Cuba y la muerte de la utopía latinoamericana

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Las manifestaciones de estos días en Cuba muestran con gran crudeza una verdad que parece contundente: la utopía latinoamericana murió. Es más, parece haber muerto desde hace mucho tiempo y, sin embargo, se sigue conservando como una idea romántica en la mente de algunas personas que aún ven en aquella isla un gobierno revolucionario y comunista.

Lo que estas manifestaciones muestran de manera irrebatible  es que más de sesenta años después de la victoria de la revolución, una gran parte del pueblo cubano está harto de no poder ejercer la libertad de elegir a sus dirigentes, viajar a otros países o hacer los negocios que se les ocurran.

Lo que empezó hace una semana como una manifestación para exigir que terminen los largos periodos sin energía eléctrica, que se vacunara a la gente y que se termine con el racionamiento de comida y medicinas, se transformó rápidamente en una expresión contra el gobierno. Con gritos como “patria y vida”, “libertad” y “abajo la dictadura”, miles de personas salieron a las calles en distintas ciudades de Cuba a protestar contra el gobierno.

Los manifestantes usaron las redes sociales para organizar las protestas. Todo empezó cuando utilizaron Facebook Live, al que en Cuba llaman “La directa” para mostrar las manifestaciones en San Antonio de los Baños, una ciudad a 26 kilómetros de La Habana y donde ocurrió la primera protesta. 

Las personas que lo vieron en Facebook se animaron a salir a las calles en otros lugares del país y así se empezaron las manifestaciones masivas del domingo 11 de julio. 

La respuesta del gobierno no tardó en llegar: desde el primer momento, el presidente Miguel Díaz-Canel también salió a la calle a decir que a pesar de que había “personas con insatisfacciones legítimas por la situación que están viviendo, y también revolucionarios confundidos”, también había “oportunistas, contrarrevolucionarios y mercenarios pagados por el Gobierno de EU para armar este tipo de manifestaciones”.

Amenazó que no permitiría provocaciones, lo que se ha visto en los cientos de personas arrestadas e incluso algunos que han sido asesinados durante los días de protesta. 

Además, el mismo domingo 11 el gobierno impuso un corte masivo de internet, con lo que parece haberle cortado el oxígeno a los manifestantes, creando confusión y falta de organización. 

Los bloqueos de internet son una acción cada vez más usada por los gobiernos ante manifestaciones. Tan solo en 2018, la organización Access Now, que se dedica a defender los derechos en internet, contabilizó 196 apagones en 25 países.

Tras una semana de protestas, los cubanos empiezan a mostrar que no importa el título que se le ponga a un régimen y la discusión sobre su forma de gobierno, lo que realmente importa es lo que sucede con la libertad y la salud de la gente, con sus posibilidades de comprar comida o ponerse una vacuna, hacer un negocio o viajar a otro país.

Y esto, como lo saben bien los cubanos que siguen viviendo en la isla, ha estado restringido durante años por un gobierno que ante cualquier adversidad dice que todo es culpa del bloqueo económico que impuso desde hace décadas Estados Unidos y que impide a Cuba hacer negocios con el resto del mundo. 

Lo cierto es que la idea de que Cuba es un país igualitario va quedando cada vez más en el olvido cuando es el propio pueblo cubano el que se manifiesta contra su gobierno. Es un sistema económico y de gobierno que no funciona para que la población viva mejor. No funcionó en Cuba como tampoco ha funcionado en ninguno de los países donde se ha intentado implementar.

Los cubanos parecen estar cansados de no tener libertad política, una cuestión básica que distingue a las democracias de las dictaduras y que termina definiendo cómo se ejercen otras libertades como las económicas o las de movilidad. En Cuba hoy las personas no tienen acceso a muchos medicamentos y los alimentos están racionados para la gran mayoría de la población.

Y aunque lentos, los cambios parecen estar empezando. Es un avance importante que hayan podido ocurrir manifestaciones masivas hace una semana. Y el gobierno tendrá que escucharlas y atender sus demandas. 

Por eso esta semana en Cuestione estaremos hablando sobre lo trascendental que es para una nación que un pueblo se movilice y ejerza la autodeterminación, es decir, que decida cómo quiere ser gobernado y cuándo pone un fin a una forma de gobierno que ya no le funciona.

Al final, como hemos visto en otros lugares, tomar las calles es una forma de transformar la realidad y echar abajo viejos mitos, como aquel de la utopía latinoamericana que buscaba una revolución igualitaria y que acabó depositando el poder y el dinero en unos pocos.

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