pero en última instancia la doble renuncia inclina la balanza aún mas en favor de Vizcarra.

Así, sin la fuerza bruta, ni el apoyo popular, ni perspectivas electorales, los grupos políticos representantes de lo peor de la política peruana hacen un último esfuerzo por no extinguirse, presentándose como adalides de la libertad. No parece deseable (ni probable) que se salgan con la suya.

TE RECOMENDAMOS
Compartir: