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Qué buen golpe, Evo
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Qué buen golpe, Evo
¿Qué papel juega México?
21 Nov | 2019
Por: Luis Enrique Pereda Trejo
Qué buen golpe, Evo
¿Qué papel juega México?
Luis Enrique Pereda Trejo por: Luis Enrique Pereda Trejo
Nov 21, 2019
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La presencia en México de Evo Morales despierta todo tipo de pasiones y opiniones, algunas sustentadas en el derecho y otras en los prejuicios. En las redes sociales se puede leer todo tipo de afirmaciones, respecto a si fue o no un golpe de Estado, lo que lo obligó a salir de Bolivia y, por lo tanto, si “califica” o, no para tener asilo político en México. 

Las consecuencias de adoptar una u otra postura no son menores, ya que el futuro social, político, democrático y económico de Bolivia dependerá de la respuesta que la comunidad internacional y, sobre todo, el pueblo boliviano decida adoptar. 

Para tener una mejor comprensión del tema y poder arribar a nuestras propias conclusiones, propongo que comencemos por responder algunas preguntas “simples”: 

¿El asilo político a Evo Morales es legal? 

. La Ley Sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político define el asilo político como la “protección que el Estado Mexicano otorga a un extranjero considerado perseguido por motivos o delitos de carácter político o por aquellos delitos del fuero común que tengan conexión con motivos políticos, cuya vida, libertad o seguridad se encuentre en peligro (…)”. En esta misma línea, la citada ley le otorga a todo extranjero que “encuentre en peligro su vida, su libertad o seguridad por ideas o actividades políticas directamente relacionadas con su perfil público, y carezca de la protección de su país”, el derecho de solicitar asilo político en México. 

Como puede apreciarse, nuestra legislación no limita el derecho a solicitar asilo político a la forma en la que termina el cargo público del solicitante o a su popularidad, ni siquiera a su legal proceder en su país de origen, simplemente establece cinco elementos: a) ser extranjero. b) que la vida, la libertad o la seguridad del peticionario de asilo esté en peligro. c) que la causa de ese peligro sean motivos políticos, d) un perfil público que lo haya colocado en esa situación de peligro y e) que carezca de protección en su país. 

¿Hay razones para creer que la seguridad de Evo Morales, una persona que todos los días ejercía un cargo público de naturaleza política, corría peligro si se quedaba en Bolivia? Sí, por lo que México actuó en apego a su legislación, al conceder el asilo político solicitado, con independencia de si hubo o no un golpe de Estado. 

¿El asilo político a Evo Morales tiene un trasfondo político? 

Sí. Me parecería absurdo pretender imaginar que la decisión de un Estado sobre otorgar asilo político a un expresidente de otro Estado sea algo distinto a una decisión política. Ahora, la pregunta realmente relevante es ¿por qué se tomó esa decisión? 

Me cuesta trabajo imaginar que a partir de ahora México otorgará asilo a todos los solicitantes, sin importar el país del cual proceden, seguramente hay un factor que permitió aceptar esta solicitud y en el futuro negar otras. ¿Cuál es ese factor? 

Podríamos analizar si la comunidad boliviana avecindada en México es lo suficientemente organizada y cuenta con el suficiente poder económico como para presionar al gobierno mexicano. También podríamos analizar si la posición geográfica de Bolivia lo convierten en un aliado excepcional que vale la pena intentar sumar. 

Además, podríamos analizar los lazos históricos y afectivos entre ambos pueblos o nuestra mutua historia de alianzas estratégicas. Pero creo que todos esos análisis no nos arrojarían ningún dato realmente determinante. 

¿Y si analizamos la política interior mexicana y el momento que se vivía? ¿Y si nos preguntamos cuál había sido la capacidad del gobierno de imponer los temas de la agenda durante las últimas semanas? El gobierno mexicano llevaba al hilo dos eventos noticiosos (Culiacán y los LeBarón), sin que pudiese salir adelante con cuestionamientos de los medios informativos, hasta que la presencia de Evo Morales logró romper dicha espiral noticiosa y meter un nuevo tema en la agenda política nacional. 

Además de darle un respiro en lo que se refiere a política interior, la presencia de Evo Morales logra marcar la pauta de conducta de la actual administración con los gobernantes latinoamericanos con los que se identifica ideológicamente y de esta forma fortalecer sus alianzas formales e informales. 

¿Se rompió el orden constitucional en Bolivia y como resultado existe una crisis política? 

Sí. Pese a que la Constitución Boliviana es bastante extensa, con sus 411 artículos (más de 3 veces la extensión de la Constitución Mexicana), no contempla ningún artículo que presente una salida pre-pactada que pueda ofrecer una solución no violenta a los factores reales de poder en Bolivia, entre otras razones porque todavía está por verse cuáles son esos factores. 

El artículo que prevé una situación más parecida a la que ocurrió con la salida de Evo Morales es el 169, el cual establece que en caso de ausencia definitiva del presidente éste será reemplazado en el cargo por el vicepresidente y, a falta de éste, por el presidente del Senado, y a falta de éste por el presidente de la Cámara de Diputados. Nada de esto ocurrió. Fue la segunda vicepresidenta del Senado la que, a falta de alguien más, decidió asumir la presidencia ¿constitucional? de Bolivia. 

¿Evo Morales será acusado de sedición? ¿Jeanine Añez convocará a elecciones antes de que acabe este año? ¿Ella se abstendrá de participar como candidata en dichas elecciones? ¿Cómo terminará de repartirse el poder político y militar al interior de Bolivia? ¿Los seguidores de Evo Morales tendrán la oportunidad legal de reagruparse y contender en dichas elecciones? ¿Las fuerzas armadas bolivianas convertirán el Decreto Supremo 4078 en su salvoconducto para acallar las protestas? 

Hoy todavía la moneda está en el aire para estas y otras preguntas relevantes, lo cierto es que las acciones y omisiones de Evo Morales, en relación con la última elección, generaron un perfecto caldo de cultivo para que se sumaran las legítimas pretensiones de un cambio electoral, con los intereses de quienes veían en el presidente constitucional un límite para sus propios planes. 

En conclusión, la salida de Evo Morales de Bolivia, en las circunstancias en las que sucedió, representa un duro golpe para la democracia y estabilidad política de su país, el cual conduce a escenarios en donde todos pierden, particularmente los más pobres. 

Evo Morales debió de hacer todo lo que estaba en sus manos para, durante su mandato, mejorar la vida de la mayor cantidad posible de sus compatriotas, pero una vez concluido su mandato debió de hacerse a un lado para permitir que nuevas caras se hicieran cargo de la difícil tarea de gobernar. Al haber apostado por sí mismo Evo le dio un dolorosísimo golpe al desarrollo democrático de su país y lo regresó a octubre de 2003. 

La moraleja: las democracias latinoamericanas suelen ser frágiles y hay que protegerlas. Para lograrlo un buen líder también debe de saber cuándo dejar el poder para que sea el pueblo, en libertad, el que decida su propio futuro. 

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