México
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La desigualdad en salud que golpea a México
México
La desigualdad en salud que golpea a México
Uno de los retos más complicados del país
31 Ene | 2020
Por: Andrei Vasquez
Muy Cierto
La desigualdad en salud que golpea a México
Uno de los retos más complicados del país
Ene 31, 2020
por: Andrei Vasquez
Muy Cierto
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México es un país desigual en extremo, donde algunas pocas personas luchan por estar entre las 200 personas más adineradas del mundo mientras que 52.4 millones viven en condición de pobreza, según el Consejo Nacional de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Y uno de los rostros más crudos de esta desigualdad la encontramos en la salud

A pesar de que el país cuenta con hospitales de primer nivel con tecnología médica de punta, estos están ubicados en las principales zonas urbanas del país y la mitad de ellos solo son accesibles para 3.2 millones de mexicanos afiliados al sector privado según el Informe sobre Salud de los Mexicanos 2016, lo cual representa apenas al 2.5% de la población.

México es un país desigual en extremo, donde algunas pocas personas luchan por estar entre las 200 personas más adineradas del mundo mientras que 52.4 millones viven en condición de pobreza, según el Consejo Nacional de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Y uno de los rostros más crudos de esta desigualdad la encontramos en la salud

A pesar de que el país cuenta con hospitales de primer nivel con tecnología médica de punta, estos están ubicados en las principales zonas urbanas del país y la mitad de ellos solo son accesibles para 3.2 millones de mexicanos afiliados al sector privado según el Informe sobre Salud de los Mexicanos 2016, lo cual representa apenas al 2.5% de la población.

Esto significa que más del 90% de la población está excluida de esta calidad sanitaria de élite, sin tomar en cuenta, además, la trágica cifra de más de 20 millones sin acceso a la salud.

Otro número que refleja esta desigualdad es que en 2014 dos de cada tres hospitales eran privados. Es decir, los pacientes del sector público, que son la gran mayoría, esperan lugar en 1 de cada 3 hospitales del país.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que está demostrado que los factores sociales determinan la salud de las personas. Lo cual quiere decir que “cuanto más bajo es el nivel socioeconómico de una persona, mayor es el riesgo de mala salud”. Sin embargo, esta desigualdad tiene “un importante costo social y económico tanto para las personas como para las sociedades”.

Tecnología de punta

Si seguimos revisando el Informe sobre la salud de los mexicanos, al menos en 2016, se contabilizaron más de 3,000 hospitales con equipo médico de alta tecnología (EMAT) en el país. Es decir, equipamiento de alto costo que necesita instalaciones especiales, de acceso restringido y que es utilizado solo por especialistas. 

Este equipo es clasificado en 12 categorías: “acelerador lineal, braquiterapia automática (radioterapia interna), unidad de radioterapia con cobalto 60, mastógrafos analógicos y digitales, tomógrafo computado, resonancia magnética, angiógrafo, litotriptor extracorpóreo, microscopio de neurocirugía, neuronavegador, tomografía por emisión de positrones (Pet-Ct) y gammacámara”.

En 2016, cada uno de los estados del país contaba con al menos un EMAT pero no todos contaban con las 12 categorías de EMAT, según el informe “en Chihuahua y Tlaxcala solamente tienen cuatro de las 12 categorías. En contraste, los únicos estados que registraron tener por lo menos una unidad de cada tipo fueron la Ciudad de México y Sonora, con un total de 641 y 86 equipos en total, respectivamente”.

El sector privado tenía la mayoría de mastógrafos y tomógrafos, con 40% y 52% del total en el territorio. De hecho, con excepción de los equipos de braquiterapia y Cobalto-60, el sector privado poseía la mayor parte de los EMAT, a los cuales tuvo acceso solo el 2.5% de la población.

Por otro lado, entre 2005 y 2014, “el número de quirófanos aumentó de 7,440 a 8,908, es decir, se crearon cerca de 163 salas nuevas cada año”. Esto suena a que cada vez más mexicanos tuvieron acceso a este equipo tecnológico, pero más de la mitad pertenecían al sector privado. Es decir, a los 3.2 millones de sus afiliados, por lo tanto “se puede hablar de una subutilización de estas salas, lo que posiblemente eleva los costos de utilización”.

Según el Ranking Web de Hospitales, dos hospitales mexicanos están entre los 10 mejores de América Latina, el Grupo Médica Sur (5) y el Hospital San José Tec de Monterrey (9). De hecho el Grupo Médica Sur rankea como el número 145 del mundo. Ambos del sector privado. 

Sin embargo, la gran mayoría de los mexicanos no puede acceder a estos servicios, sobre todo quienes viven en zonas rurales.

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El otro México

Mientras la Ciudad de México cuenta con zonas de hospitales, hay personas en Chiapas que caminan durante 12 horas por la selva para llegar al Hospital San Carlos en Altamirano, la única opción para habitantes de pueblos tzetzal, tzotzil y ch’ol.

Peor aún, mientras hay más de 300 hospitales abandonados, unos padres caminan dos horas para llevar a su bebé de ocho meses con neumonía a una clínica en San Cristóbal de las Casas y en la sala de urgencias les dicen que solo lo podrán internar hasta que se muera otro paciente y desocupe la cama.

Esta desigualdad se traduce en cifras como las de muerte materna del Primer Informe sobre Desigualdades en Salud en México, donde la tasa promedio del país indica 21.91 muertes por cada 100 mil nacidos vivos, pero en los municipios con mayor concentración de pobreza la tasa es de 43.3 muertes por cada 100 mil nacidos vivos.     

En el mismo informe vemos que, en términos de mortalidad general, “la probabilidad de muerte es claramente mayor en los municipios con mayor concentración de pobreza”, para ser más específicos, una diferencia de 60% respecto al promedio en el país.

Además de que la salud es un derecho humano fundamental y el estado debe garantizarlo, también es un obstáculo para el desarrollo de un país. 

De acuerdo con la OMS, en la Unión Europea se calcula que la desigualdad sanitaria provoca pérdidas equivalentes al 1.4% de su Producto Interno Bruto (PIB), más o menos lo mismo que gastan en defensa (1.6% del PIB). 

Volviendo a México, se ha comprobado que el gasto de bolsillo en enfermedades crónicas puede condicionar a una familia a caer en pobreza, por ejemplo, si una familia promedio tuviera que pagar el total del tratamiento de diabetes, tendría que endeudarse o vender su patrimonio.  

El gasto de bolsillo es “la proporción del gasto que las familias destinan a través de gastos directos, a solventar los distintos requerimientos de la atención de la salud, una vez satisfechas sus necesidades alimentarias”. 

Según el Instituto Mexicano de Competitividad  este gasto en salud que hacen directamente las personas, significa un costo alto para el país, pues “los recursos que las familias destinan para este fin pudieron haberse usado para alcanzar un mayor nivel de estudios o aumentar su patrimonio”. 

Lo cual significa también un impacto para la economía nacional, “donde los hogares afectados tienen un gasto de bolsillo del 20% por enfermedades crónicas, las pérdidas de ingreso podrían alcanzar el 1% del PIB (...) más de 302 mil millones como mínimo en 2030, lo que equivale a 7.3 veces el presupuesto de la UNAM”.

Como publicamos en Cuestione, entre menos dinero tiene un hogar, mayor es el porcentaje del ingreso que gasta en salud.

Sin embargo, fuera de los costos que tiene para el país y para todos esta desigualdad, hablamos de seres humanos que merecen acceso a las mejores oportunidades de salud sin importar las condiciones en las que nacieron. 



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