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Ricardo Peralta, el negociador
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Ricardo Peralta, el negociador
Es el operador clave del gobierno
09 Oct | 2019
Por: Lev Strozzi
Ricardo Peralta, el negociador
Es el operador clave del gobierno
Lev Strozzi por: Lev Strozzi
Oct 09, 2019
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Si usted tiene problemas con grupos de paramilitares, taxistas revoltosos o secuestradores, no se preocupe: Ricardo Peralta lo soluciona. Pero no a usted, no se confunda. Se lo soluciona a ellos. 

El subsecretario de Gobierno de la Segob ha demostrado ser el operador clave del gobierno federal – sobre todo ante la ausencia política de su jefa, la secretaria de Gobernación – para resolverle los problemas a estos grupos. Lo mejor es que lo hace sin que tenga la menor consecuencia legal para quienes violan la ley.

Desde el 3 de octubre, Flecha Roja – la empresa de autobuses – denunció el secuestro de 42 de sus autobuses en Tenería, Estado de México.  Después se supo que también había otros tantos camiones secuestrados de otras empresas, para sumar 92. Claro, no se llevaron solo los autobuses: también se quedaron con los conductores.

Así, durante más de una semana estos trabajadores estuvieron privados de la libertad, lo que en general – o bueno, en otros países – es considerado secuestro y es un delito grave. El problema, sin embargo, no era que estaban secuestrados, sino quién se los llevó.

Y resulta que estas personas estaban en manos de un grupo de estudiantes de la Normal de Tenería, Estado de México. La demanda – el chantaje – para liberarlos era que se les garantizaran plazas, entre otras cosas. 

La asociación de transportistas denunció que el secuestro de estos autobuses y conductores había causado la pérdida de unos 500 mil pesos, más las horas de trabajo de los conductores y demás perjuicios. Y bueno, digo, el secuestro de un grupo de personas

El gobierno federal mandó a su valiente alfil y hábil negociador, Ricardo Peralta, a solucionar la crisis. Se sentó a negociar con el grupo de estudiantes. Unas horas después, emergió triunfante y aseguró que “se llegó a un acuerdo”. 

Y en efecto. El gran negociador fue, les dio todo lo que pidieron, y estos aceptaron liberar a sus víctimas. Los normalistas también prometieron portarse bien y ya no tomar tantas casetas.

Justificando a los jóvenes, Peralta dijo que “llegaron a ese límite porque antes no se les escuchaba ni se les atendía y estaban acostumbrados a ser recibidos a toletazos y con gases lacrimógenos, en cambio ahora están sorprendidos de que tengan esta mesa de diálogo en la Secretaría de Gobernación”.

Sobra decir que no serán perseguidos penalmente, a menos de que haya alguna denuncia, dijo el subsecretario. No se enteró que ya hay varias – 58 para ser exactos – pero todas por robo de vehículos, ninguna por secuestro.

Peralta es el mismo que tuvo que hablar con los taxistas que bloquearon media ciudad, ante la impericia de Claudia Sheinbaum y su secretario de Movilidad, Andrés Lajous. Aquél fatídico lunes 7 de octubre, después de horas y horas de una ciudad paralizada – y pérdidas millonarias – el subsecretario logró que los taxistas liberaran el paso.  A cambio, cedió en todas sus demandas: presionar a las aplicaciones móviles y revisar su legalidad.

A los taxistas solo se les pidió bajar el bloqueo. No hubo mayor intercambio hasta dónde se sabe. 

Este mismo funcionario público fue el que hace unos meses estuvo visitando alegremente a las llamadas autodefensas en Tamaulipas y Michoacán. Estos grupos armados, cuyo origen era protegerse de la violencia de los cárteles, han ido progresando para convertirse en grupos también vinculados a la delincuencia. Además, ejercen la justicia a su parecer. 

El mismo presidente López Obrador tuvo que regañar a Peralta y su jefa, Olga Sánchez Cordero, por los escarceos con los paramilitares.  No hubo mayor consecuencia pública al caso, pero causó indignación de muchos ciudadanos que han sido víctimas de la violencia de estos grupos.

Por eso le digo: cualquier bronca con grupos que violen las libertades, las leyes, la propiedad, o lo que sea, el gobierno cuenta con las buenas maneras de este empoderado subsecretario.

El problema es que todo lo que le resuelve al gobierno, legitima ciertos tipos de “protesta” que violan claramente los derechos de la gente. Ya bastante malo fue que los taxistas impidieran el libre tránsito o el derecho al trabajo: la privación de la libertad que sufrieron los choferes de los autobuses es un delito que no puede resolverse con este nivel de complacencia.

Hoy, los normalistas pueden estar felices: aprendieron que secuestrar gente funciona, y funciona muy bien. Así que podemos estar seguros de que se repetirá.

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