Columnas
Simbología política versus eficacia de gobierno
Columnas
Simbología política versus eficacia de gobierno
“Disculpe las molestias
16 Ene | 2020
Por: Jose Antonio Crespo
Simbología política versus eficacia de gobierno
“Disculpe las molestias
Jose Antonio Crespo por: Jose Antonio Crespo
Ene 16, 2020
Compartir

El presidente López Obrador es muy hábil en el manejo de símbolos políticos. De ahí en parte su espectacular triunfo en 2018 y su elevada popularidad. Y quizá piensa que dicha simbología elevará sus probabilidades de pasar a la historia como un gran adalid – que es uno de sus objetivos personales. 

Por ejemplo, la principal razón para cancelar el aeropuerto de Texcoco no fue el daño ecológico – el inexistente lago- o la corrupción -por la cual a nadie se ha penalizado –, sino el símbolo de poder que eso implicaba. 

La magna obra sería el mayor legado de Enrique Peña Nieto, pero en más de un sentido también lo sería de lo que genéricamente llama el “neoliberalismo”. Había que echar abajo el símbolo que representaría ese aeropuerto de primer mundo.

Y desde luego, se trataba de enviar el mensaje de que es él, López Obrador, “quien manda aquí”, por encima de la poderosa clase empresarial (aunque en realidad mantenga una estrecha alianza con varios de los íconos de dicha clase, otrora “rapaz y parasitaria”). 

No le importaron las consecuencias que varios expertos advirtieron; la mala señal para inversionistas y mercados, la desconfianza que ello generaría, y la baja de inversión con el efecto de un crecimiento económico menor. Nada de eso importó; lo relevante era tirar Texcoco y sustituirlo con uno que llevará su sello personal: Santa Lucía

En esa lógica están también el Tren Maya y Dos Bocas, sin duda de gran valor simbólico, pero de dudosa rentabilidad económica.  Los viajes en aviones comerciales también fueron simbólicamente rentables, haciendo a un lado un avión presidencial excesivamente lujoso para los parámetros de México. Pero en ello hubo también estricto cálculo político, pese a los costos económicos que pudiera provocar (como lo hizo).

Más grave aún es el desmantelamiento de varios de los programas sociales heredados del neoliberalismo, como las estancias infantiles, los comedores comunitarios y el Seguro Popular. Esos programas venían sirviendo de manera razonable, si bien mostraban deficiencias y cierto grado de corrupción. Lo racional era limpiarlos, castigar a los presuntos corruptos – que tampoco los ha habido -, corregir los errores y mejorar en lo posible los servicios respectivos.

Por lo general cada gobierno rebautiza los programas heredados para darles su sello personal. Pero no osan destruirlos del todo para sustituirlos por otros enteramente nuevos y diferentes. Eso pega más como símbolo político. 

El reconocimiento, corrección y mejora de los programas que están funcionando, aunque no sean de su propia creación, es propio de un estadista. Pero como dichos programas ya traían el sello de otros gobiernos, y no el de AMLO, había que echarlos abajo.

El Seguro Popular viene del gobierno de Vicente Fox, algo impensable: que el PAN mostrara preocupación por los pobres. En cambio, el Insabi será obra de López Obrador. El costo de ello es, como estamos viendo, la improvisación, la desorganización y la ineficiencia en los servicios, que en el caso de la salud pone en riesgo la vida misma de los usuarios (sobre todo los más pobres, paradójicamente). 

La narrativa obradorista dice que es necesario primero destruir lo que había (pues todo estaba mal), para que de sus cenizas se levante el México nuevo, como el ave Fénix. El riesgo es que nos quedemos en la primera etapa por mucho tiempo, y que la resurrección no termine por surgir como se promete.

Es tal el costo de la deconstrucción de programas, que AMLO gusta de trivializarla con el dicho, “Disculpe las molestias que esta obra le genera”. 

Pero cuando tales molestias ponen en riesgo la vida y salud de varios mexicanos, entonces la respuesta sería: “no, no disculpamos esas molestias, porque pueden ser letales”. 

Pero para este gobierno, por lo visto, más vale la rentabilidad política de los nuevos símbolos que la eficiencia gubernamental.

@JACrespo1

TE RECOMENDAMOS
Compartir: