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Rosario: historias de venganza
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Rosario: historias de venganza
La persecución contra Robles no es casual
02 Ago | 2019
Por: Lev Strozzi
Rosario: historias de venganza
La persecución contra Robles no es casual
Lev Strozzi por: Lev Strozzi
Ago 02, 2019
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Pocas figuras políticas han logrado renacer después de ser defenestradas como lo fue Rosario Robles

Ella, que fue una exitosa Jefa de Gobierno del entonces Distrito Federal – en interinato tras la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas – parecía posicionada para el más alto cargo de la Nación.

Digan lo que digan sus detractores, su operación política, financiera y comunicacional, fue crucial para que Andrés Manuel López Obrador ganara, en el 2000, la Jefatura de Gobierno.  La alianza entre los dos grandes personajes del PRD era clara y abierta.

Pero algo le pasó a Rosario. Su pasado maoísta – caracterizado por una austeridad casi franciscana y una vocación de martirio por la gente – pronto se diluyó y sus ambiciones empezaron a contaminar sus relaciones políticas e, incluso, personales.

La relación con Carlos Ahumada es reveladora de esta pérdida de perspectiva sobre lo que se puede y no hacer, sobre las líneas que se deben y no cruzar.  

Tras su paso en el GDF, Robles se convirtió en presidenta del PRD. López Obrador, en jefe de Gobierno. Los dos estaban posicionados en las encuestas como los dos más posibles presidenciables de la época.  

Y las ambiciones políticas matan los afectos. Rosario operó desde el partido para mover recursos y ganar las elecciones intermedias en la Ciudad de México en 2003.  Mucho de ese dinero vino de Ahumada, que a su vez lo obtuvo de contratos con el gobierno de AMLO.  

Hasta ese momento, todo iba bien. El empresario movía el dinero, entregaba sobres por todos lados para campañas, y René Bejarano (en ese entonces mano derecha de López Obrador) operaba políticamente.  

Tras la elección intermedia, sin embargo, el ambiente se volvió amargo. Rosario quería ser la candidata; AMLO no estaba dispuesto a no serlo. En el GDF sabían que tenían que sacarla de en medio y el camino era Ahumada.  La guerra interna en el PRD se volvió turbia e intensa.  

Ahumada se dio cuenta.  Empezó a sentir la presión y el miedo.  Iban por él para destruir a Robles. Así que se adelantó.  Con la ayuda de Carlos Salinas de Gortari – que por esas épocas ya había construido una relación con Rosario -, de Diego Fernández de Cevallos y Juan Collado, hicieron la operación política para exhibir a Bejarano con los famosos videos de las ligas.  

Bejarano cayó, pero no se fue solo. Denunció a Ahumada, quién se convirtió, en los hechos, en un preso político del gobierno de López Obrador.  Lo humillaron y exhibieron, y con él perdió Rosario, que tuvo que renunciar a la presidencia del PRD.  Su relación personal con el defenestrado empresario, su exceso de ambición y su falta de cautela le costaron el puesto.

Después vino su exilio político. Pero sus vínculos con el salinismo se mantuvieron, y eso le permitió el regreso triunfal de mano de Enrique Peña Nieto, quién la hizo secretaria de Desarrollo Social, desde donde pudo volver a gozar del poder y fuerza a la que aspiraba. Otra vez, sin embargo, su ambición se pondría en su camino.

Hoy, la investigación en su contra suena creíble. La “estafa maestra” tiene su huella y nombre por todos lados.  Sin embargo, la forma en que la Fiscalía General de la Nación ha operado es clara en algo: más que la corrupción posible, es una venganza política.  Y, sobre todo, es un mensaje.

Haber filtrado que era citada a comparecer a la prensa es una clara violación al debido proceso. Claramente, no es una torpeza ni un accidente. Es darle a Rosario una puerta de salida al tiempo que se le informa al peñanietismo que, por mucho pacto de impunidad que haya, más les vale no desalinearse.

Y así funciona: alguien tiene que caer. AMLO no puede dejarlos a todos en libertad. Emilio Lozoya sería el rostro del combate a la corrupción. Pero él no puso de su parte, así que fueron tras su familia. Siguió sin cooperar, así que la élite gobernante escogió a la antigua aliada, ahora amarga rival, del presidente para poner orden.

Funcionó. No puede ser casual – en política nunca lo es – que al día siguiente del anuncio de la investigación contra Robles, Lozoya se haya desistido de su amparo. Alguien hizo una llamada que cambió el panorama.  Pero aún así la venganza contra Rosario será amplia. 

Este medio fue el primero en informar que había un juicio político en proceso en la Cámara de Diputados contra Robles, con la intención de inhabilitarla del servicio público. Lo más seguro es que Rosario no sea procesada, pero muy probablemente la Cámara de Diputados, con amplia mayoría de Morena, la castigará.

Robles subió, perdió el piso, cayó, y fuerte. Se volvió a levantar, subió alto, pero los rencores que la persiguen terminarán por alcanzarla.  Es el precio de la ambición.

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