Llegó la hora del Congreso

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Según el poeta estadounidense John Godfrey Saxe, las leyes son como las salchichas: dejan de inspirar respeto cuando se sabe cómo se hacen. El problema, en el caso de las leyes mexicanas, es aún más grave: no solo porque el proceso de elaboración de las leyes es poco vistoso, sino porque además hay una serie de pendientes legislativos que impiden que podamos disfrutar de libertades y ejercer derechos como la interrupción del embarazo o el uso de sustancias como la cannabis.

El 1 de septiembre se instaló un nuevo Congreso de la Unión. Los y las nuevas legisladoras del Senado y la Cámara de Diputados tomaron protesta y juraron cumplir la Constitución y las leyes. Desde los primeros días de trabajo, arrancaron con discusiones intensas entre las que sobresalieron los cambios a la Ley de Juicio Político, una de las tareas que tenían rezagadas. 

A esta nueva legislatura le dejaron una serie de pendientes, algunos que vienen incluso desde 2014. Según Dulce María Sauri, quien fue presidenta de la Mesa Directiva de los Diputados, tan solo en esa Cámara dejaron 46 obligaciones sin concluir, de las cuales 41 ya tienen plazos vencidos. 

Entre los asuntos más relevantes que no han sido resueltos está la regulación de la cannabis. Este pendiente ya parece una burla, pues el Congreso ha pedido cuatro prórrogas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para cumplir con su obligación de legislar sobre el uso recreativo de la marihuana, algo que la Corte le exigió desde noviembre de 2018. 

Después de que en el primer semestre de este año parecía que por fin tendríamos un marco normativo que permitiera a las y los mexicanos cultivar y usar esta sustancia, la Cámara de Diputados hizo cambios a la iniciativa que se había aprobado en el Senado por lo que la reforma quedó congelada y será una de las tareas de la nueva legislatura retomarla.

Otro pendiente de la nueva legislatura es el tema de la interrupción legal del embarazo. Con la llegada del gobierno de López Obrador parecía que se legislaría sobre la despenalización del aborto pues Olga Sánchez Cordero, quien fue su primera secretaria de Gobernación, prometió desde 2018 que hacerlo sería parte de la estrategia de pacificación del país. 

Sin embargo, tres años después, de las 25 iniciativas sobre el tema ninguna ha sido discutida en el pleno. El tema ha avanzado a cuentagotas en la República y hace dos meses Veracruz fue apenas el cuarto estado en despenalizar el aborto. Pese a ello, a nivel federal será tarea de las y los nuevos legisladores hacer algo para descongelar el tema y garantizar el cumplimiento de este derecho de las mujeres.

Y el problema es que mientras nuestros representantes en el Congreso se encuentran con una mesa ya servida con platos que se les están echando a perder, van llegando nuevos platillos  que también tendrán que comerse. 

El presidente López Obrador ha insistido en tres reformas: una en materia energética para fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad, otra electoral que cambiaría a los consejeros del INE y a los magistrados del Tribunal Electoral y desaparecería a parte de los diputados y senadores plurinominales, y la tercera para poner a la Guardia Nacional dentro de la estructura de la Secretaría de la Defensa. 

Sin embargo, las reformas del presidente tienen al menos tres problemas: uno es que las Cámaras estarán ocupadas discutiendo la Ley de Ingresos y los diputados tendrán que aprobar el presupuesto, un asunto que les tomará una buena parte de su tiempo al menos hasta el 15 de noviembre, cuando vence el plazo para votarlo.

El segundo problema es que son reformas constitucionales y por tanto tendrían que ser aprobadas por dos terceras partes de los legisladores de ambas Cámaras y por los congresos de los estados. Y Morena y sus aliados -el Partido del Trabajo y el Verde- solo cuentan con 278 de los 334 votos que requieren en la Cámara de Diputados y con 78 de los 85 que requieren en el Senado. 

Lo anterior significa que para pasar sus reformas, el presidente tendrá que negociar. Algo que, se ha visto, no es su principal fortaleza política. 

El tercer problema es que la reforma energética que está planteando el Ejecutivo parece un capricho ideológico y va a contracorriente de lo que sucede en el mundo, donde los países están apostando por energías alternativas para satisfacer la demanda de electricidad. Algo similar sucede con la reforma electoral, sobre todo en sus intentos por quitar a los consejeros del Tribunal Electoral y el INE, lo que parece surgir más del odio del presidente a estas personas que de una necesidad democrática real.

Por todas estas razones esta semana en Cuestione estaremos explorando lo que ha hecho y ha dejado de hacer el Congreso en México y cuáles serán los temas más importantes que tendrá que resolver en los próximos meses. 

Y porque para avanzar en el disfrute de nuestras libertades y derechos requerimos leyes que los garanticen y legisladores a los que no les tiemble la mano a la hora de hacer leyes modernas que nos dejen gozarlos en paz.

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