Un año de pandemia, ¿qué hemos aprendido?

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Hace un año llevábamos apenas mes y medio con la nueva variante del coronavirus SARS-CoV-2 instalada en nuestro país. Más allá de sentimentalismos, a favor o en contra de la 4T,  y sin caer en lo anecdótico, la situación amerita un análisis frío de los errores y aciertos cometidos a lo largo de estos meses.

Hace un año, llevábamos un mes en confinamiento. Y los números eran raquíticos, comparados con los de la actualidad: 4,661 casos confirmados y 296 personas habían fallecido. 

En ese entonces, el gobierno anunció un acuerdo con hospitales privados para atender con tarifas preferenciales a enfermos de la COVID-19 en sus instalaciones; los gobernadores de Querétaro e Hidalgo se habían contagiado, lo mismo que el primer ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson

El presidente esperaba que se pudiera terminar la cuarentena “con todas las medidas” hacia el 10 de mayo. Y el doctor Hugo López-Gatell informaba que la tercera fase de la pandemia se acercaba a pasos agigantados. Era esa etapa en la que ya no se podrían rastrear los contagios, nos dijo. 

Hace un año la fuerza del presidente era moral, no de contagio. Nos venía como anillo al dedo la epidemia y no era necesario usar cubrebocas. Con sana distancia y confinamiento saldríamos adelante.

El mundo, sin embargo, ya estaba en crisis. Los contagios en Estados Unidos y Europa se acumulaban por decenas de miles. Los muertos se contaban en millares. El famoso doctor Fauci, el encargado de la lucha contra la pandemia en EU, se peleaba un día sí y otro también con el entonces presidente Donald Trump. 

Brasil ya era el desastre que sigue siendo en el manejo de la pandemia. En Europa, algunos países comenzaban a salir de sus respectivos confinamientos sin saber que volverían una y otra vez a encerrarse a lo largo del año. 

En México, los turistas abarrotaban Acapulco.

La realidad es que nada sabíamos, hace apenas un año, del nuevo coronavirus.

Pensábamos que se transmitía por contacto directo con superficies infectadas. Hoy sabemos que nos contagiamos por vía aérea.

Aunque varios ya lo usábamos, muchas autoridades, incluida la OMS, no veían en el cubrebocas el escudo esencial que hoy sabemos que representan las mascarillas.

Eran los tiempos en que el dióxido de cloro se recomendaba en la oficina oval de la Casa Blanca y no había en el horizonte, ni lejos, la posibilidad de acceder a una vacuna contra el nuevo coronavirus. 

En un año, todo cambió. 

No solo la vida cotidiana. No solo la economía del mundo. No solo, incluso, los polos de poder mundial.

Desde que comenzó la propagación del virus, en Wuhan, China, en aquel ya lejano diciembre de 2019, se han infectado más de 133 millones de personas. Han muerto casi tres millones. 

Estados Unidos, el país que más vacunas ha aplicado, tiene también los récords de infección y muertes a nivel mundial. En el número de personas infectadas reportadas por los gobiernos le siguen Brasil, India, Rusia y Francia. México aparece en un lejano lugar 14, detrás de países como Alemania, España, Turquía o Argentina. 

Pero en mortalidad la cosa cambia: por números totales, Estados Unidos también encabeza la lista. Le siguen Brasil, México, India y Reino Unido. 

Y eso que, justamente EU, Brasil, India y Reino Unido se encuentran en el Top 5 de países que más vacunas han aplicado. 

La realidad es que nadie, salvo unos pocos países, supo cómo enfrentar el reto tremendo que representaba la pandemia del nuevo coronavirus.

Son pocas las naciones que han logrado detener las caídas económicas que provocaron los distintos confinamientos y, aún menos, los que ya se recuperan.

Fueron muchos gobiernos los que, amedrentados por el coronavirus, decidieron cerrar sus países… y colapsaron las economías de sus naciones y del mundo. Empresas cerraron, cientos de miles de empleos se perdieron, millones de personas cayeron en pobreza y el virus siguió avanzando.

Hay muchas lecciones que aprender de esta tragedia global. Y los retos no terminan. Las nuevas variantes de la COVID-19 impiden echar las campanas al vuelo y festejar que ya se esté vacunando a las personas en diferentes lugares del mundo. La desigual distribución de las dosis también debería preocuparnos. 

Con todo y eso. O quizás, a pesar de ello, México –gracias a la buena gestión del secretario de Relaciones Exteriores– ha logrado hacerse de millones de dosis. Pese al acaparamiento de vacunas, la vacunación en nuestro país avanza, en algunas entidades mejor que en otras ya que, como se sabe, López-Gatell decidió esconder la cabeza en la tierra y pasarle su propia responsabilidad a los estados. Quizás fue mejor.

No importa que un país avance más que otros en vacunar a su ciudadanía. Mientras no hayamos logrado vacunar al 70 u 80% de las personas del mundo, la pandemia no habrá sido derrotada. Y aún así, deberemos de seguir guardando precauciones.

Todo parece indicar que, entonces, el uso generalizado de cubrebocas llegó para quedarse, lo mismo que el distanciamiento social. Al menos por un buen tiempo.

¿Pero qué otras lecciones nos dejó este año? Es momento de hacer un alto en el camino y analizarlas. 

No podemos seguir cometiendo errores catastróficos, como el confinamiento de niñas y niños que ha condenado a toda una generación a detener su formación no solo académico, sino social. El impacto de esta medida en la infancia es aún desconocido, pero dramático. Todo porque, se dijo al principio, las y los niños eran una fuente importante de contagio. Y no era cierto.

Debemos repensarnos como sociedad y decidir qué camino tomar para superar la pandemia y retomar el rumbo hacia una normalidad sin miedo.

Las mujeres violentadas en sus casas, niñas y niños encerrados con violadores y agresores, personas de la tercera edad que viven su vejez en aislamiento… todas y todos nos lo merecemos.

Por eso es que, esta semana, revisaremos lo que hemos avanzado, aprendido y mejorado en este año de pandemia. Y también, los retos por venir. 

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