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¿Y dónde está el cardenal?
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¿Y dónde está el cardenal?
La ausencia de Carlos Aguiar es notoria
19 Sep | 2019
Por: Emiliano Ruiz Parra
¿Y dónde está el cardenal?
La ausencia de Carlos Aguiar es notoria
Emiliano Ruiz Parra por: Emiliano Ruiz Parra
Sep 19, 2019
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México está más cerca de Dios que nunca antes. El presidente López Obrador cita el evangelio, promueve la espiritualidad y a su partido político lo llamó Morena como la Virgen de Guadalupe. Debería ser el gran momento de la Iglesia católica, y sin embargo, los obispos de la Santa Madre Iglesia están casi desaparecidos del debate público.

La ausencia más notoria es la del cardenal, Carlos Aguiar Retes, arzobispo de la Ciudad de México. El papa Francisco designó a Aguiar Retes en 2017 al frente de la arquidiócesis. El arzobispo dimitente, Norberto Rivera, era una figura desgastada después de 20 años como primado de México. 

Cargaba con el estigma del encubrimiento a sacerdotes pederastas; había sido protegido y aliado de Marcial Maciel, y se le percibía como un obispo más cercano a millonarios como Olegario Vázquez Raña y Carlos Slim que a sus feligreses. En contraste, Aguiar Retes lo tenía todo a su favor: el respaldo del papa Francisco y una arquidiócesis que necesitaba una sacudida.

Pero la estrella de Carlos Aguiar Retes nunca prendió en la Ciudad de México. Como líder de opinión tampoco ha dado color. No es ni aliado ni opositor del gobierno de López Obrador. No representa la voz de la jerarquía católica y los grupos de derecha no voltean a verlo como un referente. 

Su ausencia que no se debe a la novatez: Aguiar Retes es un veterano de las relaciones Iglesia-Estado. Fue secretario y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) entre 2004 y 2012, desde donde trató con Vicente Fox y Felipe Calderón. Entre 1997 y 2017 fue obispo de Texcoco y de Tlalnepantla, en el Estado de México, dos décadas en los que construyó una relación cercana con el gobernador y luego presidente Enrique Peña Nieto.

Paradójicamente esa larga experiencia se tornó en su debilidad. Aguiar Retes era un hombre del PRI. No es que fuera militante, sino que su cultura política, su red de aliados, sus hábitos, eran los hábitos aprendidos en esos años de cercanía con el Grupo Atlacomulco

Para su sorpresa —y la de muchos— el primero de julio de 2018 el país cambió: se derrumbó el bipartidismo PAN-PRI que había regido la alternancia desde 1997, un cambio que ha hecho perder el equilibrio a los actores políticos tradicionales. Desde entonces Aguiar Retes ha carecido de una postura ante el México de Obrador. 

El arzobispo empezó con un gesto de conciliación al invitar a Beatriz Gutiérrez Müller a escribir en el semanario Desde la fe, pero esos gestos se tornaron en reproches al presidente en editoriales más recientes de la misma revista. 

Entre los prelados se cuenta una historia: en 2018, durante su última campaña presidencial, López Obrador se tomó una mañana para desayunar con un obispo, con quien había hecho amistad décadas atrás. 

—Qué lástima que el Papa no te designó a ti arzobispo de México —le dijo el tabasqueño a su anfitrión— y en cambio pusieron a uno cercano a la mafia del poder.

La frase es contundente: según esa anécdota, a Aguiar Retes, en el Palacio Nacional, se le percibe más como un hombre próximo a Peña Nieto que a Jorge Mario Bergoglio. 

Y por eso la paradoja es ahora más acentuada: el gobierno de López Obrador necesita a los hombres de Dios. Los aprecia más que a los intelectuales o a los periodistas. El presidente asume que la inseguridad —por ejemplo— está tanto o más relacionada con la crisis de valores que con la ineficacia del aparato de justicia. 

La Cartilla moral de Alfonso Reyes, su proyecto de Economía moral —el libro que escribe en sus ratos libres—, su llamado a “portarse bien” a los delincuentes, hablan de un hombre que cree sinceramente que promover la buena conducta y los principios cristianos es una de sus tareas como jefe de Estado. A esta época dorada de los mandamientos, sin embargo, la jerarquía católica ha respondido con frialdad y, en el caso de Aguiar Retes, con silencio.

Ese hueco que dejaron los obispos ya lo ocuparon los cristianos evangélicos. López Obrador llegó a la presidencia como candidato del Partido Encuentro Social (además de Morena y el PT), dirigido por líderes evangélicos, y ha estrechado una alianza con Arturo Farela, presidente de la Confraternidad de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice). 

El acto del 8 de junio en Tijuana, “en defensa de la dignidad nacional y en favor de la amistad con EU”, lo mostró: de los cinco oradores dos eran ministros de culto: el padre Alejandro Solalinde, un opositor declarado de la jerarquía católica, y el propio Arturo Farela. 

En el sexenio donde más se habla de Dios desde la presidencia queda la pregunta, ¿y dónde está el cardenal?

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