México
Foto: Cuartoscuro
Ese lugar caótico llamado: UNAM
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Ese lugar caótico llamado: UNAM
Todo cambia, menos la rectoría
16 Nov | 2019
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Muy Cierto
Ese lugar caótico llamado: UNAM
Todo cambia, menos la rectoría
Nov 16, 2019
por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Muy Cierto
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Por medio de un proceso viejo y poco transparente, Enrique Graue fue reelecto el 8 de noviembre como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Graue dirigirá por otros cuatro años más la misma casa de estudios que hoy le estalla en las manos: facultades y preparatorias en paro, el edificio de Rectoría destrozado y cientos de denuncias públicas de casos de violencia contra las mujeres que han llegado hasta el feminicidio. 

Una bomba a punto de estallar

El asesinato en 2017 de la estudiante Lesvy Berlín Osorio en las instalaciones del campus central de CU hizo explotar una olla exprés que llevaba años calentándose, especialmente por dos factores claves:

1) El acoso sexual, la violación y la discriminación contra las mujeres son agresiones que desde hace años corren en silencio por las venas de la universidad. En los últimos dos años, el número de quejas presentadas por violencia de género en la UNAM aumentaron once veces (1,157%), en comparación con la cantidad registrada durante los 13 años anteriores, según datos que Mónica González Contró, abogada general de la Máxima Casa de Estudios, dio a conocer a Animal político

2) Las estudiantes iniciaron, reactivaron o ampliaron procesos organizativos en cada carrera o facultad para denunciar públicamente con nombre y apellido a los agresores, y para exigir a las autoridades universitarias que tomen acciones efectivas en el asunto. 

Ellas, las estudiantes organizadas, han tenido que hacer lo que correspondía a la institución pero que durante mucho tiempo no hizo: recibir denuncias, acompañar a víctimas en denuncias formales, documentar y sistematizar los casos, y evidenciar a los agresores, señaló en entrevista para Cuestione una estudiante de último semestre de Ciencia Política (cuya facultad lleva casi dos semanas en paro) y quien participa activamente en el movimiento estudiantil contra la violencia machista en la UNAM.

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Al mismo tiempo, dijo, ellas sostienen reuniones con las autoridades académicas para señalarles lo que no funciona en sus mecanismos de atención en estos casos.  

Pero a ellas nadie les preguntó 

Desde 1945, la designación del rector la hace la Junta de Gobierno de la Universidad, formada por 15 personas, la gran mayoría elegidas por la Rectoría. La Junta lanza una convocatoria y recibe comentarios (sólo por escrito) del alumnado, personal y cuerpo académico sobre personas que podrían ocupar el cargo.

Después elige algunos nombres y les solicita un proyecto de dirección; quienes lo entregan, obtienen una candidatura oficial y deben comparecer ante la Junta. Gana quien sume al menos 10 de 15 votos totales. Salvo los criterios de nacionalidad, edad y grado académico, las valoraciones para elegir a la persona titular de la Rectoría son a discreción total de quienes integran la Junta.

En las elecciones más recientes ha existido una fórmula que parece seguir tres patrones: ninguna mujer, Directores de la Facultad de Medicina, y -tras concluir su gestión- funcionarios de alto nivel en gobiernos priistas, como documentó Cuestione.

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A pesar de que desde la elección de 2012, docentes y estudiantes se organizaron para exigir democratizar el proceso, en 2019 no sólo no se cambiaron las reglas del juego sino que hasta se eligió al mismo rector para que continúe su gestión hasta 2023. 

Las consecuencias

Este 14 de noviembre, decenas de estudiantes con el rostro cubierto, marcharon hasta el edificio de Rectoría. Ahí rompieron vidrios, quemaron banderas, lanzaron bombas lacrimógenas, y realizaron pintas. 

Una consigna se escuchó muy fuerte: “La UNAM encubre acosadores”.

De acuerdo con la estudiante de Ciencia Política entrevistada por Cuestione, el descontento de la comunidad estudiantil con Graue es que toleró (sin tomar ninguna medida en el asunto) la violencia contra las mujeres hasta que sucedió un feminicidio en las instalaciones de la universidad, pero desde entonces han continuado las agresiones sexuales, los acosos y hasta agresiones físicas contra las activistas feministas, como sucedió el pasado 8 de noviembre en la Facultad de Ingeniería que hoy permanece en paro.

Otra estudiante, pero de la carrera de Biología y que también participa en la organización estudiantil, explicó que si bien durante la primera rectoría de Grau se desarrolló un Protocolo para la atención de acoso sexual y se instaló una Unidad de Género para recibir denuncias, el problema es que persiste una exclusión fuerte contra las mujeres organizadas en la conformación de estos mecanismos y en general en los procesos de toma de decisiones dentro de la UNAM, especialmente el de la rectoría. 

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De acuerdo con ambas estudiantes, el mecanismo por medio del cual se reeligió Grue es “medieval, obsoleto e ineficaz”, además de que deja fuera las propuestas que las estudiantes han empujado para democratizar esta elección, ya sea a través de elecciones, más consultas o referéndums. 

A esto se suma que cuando los movimientos se vuelven mixtos (mujeres y hombres) y cobran más fuerza dentro de la universidad, la violencia contra las mujeres siempre ha sido un tema dejado de lado en la agenda estudiantil, aún cuando ellas forman parte protagónico. 

Para las estudiantes, el gran problema que enfrenta la universidad para resolver con eficacia esta problemática ya no es la falta de mecanismos para la recepción de denuncias, sino la violencia institucional que persiste durante el proceso de acceso a la justicia, ya que -aseguraron- es largo, lento, revictimizante y muy desgastante. 

En esto coincide la investigadora del Instituto de Investigación sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, Gabriela Delgado Ballesteros, experta en Comportamientos de los actores educativos con perspectiva de género. 

Delgado Ballesteros explicó que la Universidad sí ha desarrollado mecanismos pero no logra conseguir que éstas funcionen por la violencia estructural institucionalizada; es decir, una mentalidad cargada de estereotipos, un ejercicio de poder autoritario y una concepción diferente de los derechos de las mujeres que hay entre funcionarios, autoridades universitarias y hasta los sindicatos, quienes ante la falta de denuncias penales defienden a los agresores para evitar que se les castigue.

De acuerdo con la investigadora, durante su primera rectoría, Graue presentó propuestas pero no logró hacerlas funcionar por esa violencia estructural dentro de las propias autoridades, por lo que el paso siguiente debe ser no sólo proponer una materia con perspectiva de género, sino incorporar ese análisis en todos los planes de estudio. 

Sin resultados concretos y con un doble papel por parte de las estudiantes dentro de la universidad, Graue tomará nuevamente protesta como Rector de la Máxima Casa de Estudios y con el voto de confianza agotado por parte de las y los universitarios. 



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