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Rechazo a la nueva Constitución en Chile deja a Gabriel Boric en una encrucijada

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El 4 de septiembre fue un día crucial en la historia política de Chile: la ciudadanía salió a participar en un plebiscito que definiría si finalmente se enterraba la Carta Magna del dictador Augusto Pinochet o si se rechazaba la propuesta de la Convención Constituyente.

La respuesta fue contundente: el 62% de la población votó por rechazar la nueva Constitución y sólo el 38% por aprobarla. Con esto el país queda en una compleja situación política, ya que el gobierno y el Congreso tendrán que definir cuál será el camino para reponer el proceso constituyente o de plano abandonarlo. 

Apenas se supo del resultado, el presidente Gabriel Boric convocó a los partidos políticos para analizar las posibilidades de avanzar. Solo aquellos que están cerca de su gobierno o coalición aceptaron el llamado, ya que la derecha declinó participar.

En su primer discurso tras conocer los resultados, Boric dijo que “hoy ha hablado el pueblo de Chile y lo ha hecho de manera fuerte y clara. Nos ha entregado dos mensajes: el primero, es que quiere y valora a su democracia, que confía en ella para superar las diferencias y avanzar”.

“El segundo mensaje del pueblo chileno es que no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención le presentó a Chile y por ende ha decidido rechazarla de manera clara en las urnas”, agregó.

Las claves de la nueva Carta Magna

La nueva Constitución fue elaborada por una Convención Constituyente en la que la ciudadanía eligió a sus representantes. Este proceso fue el resultado de un plebiscito “de entrada” en que un 78% de la población votó a favor de construir una nueva Carta Magna tras el estallido social de octubre de 2019.

La nueva Constitución incluía 388 artículos – una de las más extensas de América Latina – y ampliaba de forma significativa los derechos sociales y los programas de bienestar, así como las obligaciones con el medio ambiente por parte del gobierno y las empresas.

Dos temas fueron clave en el debate: la ampliación de los derechos reproductivos de las mujeres y el reconocimiento de los pueblos indígenas. Este último punto, en opinión del periodista chileno Mauricio Weibel, fue crucial para el rechazo.

En entrevista, explicó que “la plurinacionalidad fue un tema que jamás prendió en la sociedad chilena, que es bastante monocultural; es una sociedad donde solo el 8% se considera indígena, y por tanto el otro 92% está totalmente en contra de cualquier tipo de reconocimiento a los pueblos originarios”.

Weibel agrega que “esa terminó siendo una de las banderas más importantes de quienes apoyaban el rechazo”. 

Rodrigo Larraín, un sociólogo de la Universidad de Central de Chile, dijo que quienes redactaron la nueva Constitución no entendieron el contexto social del país, en que prevalece una gran inflación, alta percepción de inseguridad pública y dificultades económicas. 

“Una señora de población (barrio de clase baja) dice que necesita todos los días salir a buscar pega (trabajo), por lo tanto, no tiene tiempo de estudiar el patriarcado. Sufren el machismo brutal, no el machismo teorizado. Todo se teoriza. Los temas sociales eran más potentes: las personas que querían remedios (medicinas) a precio justo, que no querían una pensión de hambre”, dijo en entrevista con El Mostrador.

Junto con otros analistas, considera que la propuesta era demasiado “ecologista y feminista” para conectar con el gran electorado.

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Campaña estilo Brexit

“Fue una tremenda campaña contraria a la propuesta constitucional que es posible en Chile porque hay una gran concentración de los medios, y también por un gobierno que estuvo muy a la defensiva desde que asumió”, explica Weibel.  

Agregó que fue “una campaña de desinformación y de fake news absurdas; había y hay personas que aún creen que la Constitución iba a permitir que les quitaran sus casas, que era algo ridículo. Eso puede ser igual que lo que fue en el Brexit o lo que fue la campaña de la elección de Trump, donde hubo gente que asaltó el capitolio porque creían que había un fraude”.

Además, explica el periodista, esto “abre un gran debate, no sólo sobre los medios, sino muy específicamente sobre las redes sociales digitales, que justamente permiten este tipo de operaciones de psicología política que terminan dañando a la democracia”. 

En ese mismo sentido, un grupo de senadores de Estados Unidos envió una carta a los directores de Facebook, Twitter y TikTok denunciando una “campaña de desinformación” en esas redes en el proceso del plebiscito. 

Los senadores les llamaron a “actuar con urgencia para combatir las campañas corruptas de desinformación que socavan un proceso justo y democrático”.

Otra de las razones que según especialistas podrían explicar el resultado fue la decisión de hacer que el voto fuera obligatorio. En el plebiscito “de entrada” el voto fue voluntario y participaron poco más del 52% de las personas registradas; en el “de salida” fue obligatorio y participó un 85% del electorado.

Weibel comenta que “eso hizo subir el voto hasta 13,000,000 y por tanto votó una gran cantidad de personas que jamás habían sufragado, que jamás habían participado en política”. En su opinión, gran cantidad de personas votó por el rechazo porque habían creído las fake news o estaban protestando contra el gobierno – que siempre fue cercano al apruebo – o simplemente porque no querían ir a votar.

El gobierno se queda sin hoja de ruta

El gobierno del presidente Gabriel Boric queda en una compleja situación. Si bien el mandatario fue siempre cauto de respetar la veda electoral, es claro que todo su sector político estaba abiertamente a favor de la nueva Constitución.

Así, analistas han leído el rechazo como un voto de castigo a su gestión, que ahora se ha quedado sin su mayor objetivo: promulgar y poner en marcha la nueva Carta Magna. 

Weibel explica que el desafío es “cómo se va a elegir a los que redacten esa nueva Constitución. Eso es lo que está en este momento en juego. Básicamente es una situación que está por resolverse. Esto debe darse lo más pronto posible, pero claramente no vamos a tener una constitución nueva antes de un año y medio o dos”.

Agrega que “hoy día celebran los sectores conservadores que habían perdido la iniciativa en los últimos tres, cuatro años y estaban arrinconados. Quizás el golpe es para los sectores más progresistas. Porque la iniciativa política la tiene en la oposición y al gobierno se le ha acabado la posibilidad de desarrollar su programa de gobierno. Va a tener que dedicarse los próximos años sola y exclusivamente a negociar la nueva Constitución. Y eso es muy complejo”.

Por su parte, el presidente de Revolución Democrática – un partido que es parte de la coalición gobernante -, Juan Ignacio Latorre, dijo que “tenemos el desafío de escuchar en profundidad la magnitud de cómo se expresó el pueblo en las urnas. Y por otro lado, mantener la convicción de que el Gobierno continúa y continúa con su programa de reformas”.

La primer acción del gobierno ha sido rearmar su gabinete, a fin de atraer figuras más centristas a los cargos clave, como el Ministerio de Interior, equivalente a la Secretaría de Gobernación.

El origen del plebiscito

Cómo documentamos en Cuestione, el movimiento social que forzó al gobierno del entonces presidente Sebastián Piñera a negociar con el Congreso un plebiscito para llamar a una nueva constitución fue un parteaguas político en esa nación. 

Todo comenzó por algo muy simple: un aumento en el precio del transporte público. Pero las pequeñas protestas fueron reprimidas violentamente por el gobierno de derecha, y pronto escalaron.

En cuestión de pocas semanas, la demanda de bajar el precio del transporte público había sido superada por exigencias de mejores pensiones, salud pública de calidad, educación gratuita y todo un abanico de derechos que en Chile no han estado garantizados.

La extrema violencia de la policía militarizada – que usó balas de goma y dejó a unas 400 personas con daño ocular permanente, entre muchas otras agresiones – solo sirvió para fomentar la molestia social.

El único camino fue convocar al plebiscito por una nueva Constitución. Al final, sin embargo, se ha frustrado, ante la decepción de los millones que votaron por una nueva Carta Magna, y la tranquilidad de otros millones que la rechazaron. 

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