El terrible costo de la impunidad

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La corrupción y la impunidad han sido parte de la cultura política de México a través de su historia. A pesar de que en cada campaña electoral los candidatos en turno se llenan la boca con promesas de que terminarán con la corrupción, cada tanto vuelve a suceder un accidente que nos recuerda que cuando la clase política se roba el dinero público, la ciudadanía sufre.

La tragedia ocurrida la semana pasada en la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México es el último de estos sucesos. Y aunque aún no se sabe exactamente quién o quiénes fueron los responsables de lo que pasó, lo que sí sabemos es que hubo personas que decidieron embolsarse dinero público en lugar de gastarlo en construir una obra de calidad o darle buen mantenimiento.

De esas decisiones está plagada la historia de nuestro país. Hay casos recientes como el socavón del paso exprés en Cuernavaca, Morelos. En julio de 2017, apenas tres meses después de que fuera inaugurado este tramo carretero vimos la tragedia. Dos personas, padre e hijo, perdieron la vida cuando cayeron en un hoyo de doce metros de diámetro que se formó porque no se construyó correctamente una alcantarilla.

También hay ejemplos un poco más antiguos, como lo que sucedió en el temblor de 1985. En aquella ocasión, trece hospitales públicos, la mayoría pertenecientes al IMSS y al ISSSTE, quedaron total o parcialmente destruidos, lo cual causó que cientos de personas murieran y muchas más resultaran heridas.

Y esos son solo algunos de los casos en los que la relación entre corrupción y tragedia es directa. Hay muchísimos otros ejemplos de actos de corrupción (sobreprecios, materiales de baja calidad, trabajos que se cobran dos o más veces) que, aunque no causen muertes directamente, sí terminan afectando la vida de las personas porque disminuyen la cantidad de recursos que se pueden invertir en medicinas, camas de hospital y muchos otros insumos que podrían mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Pese a todo el sufrimiento y las muertes que causa la corrupción y las decenas de instituciones que hemos creado para erradicarla, sigue ahí y parece irse incrementando año con año. 

Porque parecería que no estamos poniendo la debida atención a otro factor sin el cual la corrupción no podría existir, o al menos no de la manera en que lo hace en nuestro país: la impunidad. 

Cuando los funcionarios que decidieron robar dinero que estaba destinado a obras públicas o prefirieron mirar para otro lado en lugar de denunciar no son castigados, estamos ante un acto de impunidad. 

Cuando las empresas que construyeron una obra con un costo mucho mayor al que fue presupuestado no son sancionadas y, por el contrario, vuelven a ser contratadas para otro proyecto del gobierno, lo que estamos viendo es un acto de impunidad. 

Cuando vemos a políticos que estuvieron acusados por actos de corrupción que vuelven a estar en las boletas electorales como si no hubiera pasado nada, estamos ante actos de impunidad.

Y cuando no se castiga a los responsables de actos de corrupción que cuestan vidas, el problema de impunidad se vuelve estructural.

 Sin embargo, seguimos sufriendo, cada sexenio, de los costos de no hacer nada. De no castigar a los culpables de usar mal nuestro dinero, el dinero que todos pagamos en impuestos y que tendría que servir para mejorar la calidad de vida de todos con obras públicas de calidad.

Aunque la corrupción no es exclusiva de México, pues todos los países la sufren y los políticos corruptos no son un producto nacional, lo que sí es diferente en nuestro país, es el nivel de impunidad.

No importa lo que suceda, parece que nunca pasa nada: vemos pasar hospitales mal construidos que se caen en los temblores, socavones y deslaves en carreteras. Pero ahora la caída de una estructura elevada del Metro le costó la vida a 26 personas y nadie parece tener la culpa. 

Vivimos en un país donde parece que nunca se castiga a nadie, al menos no a quienes son responsables de actos de corrupción en obras públicas. Y es por eso que esta semana en Cuestione estaremos hablando de todo lo que nos cuesta vivir en un sistema donde la impunidad es tal que no hay motivación para cumplir con la ley. 

Porque no tendríamos que permitir que los gobernantes y los empresarios de la construcción se sigan enriqueciendo a costa del sufrimiento de las personas. Y porque parar el ciclo de la corrupción y la impunidad depende de que seamos una sociedad informada y demandante. 

El gobierno actual tiene la oportunidad de romper, por fin, con ese ciclo que parece interminable de impunidad-corrupción. Donde todos los demás fallaron, quizá esta vez y en memoria de las víctimas de la tragedia del Metro, se logre justicia y que alguien pague por sus actos de corrupción para que se empiece a terminar la impunidad.

Otros títulos: Las y los candidatos “impresentables” para la elección 2021

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