Columnas
Foto: Especial
Victorias y derrotas morales
Columnas
Victorias y derrotas morales
AMLO y el salto de fe
03 Sep | 2019
Por: Lev Strozzi
Victorias y derrotas morales
AMLO y el salto de fe
Lev Strozzi por: Lev Strozzi
Sep 03, 2019
Compartir

En los últimos días, han vuelto al vocabulario político algunos términos añejos. En particular, aquello de la victoria o derrota “moral” de alguien.  

Por un lado, Martí Batres declaró que era una “victoria moral” que su partido, Morena, determinara que se debía repetir la selección del candidato de su bancada a presidir el Senado. Fue “moral”, porque en realidad ya había sido derrotado políticamente por su colega Ricardo Monreal, que logró imponer a su candidata – dos veces – para el codiciado cargo.

Poco después, en su “tercer” informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que la oposición estaba “moralmente derrotada”, eso sí, “lo digo con todo respeto”, agregó.

¿De dónde viene esta frase? Por lo pronto, era un recurso cotidiano en el discurso político de Fidel Castro.  El líder cubano siempre declaraba victorias morales sobre los Estados Unidos en las votaciones de la Asamblea de Naciones Unidas, por ejemplo. Esto pasó varias veces, cuando el mundo condenaba el embargo a Cuba y EU simplemente vetaba o ignoraba la sentencia.

Esas victorias morales son, en esencia, un acto de fe: parece que perdimos pero míranos que buenos somos. “Estamos en la superioridad moral”. 

La moral, como acto de fe, es un recurso que se está normalizando peligrosamente en el discurso político nacional. Hoy, más que nunca, hay que creerle al presidente de la República porque él “no miente”, a pesar de que sus dichos sean inverificables o incluso contradictorios con la realidad.

En su informe, el presidente dio múltiples ejemplos de esto.

El huachicoleo. Varias veces el presidente ha asegurado que “prácticamente se terminó” el robo de combustibles. Sin embargo, no hay forma de confirmarlo. Pemex no está vendiendo más gasolina, que debería ser el resultado natural. Y todo el tiempo escuchamos de nuevas tomas clandestinas. 

Cien universidades funcionando. ¿Dónde están? ¿Quién estudia en ellas? ¿Qué estudian? No hay información oficial.

Jóvenes Construyendo Futuro. Dice que son más de 900 mil aprendices. Pero no hay padrón ni forma de asegurarlo. Confiemos, dice.

Lo mismo con las pensiones a adultos mayores. Ha habido muchas quejas de personas que fueron a hacer el trámite – incluso en oficinas de Morena, extrañamente – y no les están pagando. No hay medios para saber si es cierto que se cubre al 94% de este sector, como dice Andrés Manuel.

¿Violaciones a los derechos humanos se acabaron? No está muy claro. Sedena oculta la información respecto a cuántos ciudadanos ha matado, y no se puede confirmar que ya no suceda. Lo que sí sabemos es que la delincuencia ha subido, en particular los homicidios. Y los migrantes difícilmente dirán que se les respetan sus derechos fundamentales.

Se acabó la corrupción. ¿En serio? Fuentes empresariales dicen que sigue igual que siempre. Pero tampoco se puede confirmar.

Esos son solo algunos casos. Todos los días el presidente nos da nueva información, que muchas veces no existe – como sucedió con la famosa carta enviada a España solicitando que se disculpen por la conquista. No hay como localizarla.

Pero la superioridad moral del gobierno nos exige que le creamos.  Al mismo tiempo, se celebra la derrota moral de la oposición. 

La oposición, con todo, sí se ve bastante derrotada. No sé si moralmente, pero sin duda políticamente. Conforme crece la hegemonía de Morena, los partidos se ven desorganizados, débiles, sin propuestas atractivas y, sobre todo, sin los liderazgos necesarios para contrarrestar la fuerza del presidente.

Lo que está claro, es que aún hay un amplio sector de la ciudadanía que sigue confiando y creyendo en el gobierno. Veremos cuánto aguanta la realidad los datos alternativos de nuestra administración.

TE RECOMENDAMOS
Compartir: