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También se acordaron de los que ya casi se nos van… porque acabó su ciclo, claro.
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Las leyendas de las jacarandas
El árbol brasileño que nos trajo un japonés
18 Mar | 2019
Por: Karina Espinoza
Muy Cierto
Las leyendas de las jacarandas
El árbol brasileño que nos trajo un japonés
Mar 18, 2019
por: Karina Espinoza
Muy Cierto
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Desde finales de febrero, de las ramas de las jacarandas se asoman brotes de color violeta. ¡Ahí viene marzo y la primavera!, anuncian los árboles que probablemente sean los más fotografiados de la Ciudad de México.

Existen varias teorías de la llegada de las jacarandas brasileñas a México, y aunque distintas, todas convergen en el japonés Tatsugoro Matsumoto, un famoso jardinero que trabajó para el gobierno peruano, y en el Castillo de Chapultepec para Porfirio Díaz y Carmen Romero Rubio, al final del mandato de Díaz en México.

La primera es que llegaron a las calles del centro de la Ciudad de México entre 1920 y 1924, cuando Matsumoto pidió permiso para plantarlas al entonces presidente Álvaro Obregón y este se lo concedió, pues sabía que Matsumoto ya tenía varios años cultivándola en su invernadero, de la céntrica colonia Roma, en la capital mexicana.

La segunda historia señala a Miguel Ángel de Quevedo, ingeniero jalisciense y fundador de la Sociedad Forestal Mexicana que promovió la formación de pequeños bosques, quien experimentó con las primeras jacarandas en algunos lugares del estado de Veracruz y en los Viveros de Coyoacán a principios de 1901. Incluso, se dice que fue el mismo de Quevedo quien mandó a plantar las jacarandas más viejas de la Ciudad de México.

La tercera y última versión sobre las jacarandas en México, asegura que en 1932, el entonces presidente, Pascual Ortiz Rubio, después de haber visitado la ciudad de Washington y visto el florecimiento de los cerezos que el alcalde de Tokio les había regalado, le pidió al gobierno japonés que le donara algunos cerezos para ponerlos en las avenidas principales de la capital mexicana como muestra de amistad entre los pueblos.

Ante la petición del presidente Ortiz Rubio, el Ministerio del Exterior de Japón le pidió a Tatsugoro Matsumoto —quien ya tenía más de una década de residencia en México— que les dijera si era posible que los cerezos se adaptaran y florecieran en la ciudad.

Entonces, Matsumoto explicó que los cerezos no florecerían pues las condiciones climáticas no eran las adecuadas. Así, en lugar de cerezos, Matsumoto sugirió plantar un árbol cuyas flores fueran igual de bonitas y que también crecerían en primavera: la jacaranda.

La versión más reproducida es esta última, aunque hay registros de que fue como jardinero de Porfirio Díaz, en 1900, que Matsumoto comenzó con la experimentación y cultivo de distintas plantas del sur de América en tierras mexicanas.



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