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Cuestione | Violencia, salarios bajos, incertidumbre... así dan clases nuestras maestras
México
Violencia, salarios bajos, incertidumbre... así dan clases nuestras maestras
Testimonios desde la vocación
15 May | 2019
Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Muy Cierto
Violencia, salarios bajos, incertidumbre... así dan clases nuestras maestras
Testimonios desde la vocación
May 15, 2019
por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa
Muy Cierto
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Irresponsabilidad de instituciones y familias, ausentismo escolar, violencia e inseguridad en los planteles, salarios insuficientes, inestabilidad laboral, falta de infraestructura e incertidumbre sobre la política educativa en México, son algunos de los retos que enfrentan al menos un millón 500 mil personas que trabajan como docentes en este país.

Son, al menos, seis mujeres por cada cuatro hombres, con estudios de licenciatura, 81% que trabajan en instituciones públicas, sólo siete de cada 100 que hablan y enseñan en alguna lengua indígena, trabajan mínimo seis horas diarias (sin contar la planeación que realizan en casa) y que ganan -por cada hora de clase- menos de 72 pesos, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) del 2015.

¿Qué significa ser maestra en México? Ellas nos cuentan:

Aideé Martínez es maestra de cuarto de primaria en una escuela pública en la Ciudad de México. Para ella, el principal reto en su trabajo es el ausentismo en las aulas, y la falta de compromiso de las familias y de las instituciones de gobierno para educar.

“Yo le pregunto a los niños, ¿por qué no viniste? Y ellos sólo se quedan callados... Cito a los papás una o dos veces, pero no puedo hacer más porque no se compromenten. Mi labor es que sus hijos aprendan, trabajen, pero no puedo hacer nada si no vienen”, reflexiona.

A esto se suma que ni las familias ni las instituciones educativas aportan recursos suficientes para los que se requieren. Ella saca de su sueldo para comprar la cartulina de la niña que no llevó el material y hasta el plumón para el pizarrón de clases.

Esto, a pesar de que ganan en promedio tres salarios mínimos y que trabajan en sus casas con su propia computadora, internet, luz y otros recursos que nadie les paga, pues su talón de sueldo incluye 200 pesos para los materiales didácticos… de todo el año.

Ya ni hablar del mobiliario: “Cuando yo llegué a esa escuela (hace tres años) me dio mucha tristeza... (había) puertas maltratadas, bancas rotas, escritorios en malas condiciones, piso levantado, y lámparas y lockers descompuestos”, relató. Su escuela se dañó durante el sismo de 2017. Las maestras -con ayuda de unas mamás- reunieron PET para pagar reparaciones.

Aideé criticó que la Reforma Educativa pasada estipulara “autonomía curricular” para exigir a cada escuela que busque sus propios recursos para mejorar las instalaciones, y que se distribuya el dinero entre los planteles sin considerar cada contexto.

Y explicó que las y los niños llegan a cuarto de primaria con muchas carencias educativas, por lo que antes de implementar el plan de estudios que le toca, tiene que preparar clases para compensar las deficiencias de los niveles anteriores.

Además, sus alumnos viven en colonias conflictivas o ven violencia en la televisión y sus hogares, así que también busca estrategias para desmontar prácticas violentas y sexistas que aprenden en otros ámbitos.

Por ello, dijo, una nueva Reforma requiere más recursos de enseñanza y que se permita al profesorado decidir qué necesita su grupo. “En lugar de pensar en las exigencias del mundo global, primero deberían preguntarse qué es lo que este país necesita”, expresó la docente.

Pese a esto, Aideé Martínez continuará su labor porque: “mis alumnos logran que elija ser mi mejor versión, una mejor persona, al menos el poco tiempo que estamos en la escuela. Como maestras a veces se nos olvida que para algunas o algunos, la escuela es lo único que tienen”.

Esto no es exclusivo de la educación pública…

Este 2019, Silvia Espinosa cumple 34 años como maestra de inglés en una escuela privada del Estado de México. Da clases en primaria. Además de formar en el aprendizaje de otro idioma, cuenta historias, hace juegos y escucha los problemas de sus alumnas y alumnos.

Para Silvia, la docencia ha cambiado mucho en los años recientes, pero coincide con Aideé que el principal reto es que la infancia está “abandonada emocionalmente”, ya que toda la familia sale a trabajar y deja la responsabilidad de los cuidados a abuelas y maestras.

Lejos de hacerse cargo, las autoridades educativas -señaló- les exigen que involucren cada vez menos a la familia en los problemas de desempeño y conducta que presenta la infancia, y que ellas resuelvan. Por ejemplo, en su escuela, los hábitos, la integración, la limpieza y otros valores ya forman parte de la evaluación.

Mientras, ella observa que las Reformas Educativas no ayudan en nada, ya que en este momento “la política educativa está muy inestable y muy poco definida, sin que las autoridades sepan qué quieren para el futuro de México en todos los niveles educativos y sin centrarse en las necesidades del país y de los docentes”, afirmó.

Aún así, Silvia admite: “No me veo fuera del aula. Creo en el amor, la dedicación el apapacho y lo académico que yo le doy a los niños (...) no lo puedo cambiar por nada”.

Estos retos también están en las universidades.

Monserrat Pérez, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que la falta de higiene, infraestructura, mobiliario y de recursos tecnológicos les impide dar clases de manera óptima... en la mejor universidad de Latinoamerica.

A eso, dijo, se suma la inseguridad: “¿Cómo hacemos como profesoras para trasladarnos de un lugar a otro y mantener los grupos seguros en el contexto de violencia? Sabemos que las autoridades no cumplen ni garantizan la seguridad de nadie en las aulas”, reflexionó.

Todo esto, con salarios inferiores a los cinco mil pesos mensuales, por lo que las y los docentes tienen hasta cinco empleos. Además, los contratos temporales que les da la universidad no garantizan su estabilidad laboral y les impide acceder a su derecho a la vivienda, por ejemplo.

A esta maestra, como a las cientos de profesoras que no son de planta en la UNAM, se les paga por hora de clases, lo que invisibiliza la investigación, planeación y actualización que se hace fuera de ese horario. “No hay un respeto al trabajo en las aulas”, enfatizó Pérez.

Desde su punto de vista, la educación en el nivel superior debe cambiar de enfoque para que las personas se puedan liberar a través de ella y no se instruyan sólo para el servicio de las instituciones, de las empresas y del sistema neoliberal y patriarcal. En ese mismo sentido, “se debe sumar la dignificación del trabajo de las y los profesores”.   

Entre todo, Monserrat considera que hay más apertura dentro de la Universidad para pronunciarse en contra de situaciones sociales y plantear posturas políticas, por ejemplo desde el feminismo, además de mayor organización de las maestras ante situaciones injustas.

¿La docencia, una profesión feminizada?

Sí, en términos generales porque hay 62% de maestras y 38% de profesores. Esto tiene que ver con que la educación y los cuidados de la infancia son percibidos, en nuestra sociedad, como un mandato o rol que deben cumplir las mujeres.

Pero no es así en todos los niveles educativos. En 2015, las maestras fueron mayoría en la educación básica (donde se emplean 75% de la docencia), mientras que en los niveles medio superior y superior, se registró el doble de docentes masculinos que de maestras.

Y en su día, ¿qué pasó?

El 15 de mayo, 17 entidades del país aprobaron la Reforma Educativa, que impulsó la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador, por lo que debe promulgarse este mismo día.



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