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Cuestione | Si AMLO puede…#MeToo
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Si AMLO puede…#MeToo
La incómoda coincidencia entre dos fenómenos
03 Abr | 2019
Por: Ricardo Pascoe Pierce
Si AMLO puede…#MeToo
La incómoda coincidencia entre dos fenómenos
Cuestione | Ricardo Pascoe Pierce por: Ricardo Pascoe Pierce
Abr 03, 2019
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Casi como una condena bíblica ha coincidido, en el tiempo y espacio mexicanos, dos fenómenos tan distintos entre sí que casi parecen acontecimientos-espejo donde uno es la negación del otro.

Por un lado, tenemos un Presidente de la República que, en sus discursos diarios, lanza infundios y acusaciones sobre actos de deshonestidad en cualquiera de sus posibles variantes contra funcionarios, privados, organizaciones o ideas. Lo hace sin presentar pruebas verificables. Aparentemente no tiene la intención de presentar pruebas, para así dejar a sus víctimas sin medios de defensa personal, jurídica o política.

Al mismo tiempo surge el movimiento #MeToo, que busca colocar en el centro del debate nacional la defensa de las mujeres ante el acoso sexual que sufren en sus casas, centros de trabajo, esparcimiento o, en general, en los espacios públicos, por parte de los hombres.

Una de las críticas que ha recibido el movimiento #MeToo es que sus señalamientos públicos en contra de varones en específico se hacen desde el anonimato. Se le ha hecho ésta crítica desde el balcón de quienes sienten que siempre hay la posibilidad de justicia en los careos cara a cara: es decir, los hombres. Las mujeres no sienten lo mismo, conociendo en primera persona los efectos de la revictimización social y laboral.

La coincidencia en el tiempo entre los dos fenómenos es incómoda. El presidente acusa, sin mostrar pruebas, desde el poder político absolutista, sin pedir el anonimato. Para cierto sector es un macho alfa que puede imponérsele a quien se atreva a cuestionarle lo que sea.

El movimiento #MeToo también acusa públicamente, pero desde el anonimato individual para evitar la violencia que, desde los mayoritarios espacios del poder machista, se desataría en contra de la mujer acusadora. #MeToo acusa desde la fuerza moral del vulnerable.

La imagen es desgarradora. El presidente, hombre de Estado, acusa, aterroriza, calumnia, con calma y la seguridad de su posición, sin pruebas. En cambio, las mujeres se defienden, señalando, para abrir el  debate público sobre una de las verdades ocultas y secretas más terribles de nuestra sociedad, una verdad que existe, pero encubierta en una espesa red de impunidad.

El suicidio de Armando Vega Gil deja algo en claro. Los acosadores no suelen reconocer sus acciones. Él tampoco. Pero a partir de la acusación algún secreto lo movió a quitarse la vida. Eso queda claro.

Es lamentable que hayan coincidido en el tiempo histórico un presidente acosador que no siente la necesidad de probar sus dichos, con el movimiento #MeToo tan importante para la reconformación de la conciencia nacional, donde la veracidad se da a partir de la impunidad del acoso sexual en nuestra sociedad, aunque la parte acusadora sufre para demostrar jurídicamente los hechos.

Las obligaciones de veracidad del presidente son por ley. La obligación de veracidad de las mujeres del movimiento #MeToo es de conciencia. Son dos ámbitos radicalmente distintos. En México, el presidente no cumple con la ley, mientras el movimiento #MeToo sí cumple con su compromiso de conciencia. Es una enorme y determinante diferencia.   

@rpascoep

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