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Elena: el ángel de las escaleras del WTC
¿Por qué ayudar a un niño que no conoce?
07 Feb | 2019
Por: Scarlett Lindero
Muy Cierto
Elena: el ángel de las escaleras del WTC
¿Por qué ayudar a un niño que no conoce?
Feb 07, 2019
por: Scarlett Lindero
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Muy Cierto
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Elena Rodríguez, una comerciante de 47 años y Brandon, un niño de origen mixteco de ocho, se volvieron famosos en minutos. Una foto de los dos haciendo la tarea de noche y en las escaleras de una de las entradas del World Trade Center fue compartida más de 101 mil veces en Facebook y tuvo más de dos mil comentarios.

Pero Elena ni se enteró. No tiene Facebook. Eso sí, desde hace cuatro años va todas las tardes a la colonia Nápoles, de la Ciudad de México, para ver a Brandon y ayudarle con su tarea, darle algo de cenar y, también, divertirse juntos. Lo conoció cuando el pequeño tenía apenas tres años y aún no hablaba castellano, sólo mixteco, su lengua materna.

Brandon y Lucy, su mamá, viajan todos los días desde Valle de Chalco en transporte público -un trayecto que les lleva tres horas- a las escaleras del World Trade Center para vender dulces a los transeúntes de la zona y a los cientos de oficinistas que trabajan dentro.

Antes de conocer a Elena, Brandon sólo acompañaba a su mamá al trabajo. Ahora va todos los días con ella y desde ahí hace su tarea, llega con mochila y cuadernos en mano, a esperar a que llegue Elena, a las seis de la tarde.

Elena vende plata a los oficinistas, y hace cuatro años se acercó a Brandon por primera vez, “lo vi todo chiquito, chapeadito, y me dio mucha ternura”, recuerda. Desde entonces ha dedicado todas sus tardes a él, le enseñó a hablar castellano y convenció a Lucy de inscribirlo a la escuela.

“Principalmente la ayuda es emocional porque nos nutrimos mutuamente, yo aprendo mucho de él, trato de ser como su tía, lo ayudó en las cosas de la escuela”, dice Elena.

Alumno estrella

Ahora con ocho años de edad Brandon es un alumno estrella: lleva 9.5 de promedio. Pero lograrlo no ha sido sencillo; se levanta todos los días a las seis de la mañana para ir a la primaria y regresa a su casa hasta las 11:30. Y así todos los días.

“Lo importante es que no digamos no tenemos tiempo para otra personita, ya sea un niño, un viejito o hasta con los animales… Siempre hay tiempo. Lo que a mí me gustaría es que muchas personas hicieran esta labor que yo hago en cualquier lugar, desde la esquina de su casa, en la panadería”, dice Elena.

¿Estarías dispuesto a compartir un rato de tu día por ayudar a alguien más?



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