¿Sigues desinfectando el súper? Se derriban mitos sobre el contagio de la COVID-19

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A María Soledad Abadía le gusta el orden y la limpieza pero cuando comenzó la pandemia por la COVID-19 hace 16 meses, la palabra desinfección se convirtió en una obsesión. Un tapete desinfectante en la entrada, gel antibacterial para las manos, líquidos para limpiar superficies, toallas especiales para el supermercado. 

El departamento que renta la diseñadora gráfica en la Ciudad de México huele a desinfectante, todo está clasificado en su lugar, no hay un solo plato sucio en la cocina. 

Pero el tour de limpieza y la obsesión de Soledad por la desinfección, podría estar por terminar. La semana pasada un estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Estados Unidos, señaló que el riesgo de contraer coronavirus por tocar superficies contaminadas es inferior a uno entre 10,000. 

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“Por fin”, dijo Linsey Marr, experta en virus de transmisión aérea que trabaja en Virginia Tech. “Lo sabemos desde hace mucho tiempo y, sin embargo, la gente sigue centrándose mucho en la limpieza de las superficies”. Agregó: “En realidad no hay pruebas de que alguien se haya contagiado de COVID-19 por tocar una superficie contaminada”.

En febrero del 2020 cuando la COVID-19 comenzó a propagarse en México, María Soledad compró veinte trapos y muchas esponjas. También incrementó la compra de Clorox como si fuera a limpiar cinco baños a la semana aunque solo tiene uno. “Un trapo para los muebles, otro para los vidrios, uno diferente para la cocina, una esponja para la taza del baño, otra para lavar los platos, un trapo para la puerta de entrada”, se confiesa la entrevistada con Cuestione

Al mismo tiempo que María Soledad desinfectaba hasta la suela de los zapatos en la Ciudad de México el año pasado, en Estados Unidos muchos especialistas, entre ellos la propia CDC, advertían del peligro que representaban las superficies en la transmisión de la COVID-19. 

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Se dijo también que el virus podría sobrevivir durante días en el plástico y en el acero inoxidable y si luego las personas se tocaban los ojos, la nariz y la boca, podían contagiarse. 

Hoy el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos, publicó los nuevos lineamientos de limpieza de superficies y ya no es necesario desinfectar el supermercado y el contagio de coronavirus a través de las superficies aunque no se descarta del todo, se reduce su riesgo considerablemente.

“De todas maneras yo tengo una obsesión por la limpieza y eso no va a cambiar” insiste María Soledad al leer los nuevos lineamientos de las dependencias estadounidenses. 

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La diseñadora está segura que nunca más volverá a comprar tantos trapos ni esponjas porque todavía conserva un par desde que arrancó la pandemia pero eso sí, se resiste a quitar el tapete desinfectante de la puerta de la entrada. 

Derrumbando mitos frente al contagio

La doctora Ana Rosas reconoce que la COVID-19 le hizo creer al mundo que “nos podríamos contaminar por tocar cualquier objeto”. La médica que actualmente se desempeña en la Subdirección de beneficios corporativos en la empresa Salud Interactiva, reconoce que aunque el contagio por tocar superficies es menor, sí ocurre por no lavarse las manos o no usar el cubrebocas.

“Salgamos ya de la obsesión de la limpieza del súper, podemos hacer nuestra higiene en casa como siempre la hemos hecho, lavando nuestras frutas y verduras, la desinfección común, pero ya no de una manera obsesiva”, reconoce la doctora.

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¿Y los tapetes sanitizantes sirven o ya no?

“No. Entramos en una obsesión, porque nosotros no sabíamos por dónde llegaba el coronavirus pero está demostrado que los tapetes servirán una o dos veces, pero si sigue entrando gente a la casa o a tu negocio, de poco sirve”, dice la doctora Rosas.

Además de la desinfección del supermercado, hubo gente que también desinfectó sus automóviles de forma desenfrenada. Antonio Reyes por ejemplo, llevó la camioneta a lavar y desinfectar dos veces por semana y comenzó a lavar las llantas regresando del trabajo todos los días. 

Para la doctora Ana Rosas, al igual que la limpieza común de los hogares, tampoco se debe exagerar ni obsesionarse con la desinfección de los autos. 

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“Imagínate cuántos autos hay en una ciudad como la nuestra, que andan de aquí para allá en terracerías, en pavimento o en empedrado. Es una exageración lavar las llantas más de lo acostumbrado porque no hay ningún argumento válido y ninguna aportación científica que sustente que la COVID-19 se transmite por la suciedad de llantas”, explica la doctora.

“Si eso hubiera sucedido, toda la industria que hace llantas ya estaría trabajando para que el virus quede inerte”, agrega la médica en entrevista para Cuestione.

Al igual que los tapetes sanitizantes, las barreras de plástico que se hicieron comunes en bares, restaurantes y oficinas, dan una sensación de aparente seguridad pero realmente hacen poco para detener la propagación del coronavirus. 

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Los escudos de plástico o polietileno, no son recomendados por científicos que estudian los aerosoles, el flujo del aire y la ventilación, se lee en distintos medios de comunicación.

Se ha invertido dinero en paredes plásticas para separar a las personas pero hay dos estudios también de los Estados Unidos que demuestran que ellas impiden el flujo de la ventilación, que sí es vital en tiempos de pandemia. 

El primer estudio realizado fue elaborado por investigadores de Massachusetts y reveló que los separadores de paredes laterales y frontales impedían el flujo del aire. El segundo estudio lo desarrollaron escuelas de Georgia y descubrieron que las barreras en los pupitres escolares, tenían poco efecto sobre la propagación del coronavirus. 

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Para la doctora Ana Rosas es importante no bajar la guardia frente al coronavirus, incluso después de estar vacunados. Si bien es cierto que las superficies y las llantas no es necesario limpiarlas más de lo habitual, sí es importante recordar que los contagios ocurren principalmente por la boca, la nariz y los ojos.

La médica que ha acompañado a algunas maestras de sus hijos contagiadas por la COVID-19, hace hincapié en el lavado de manos para romper la cadena de contagios. 

Para la doctora Rosas, sí podemos romper la cadena de contagios con el lavado de manos y el uso del cubrebocas pero “ya sabemos que limpiando una lata no vamos a evitar contagio”.  

Qué sí hacer para evitar el contagio

Para la comunidad científica y de salud, la primera medida preventiva contra la COVID-19 es la vacunación. La vacuna contra el coronavirus protege contra el riesgo de contraer de forma grave la enfermedad, la hospitalización y la muerte. 

Lavarse las manos es tan importante como la vacuna. Hoy se sabe que el agua y el jabón durante 20 minutos, puede ayudar a detener la cadena de transmisión del virus así como el lavado con desinfectantes con al menos 60% de alcohol. 

Vale la pena señalar que la higiene de manos debe realizarse antes de comer, después de usar el baño, después de limpiar la casa, después de tocar a las mascotas, antes y después de cuidar enfermos, al volver a casa.

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De igual forma, es prioritario el uso del cubrebocas. Hoy se sabe que la mayoría de los contagios de coronavirus se realizan al estornudar y al hablar porque en este ejercicio las partículas de la saliva viajan con facilidad y con ellas el virus. De ahí que las mascarillas o cubrebocas son vitales para que esto no ocurra.

Investigadores de la Universidad de Duke, crearon un aparato óptico para medir la capacidad de bloquear las gotas respiratorias que contagian de coronavirus y contarlas mediante un algoritmo matemático. 

Los especialistas demostraron que los mejores cubrebocas son los N95, sin válvulas, de grado hospitalario así como las mascarillas de polipropileno. Han transcurrido 17 meses desde que la COVID-19 se instaló en el mundo. Mucho se ha aprendido respecto a la higiene y la limpieza para prevenir su contagio. Hoy sabemos que para romper la cadena de contagios, sobran la desinfección de superficies, la excesiva limpieza del súper y los tapetes sanitizantes.

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