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Siempre hay un tuit…
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Siempre hay un tuit…
La curva de aprendizaje del presidente
08 Ago | 2019
Por: Rodrigo Salazar Elena
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La curva de aprendizaje del presidente
Rodrigo Salazar Elena por: Rodrigo Salazar Elena
Ago 08, 2019
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De acuerdo con cifras del INEGI, la economía mexicana creció el 0.1% durante el primer trimestre de 2019. El presidente de México calificó este dato como una “muy buena noticia”, que desmentía a quienes pronosticaban una recesión. 

Las redes sociales no tardaron en rescatar un tuit de 2014 en el que el entonces candidato afirmaba que un crecimiento de 0.8% equivalía a “nada”, y que con él las cosas serían “distinto y mejor”. 

De hecho, para los críticos del gobierno la cuenta de twitter de AMLO se ha convertido en una mina de oro, en la que se puede encontrar, en sus criticas a los gobiernos que lo antecedieron, afirmaciones que contradicen sus posturas y decisiones actuales. La intención de este contraste es, presumiblemente, evidenciar una falla de carácter como la hipocresía. 

Desde esta perspectiva, en algún momento estaba ocultando su verdadera opinión. La historia del presidente en redes sociales seguirá siendo escudriñada porque uno de sus activos más importantes es la credibilidad y transparencia de sus intenciones.

Sin embargo, es posible que el presidente haya mantenido estas opiniones contradictorias de manera sincera, por puro efecto del aprendizaje. En 2014 era lo que había sido toda su vida: un activista especializado en la protesta. Hoy está a cargo.

El boliviano Evo Morales, quien también construyó su carrera política por la vía de la agitación, declaró en forma cándida a socios del Council of the Americas: “Cuando llegué a la Presidencia no sabía que la circulación de mucha plata [dinero] provocaba inflación”. A diferencia de gobiernos de similar tendencia ideológica en Argentina, Ecuador y Venezuela, el boliviano ha sido ejemplar en su manejo macroeconómico, y posiblemente esto explique la apertura con la que Morales narra las cosas de las que se enteró sólo siendo presidente, y no tiene problemas en admitir que ese aprendizaje lo llevó a cambiar su punto de vista con respecto a los buenos viejos tiempos en los que inmovilizaba al país porque quería y podía.

Entonces, es posible que AMLO haya sido sincero al acusar la mediocridad del crecimiento bajo su predecesor y que hoy aprecie como enorme la diferencia entre 0 y 0.1. Hoy sabe más del manejo de la economía. Sin embargo, tal vez preocupado por su credibilidad, López Obrador se obstina en mantenerse en su dicho.

Considérese la política de austeridad, cuyo objetivo es financiar el programa de transferencias que es el eje de la política social del gobierno. Sin embargo, durante la campaña electoral AMLO reiteró que los ahorros generados por el combate a la corrupción serían suficientes para financiar sus proyectos. Es posible que López Obrador candidato realmente creyera que se obtendrían 500 mil millones de pesos por combate a la corrupción. También es posible que aprendiera que la corrupción daña la economía, pero su efecto sobre el erario es mas bien indirecto. También aprenderá que la corrupción no se combate con la pura presencia de su santidad, y que hace falta fortalecer el estado de derecho mediante leyes y recursos.

El hecho es que al presupuesto le vienen faltando unos 500 mil mdp para financiar las prioridades del presidente, y los fondos se obtienen despidiendo gente y con recortes a rubros de gasto no triviales. Pero López Obrador no acepta que las cosas no son como creía y busca, supongo que para proteger su credibilidad, presentar estos recortes como si se tratara de combate a la corrupción. Esperemos que también aprenda que, por esta vía, aunque sale del apuro de avergonzarse con explicaciones, quita credibilidad a la seriedad de su intención de poner fin a la corrupción. 

 

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