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AMLO no combate la pobreza, la utiliza
Ese no puede ser el México que queremos
27 Jun | 2020
Por: Andrés Pascoe Rippey
Muy Cierto
AMLO no combate la pobreza, la utiliza
Ese no puede ser el México que queremos
Jun 27, 2020
por: Andrés Pascoe Rippey
Muy Cierto
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¿Qué es lo que queremos lograr respecto a la pobreza en México? ¿La queremos erradicar o la queremos administrar? Desde siempre este problema ha existido en nuestro país, sin que ningún gobierno logre, o quiera, atacarlo de fondo. Pero este es el primer gobierno que quiere hacer algo distinto: quiere convertir la pobreza en algo romántico.

En la cultura mexicana, la pobreza es un tema constante. Desde la época del cine de oro mexicano, hasta las interpretaciones artísticas de lo que es ser pobre en nuestro país, hemos dotado a la pobreza de un aura digna y casi mágica: somos pobres, pero honrados. Y hay algo de misticismo, hasta dignificante, en esa pobreza.

Después vendría el neoliberalismo y la ambición capitalista de enriquecernos. El materialismo creció junto con las pretensiones económicas, y así surgió toda una clase social aspiracional. El exhibicionismo dinerista y la arrogancia de clase se instalaron poderosas en nuestra cultura.

Ambos fenómenos son culturalmente criticables. Por supuesto, no hay nada indigno en la pobreza, sobre todo en un país en el que la mitad de la población padece esa realidad. Pero sí es muy legítimo querer superar esa pobreza y prosperar como persona y como comunidad. 

Al mismo tiempo, los excesos de las clases acomodadas no podían más que ofender al resto de la sociedad, que luchaban por cubrir sus gastos mínimos. Presumir riqueza, que no siempre tiene un origen honesto, no deja de ser un acto de prepotencia.

Y aquí es donde nos topamos con la gran contradicción de las políticas, y los discursos, de nuestro gobierno. Ganó abrumadoramente al grito de “Primero los pobres”, y ha hecho de las políticas asistencialistas el eje central de su gobierno. Que quede claro: no es que las becas o las entregas de dinero estén mal por sí mismas. 

Pero el problema que estamos enfrentando es que estas políticas no están diseñadas ni para el desarrollo ni para la superación de la pobreza. Están diseñadas para administrar a la gente más vulnerable.

No son políticas con perspectiva de género ni están pensadas para gatillar el progreso económico. Están construidas para mantener a la población flotando arriba de la extrema pobreza, haciendo que su vida dependa de la voluntad presidencial.

México está a punto de entrar en su peor crisis económica en décadas, si no está ya en ella. Y no es solo por el COVID-19: desde hace 18 meses perdemos confianza de inversionistas, invertimos en proyectos irresponsables y nos gastamos todos nuestros ahorros. Llegamos a esta pandemia sin red de protección.

“Los que menos tienen” son el centro del discurso presidencial. “El bienestar” es una aspiración que se menciona cada vez que es posible. Pero al mismo tiempo, el presidente que declaró el fin del neoliberalismo está aplicando políticas profundamente neoliberales. 

Lo son porque el ataque y golpeteo a las instituciones autónomas y reguladoras es justo a lo que aspiran los impulsores del neoliberalismo. Crear políticas asistencialistas y clientelistas no acaba con la pobreza de forma estructural, simplemente la administra.

De igual forma, instancias como aquellas que luchan contra la discriminación, protegen a los niños y defienden los derechos humanos eran logros anti neoliberales, que daban herramientas a los más vulnerables y trataban de evitar los abusos.

Podemos decir que muchas de esas instituciones pudieron hacer más. Sin duda. Pero para eso necesitan un marco legal más sólido y más recursos, no ser abatidas por el presidente. Es neoliberal reducir al Estado a su mínima expresión, hacerlo subsidiario en lugar de detonador del desarrollo, y quitarle herramientas a la sociedad para que se defienda de los poderosos.

En el discurso del presidente López Obrador, la idea de que la pobreza es digna y la prosperidad corrupta es central. Por sus políticas públicas y su manejo de la economía, podemos ver que no busca un país que supere la pobreza sino que la viva con resignación. 

Pero ese no puede ser el México que queremos. Queremos un país sin desesperanza aprendida, con una fuerte convicción de progreso. Un país más igualitario en todos los sentidos. Lograrlo tomará tiempo, pero no es imposible. Sin embargo, por el rumbo que vamos, esa prosperidad está cada día más lejos.





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