México
Andrea Murcia/ Reuters
Con uñas y dientes hay que defender nuestro derecho a vivir: mujeres zapatistas
México
Con uñas y dientes hay que defender nuestro derecho a vivir: mujeres zapatistas
Así se vivió el encuentro
01 Ene | 2020
Por: Scarlett Lindero
Muy Cierto
Con uñas y dientes hay que defender nuestro derecho a vivir: mujeres zapatistas
Así se vivió el encuentro
Ene 01, 2020
por: Scarlett Lindero
Muy Cierto
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A la entrada del municipio de Altamirano, en Chiapas, un letrero de madera anuncia que estás pisando terreno zapatista: “Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”. Pero a unos 6.5 kilómetros de ahí, rumbo a la sierra chiapaneca, hay otro que marca un solo territorio: el de las mujeres. “Prohibido entrar hombres”, se lee en una manta amarilla.

A este territorio exclusivo de ellas, custodiado por las zapatistas insurgentas, vinieron unas tres mil 200 mujeres de más de 46 países, y aunque no comparten la misma geografía o idioma, sí están marcadas por la misma violencia: cada día son asesinadas 238 mujeres en todo el mundo.

Foto: Isabel Mateos / Cuartoscuro

Emilia, una niña de nueve años, vino a este encuentro desde Guadalajara porque “quiere tener amigas feministas”, dice entre risas. La pequeña encontró aquí a Esperanza, solo dos años mayor que ella, de origen tzotzil. Juntas juegan a buscar tesoros en la tierra y aunque no se conocían, están aquí porque sus mamás quieren que crezcan sin miedo a ser violadas, violentadas o desaparecidas.

Hemos hecho todo lo posible para que estén contentas y seguras. Sabemos bien que ya hay muy pocos lugares en el mundo en donde podamos estar contentas y seguras”, dice una de las coordinadoras zapatistas en el discurso de inauguración.

Ser mujer y vivir en México es una batalla constante. Parece que no hay un solo lugar seguro: ni en la escuela, ni en el transporte, ni siquiera en nuestra propia casa. Por eso, estar cuatro días (tiempo que dura el encuentro) seguras de que nadie nos acosará sexualmente, nadie nos verá con morbo, nadie nos perseguirá, nadie nos desaparecerá y no correremos el riesgo de ser asesinadas, es una rara sensación a la que cualquiera quisiera acostumbrarse. 

Y justamente ese es el mensaje de las mujeres zapatistas: acostumbrarnos a cuidarnos, a defendernos, para que algún día, podamos acostumbrarnos a sentirnos seguras. “Estamos en una guerra. Ellos por matarnos, nosotras por vivir. Pero vivir sin miedo, vivir libres pues”, dirá la comandanta Amada en el discurso de inauguración.

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Foto: Isabel Mateos/ Cuartoscuro

Ellas se organizan

Esta no es la primera vez que las mujeres zapatistas hacen un encuentro solo para mujeres, en 2007 varias de ellas se reunieron en otra comunidad zapatista para hablar sobre las humillaciones que vivían trabajando en el campo. Apenas el año pasado recibieron a mujeres de todo el mundo, y este 2019 decidieron hablar de la violencia de género.

En esta comunidad zapatista, en la que “el pueblo manda”, no han habido mujeres asesinadas ni desaparecidas en el último año, “sí tenemos algunos casos de violencia contra la mujer y lo estamos viendo de castigar a los responsables, hombres todos ellos”, dice la comandanta Amada.

Las milicianas, las niñas y jóvenes guardianas

Entre todas ellas destacan las más pequeñas: las niñas y jóvenes milicianas (militares activas), un grupo de 400 jóvenes zapatistas, la más joven de ellas tiene 12 años y una de las más grandes 20. 

Las milicianas son hijas de las mujeres zapatistas Visten con pantalón verde, camisa café, paliacate rojo, pasamontañas y gorra verde. Llevan palos y machetes de madera. Ellas –nos dicen– nos van a cuidar durante estos días. Caminan siempre juntas, en grupo, se sientan a vernos y hablan poco.

Foto: Andrea Murcia / Reuters

“Llegamos aquí por voluntad, por las compañeras que quieren hacer este trabajo, el de defender sus tierras, estamos viendo cómo está el tiempo ahorita, hay muchas humillaciones contra nosotras como mujeres, por eso nos estamos organizando”, me dice una de ellas.

Durante la inauguración, las milicianas también marchan al ritmo del famoso tono de la canción 17 años de Los Ángeles Azules y se formaron en forma de caracol en la zona principal del encuentro. Entre todas protegieron a una mujer zapatista que estaba al centro del patio. 

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La organización del encuentro

El día comienza a las seis de la mañana para las mujeres zapatistas. Que cocinan con leña y carbón arroz, frijoles, elotes, café, pan, tamales, y caldos de res. Comidas por las que pagas de 10 y hasta 35 pesos. Hay sólo algunos vasos desechables, aquí cada una trae sus propios cubiertos, pues “hay que cuidar a la tierra como nos cuidamos a nosotras”, nos recuerdan.

Foto: Andrea Murcia/ Reuters

Durante estos días hay talleres de defensa personal, para aprender a cómo responder a un ataque, pero también hay clases de yoga, mesas en donde decenas de ellas platican las distintas violencias que han sufrido, partidos de futbol, bailes y karaokes masivos. “Nos convoca el dolor pero nos une el gozo de seguir vivas”, dice una de ellas.

 Aquí también se reúnen las mamás de jóvenes asesinadas o desaparecidas como Araceli Osorio, madre de Lesvy Berlín, víctima de feminicidio en la UNAM; Irinea Buendía, madre de Mariana Lima Buendía, asesinada en 2010 por su pareja; y Lourdes Arizmendi, madre de Norma Dianey García, desaparecida en Chimalhuacán desde hace casi dos años. “En cada una de ustedes vemos a nuestras hijas”, nos dicen.

En este encuentro también estuvo la cantante chilena Mon Laferte. “¿Es Mon Laferte? ¡Ay, sí está aquí”, dice una de ellas, emocionada. Mon Laferte apareció hace un par de meses en los Latin Grammy con un mensaje en su torso desnudo: En Chile torturan, matan y violan.

Nos siguen matando

Dicen que hay equidad para las mujeres, pero nos siguen asesinando, dicen que ahora las mujeres tienen más voz, pero nos siguen asesinando, dicen que ahora se toma más en cuenta a las mujeres, pero nos siguen asesinando. Luego dicen que tal o cual profesión es la más peligrosa, cuando lo más peligroso ahora en el mundo es ser mujer”, dijo la comandanta Amada en el primer discurso.

Foto: Isabel Mateos/ Cuartoscuro

“Nadie sale de este encuentro siendo la misma”, dice una de las asistentes. Después de vivir en libertad por cuatro días, todas queremos seguir haciéndolo todos los días en nuestras casas, países y lugares, sentirnos apoyadas por la otra, encontrar un abrazo para el dolor y un lugar donde no quepa el miedo ni el peligro.

“Mientras ellos hablan de muerte, nosotras les demostramos que estamos sobreviviendo juntas”, dice la mamá de Lesvy.

Como las milicianas, que desde niñas imaginan un mundo mejor y se autodefienden, el mensaje de las zapatistas es claro: hermana, compañera organízate, fuera del gobierno y de lo individual, sino desde el colectivo y la sororidad entre todas. Porque como dice Araceli, madre de Lesvy: “Si nos tocan a una, nos tocan a todas”.  





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